TYËNKËLÉRÖ

 

Hace muchísimos años, en un poblado bubi había una pareja que sólo tenía una hija. Era una joven muy guapa y la pretendían los jóvenes del poblado, pero ella no aceptaba a ninguno, lo cual preocupaba a sus padres.  No sabían qué hacer ante tal situación, así que al final le dejaron hacer lo que ella quisiera. Y de esta manera fue pasando el tiempo.

Un día, estando ante la ventana de su habitación, vio pasar a un joven que le gustó mucho; y pensó: “Éste es el hombre que siempre soñé tener”.  Salió a la calle. Siguió al joven hasta alcanzarlo. Habló con él y lo invitó a su casa. Le presentó a sus padres y les dijo: “Éste es el hombre de mi vida”. Sus padres aceptaron el deseo de su hija, aunque les resultara preocupante aceptar la relación de su única hija con una persona desconocida. Desde aquel día el joven se quedó a vivir con su novia.

La chica tenía un perrito llamado Tyënkëlérö, que llevaba con ella a todas partes. Un día el novio le dijo a la chica: “Allá abajo, donde me dirigía el día que nos conocimos, hay un río que tiene una gran balsa en la que suelo bañarme. Te invito a ir a bañarnos en una de sus balsas”. La chica se lo dijo a sus padres y se despidió de ellos. Llamó a su perrito y se dirigieron al río. Fueron bajando, bajando, bajando hasta llegar a un bosque denso. Se metieron en él. En su interior vadeaba un río. Tenía una balsa muy grande y bonita, como una gran piscina. El joven dijo a la chica: “Ésta es la balsa a la cual me refería, bañémonos”.

El novio se quitó la ropa y se lanzó al estanque de agua. La chica hizo lo mismo. El perrito se sentó en la orilla del río. Después de un rato, la novia vio que el chico se había transformado en un “dragón” (lwébbá). El dragón quería tragarse a la joven, que al verlo gritó desesperadamente:

¡Aaaaaiiiiiiiiiiii, e Tyénkëlérö, e Tyénkëlérö, e Tyénkëlérö!

Vete a decirles a mi padre y a mi madre que el dragón se me ha tragado.

El perrito, que veía cómo el dragón se quería tragar a su dueña, se fue corriendo el poblado dando ladridos de alarma. Al llegar a casa, sus ladridos sorprendieron a la pareja, pero no entendieron el mensaje del perro. Al ver que no le hacían caso, volvió corriendo y ladrando al río. Vio que el dragón no había logrado tragarse a su dueña, porque la chica se había colgado en una cuerda a unos diez centímetros de la boca del dragón. La chica volvió a cantar:

¡Aaaaaiiiiiiiiiiii,  e Tyénkëlérö, e Tyénkëlérö, e Tyénkëlérö!

Vete a decirles a mi padre y a mi madre que el dragón se me ha tragado.

El perrito hizo su segundo trayecto al poblado ladrando más fuerte que la vez anterior. Esta vez tampoco se le hizo caso. Volvió al río, y advirtió que su ama estaba casi a cinco centímetros de la boca del dragón. Ella, al ver a su perrito, lloró desesperada por tercera vez.

Tyénkëlérö volvió a casa. Esta vez la madre dijo a su marido: “Parece que ocurre algo. Ésta es la tercera vez que viene el perro ladrando y sin la niña, vete a ver qué pasa”. El hombre acompañó al perro hasta el río y vio a su hija pendida de una cuerda ante la boca del dragón. Al ver al padre, el dragón removió el agua de la balsa para impedir que el hombre pudiera entrar en el río. Pero él se lanzó al agua, y logró alejar a la niña del peligro y sacarla del agua. Estaba temblando de frío y de miedo. Fueron al poblado. El padre contó la historia a su mujer. Ambos la declararon culpable de su propia desgracia, por no haber querido aceptar a tantos jóvenes que la habían querido.

Esta experiencia hizo que la joven aceptara al primer pretendiente de su poblado que la quiso. Lo aceptó sin titubeos, para que no se repitiera aquel drama.

De este cuento se extraen las enseñanzas contenidas en los siguientes refranes bubis:

-É öpie eloá wëla ba, é bëtya koppá.

-Aquello que tarda en el mar llama al tiburón.

-Si algo permanece largo tiempo en el mar acabará atrayendo al tiburón.

-A veces no es bueno ser demasiado exigente.

Ötyé ótyi òé na ëta po bula bötyö.

-En el mundo no hay nada que pueda salvar a una persona.

-Cualquier ser u objeto puede salvarnos la vida.

-El perro y una simple cuerda salvaron la vida de la protagonista del cuento.

 

 

Gentileza de  “Cultura Oral” publicado por CEIBA Ediciones (Barcelona 2012) 

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