El monumental fracaso económico del Fundador

Opiniones y reflexiones

Por Fernando Abaga Edjang

Los economistas no suelen ser buenos comunicadores. Supongo que es por la naturaleza de nuestra profesión. Es mucho más fácil escribir para otros economistas que para el público en general. Y esto se hace incluso más difícil en un país como el nuestro, donde un dictador, con la complicidad de sus aduladores, está dispuesto a masacrar la economía nacional de la misma manera que masacra vidas humanas. Porque lo que está haciendo el Fundador con nuestra economía es un crimen tan grave como los asesinatos que está cometiendo. En ausencia de una visión clara y de unos objetivos bien definidos y de una gestión que tenga como propósito la consecución de dichos objetivos, nuestra economía está puesta en piloto automático. Y las futuras generaciones estarán pagando por las aberraciones que está cometiendo el Fundador, cuyo impacto en la economía nacional es desastroso. A raíz de una reflexión que publiqué en mi muro de Facebook, un ilustre ciudadano de la República de Guinea Ecuatorial, Justo Bolekia, me dio la siguiente “Orden de la Superioridad”: “Fernando, di a todos los guineoecuatorianos cómo nos va a afectar (y nos afecta ya) esta situación…” Esta nota es en cumplimiento de esa “Orden de la Superioridad”.

Antes de aterrizar en el presente y en el futuro, veamos el punto de partida, o sea de donde hemos salido. Cuando se inicia la producción de petróleo en Guinea Ecuatorial en 1991-1992, la renta per cápita era de unos 300 dólares y se estimaba que alrededor de un 60% de la población vivía en la pobreza. Obviamente, Guinea Ecuatorial era un país pobre, el típico País Menos Avanzado (PMA). Con la llegada del petróleo, la renta per cápita empezó a subir, hasta alcanzarla friolera cifra de 24.000 dólares, según algunas fuentes, o sea un verdadero salto olímpico. Sin embargo, paradójicamente, la población que vive en la pobreza, en vez de bajar, también subió a un 77%, lo que pone de relieve una profunda desigual distribución de la riqueza nacional. Este es uno de los grandes milagros del petróleo guineano: a más riqueza, más pobreza. Sin necesidad de entrar en detalles, que todos conocemos, está claro que el petróleo llegó a Guinea Ecuatorial con la fuerza de un Tsunami: nada quedó indemne, ni siquiera el aire que respiramos. Y de ahí surge la pregunta: si termina el petróleo, ¿qué pasaría con nosotros?

Un principio básico en matemáticas: el punto más alto de una curva también marca el inicio de su caída. Aplicado al petróleo guineano, el punto más alto en la producción se alcanzó en 2008-2009. Es partir de ese momento en que la producción de petróleo también empezó a bajar. Nada complicado: se conocen las reservas y, tomando la producción anual, se estima fácilmente lo que queda y para cuanto tiempo. Ya hice ese ejercicio, que publiqué hace unos años. Según las estimaciones del FMI, ahora solo quedan 734 millones de barriles y para 2020, solo quedarán 251 millones de barriles, es decir una caída de 65% en solo seis años y para 2030, solo quedarán unos 60 millones de barriles, es decir una caída de 76% en solo diez años. Prácticamente, nuestros pozos estarán ya secos. Y como la presión de los pozos baja con este bajón en las reservas, obviamente, la producción tiene que bajar. En una economía en que el petróleo representa la principal fuente de actividad económica y de los ingresos públicos, esta caída en la producción solo puede ser catastrófica. Y para rematar, todas las proyecciones de los precios de petróleo en el futuro apuntan a la baja. O sea, seremos castigados, tanto por la contracción en la producción como por la proyectada caída en los precios del petróleo. Los ingresos públicos acusarán una contracción brutal, que ya se ha iniciado.

Según datos del FMI, la producción nacional ya ha iniciado su caída en el abismo como consecuencia de la contracción en la producción de petróleo, de la que depende. En términos simples, la tasa de crecimiento económico ya es negativa y se proyecta que se mantendrá en esa dinámica en el futuro, a excepción de unos cuantos años debido a factores puramente aleatorios. Independientemente de las múltiples consecuencias de este desenlace, lo primero que podemos resaltar es su impacto en la vida de las personas, a través de la caída en la renta per cápita. Y para ello, tomemos la tasa de crecimiento demográfico, de alrededor de 2.8% por año en una economía que podría estar contrayéndose en más de 4% al año y tenemos una contracción de la renta per cápita de casi 7% por año. Con la desigual distribución de la riqueza nacional, está claro que el aumento de la pobreza es inevitable hasta alcanzar niveles insoportables incluso para los guineanos que lo aguantan todo. En pocos años, a esta tasa de contracción de la renta per cápita, estaremos otra vez donde estábamos cuando llegó el petróleo.

Como vengo diciendo desde hace años, la nueva situación exige una drástica reducción en los gastos públicos en sintonía con la reducción en los ingresos públicos, como consecuencia de la contracción en la producción de petróleo. Y esto pasa por un estudio minucioso de la lista de proyectos que el régimen tiene en su Programa de Inversiones Públicas (PIP), establecer una nueva jerarquización, eliminando los “elefantes blancos” y obras faraónicas que no aportan nada al bienestar del pueblo y que solo sirven para sostener la menguante legitimidad internacional del Fundador. Pero, el Fundador se niega a ello, agregando a nuestra maldición. Estamos viendo que el coste de esos proyectos asciende a más de un 80% del gasto público, excediendo incluso lo que aparece en el Presupuesto General del Estado y que aprueba su propio “parlamento”. Y como lo he dicho también, la única forma que el Fundador puede mantener este tren de gastos es: a) recurriendo a las reservas externas, hasta agotarlos tal como van las cosas, b) endeudando gravemente el país, y c) retrasando el pago a las empresas de construcción, y aumentando la deuda interna, lo que parece estar ocurriendo ya. Siempre según datos del FMI, las reservas solo alcanzan para financia 8 meses de importaciones, lo cual es consistente con el profundo déficit que se empieza a observar en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

No hace mucho, Guinea Ecuatorial tenia incluso el mayor nivel de reservas externas (divisas) que todos los países de CEMAC juntos. En este 2014, las reservas externas de Guinea Ecuatorial han bajado drásticamente a unos 6.000 millones de dólares, el nivel más bajo en los últimos años y se espera que sigan bajando, pudiendo alcanzar unos 5.000 millones de dólares, lo que solo llega para financiar 8 meses de importaciones. Y lo más preocupante es que solo una pequeña fracción de estas reservas está depositadas en el BEAC, el resto está en cuentas bancarias misteriosas donde estos recursos del Estado están exclusivamente a disposición del Fundador, haciendo de el uno de los hombres más ricos del mundo. Habrá que trabajar estrechamente con organismos internacionales, como el FMI, para localizar este dinero cuando desaparezca el Fundador si es que queda algo antes de su desaparición. En caso contrario se puede perder.

En cuanto a la deuda externa, el Fundador ya dijo, justificando el crédito chino de 2.000 millones que: “donde me dan, ahí voy”, cuando en realidad se trata de un crédito en condiciones comerciales. ¿Sera que no entiende la diferencia entre una “donación” y un “préstamo”? Nuestro país terminó el año 2012 debiendo unos 1.419 millones de dólares. Guinea Ecuatorial nunca estuvo endeudada como lo está ahora. A una población de unos 700.000 habitantes, esto arroja un endeudamiento por persona de más de 2.000 dólares. Si tomamos la desigual distribución de la riqueza nacional, donde un 77% de la población vive con menos de 1.25 dólares al día, estamos hablando de una población cuyo futuro está hipotecado. Hay que resaltar que solo el 3% de los gastos de cápital (las llamadas infraestructuras) solo alcanzan el 3% y los gastos asociados a la administración pública, es decir los salarios y los gastos de funcionamiento son escasamente de un 20%. En efecto, se está viendo con tristeza que el servicio de la deuda externa, que ya era insignificante, está volviendo a subir rápidamente, hasta alcanzar el 3.3% de las exportaciones y el 14.7% de los ingresos públicos en 2013. Estos porcentajes están llamados aumentar a medida que estos indicadores bajan como consecuencia de la contracción en la producción de petróleo y no necesariamente por nuevos préstamos puesto que la economía nacional se estaría volviendo insolvente.

Lamentablemente, no ha sido posible hasta ahora obtener datos sobre la deuda interna. Sin embargo, se sabe que el Fundador gastó unos 23.000 millones de dólares en “infraestructuras” durante el periodo 2008 – 2011, es decir unos 4.600 millones de dólares al año. Si tenemos en cuenta el nivel de reservas externas que se ha presentado arriba, es imposible mantener este tipo de gasto. Y si tenemos en cuenta que el régimen no ha vuelto a obtener otros préstamos, a parte del chino, y teniendo en cuenta que no ha reducido todavía los gastos, es más que probable que el régimen ya empieza a tener problemas en el pago a las empresas constructoras por las obras que se está realizando. Se podría ver en un futuro no muy lejano, la paralización de algunas obras, incluyendo las de Oyala. Y este no es el único problema. Las “infraestructuras” construidas, sin ninguna visión de futuro, se deben mantener. Los 23.000 millones gastados en la construcción de las “infraestructuras” solo en el periodo 2008 – 2011, implican unos enormes gastos en su mantenimiento. Con el tiempo y a medida que se nos va agotando el petróleo, el mantenimiento de estas “infraestructuras” va a representar un enorme peso en el presupuesto público. Los escasos recursos que nos queden no serán suficientes para cubrir el mantenimiento de estas “infraestructuras” sobre todo teniendo en cuenta otras necesidades prioritarias del país. Ante este panorama, podríamos vernos rodeados de decadencia por todas partes: carreteras llenas de baches, edificios que se deterioran, etc.

Lo que más me preocupa con cara al futuro es, conociendo al Fundador, se le puede ocurrir, si no lo ha hecho ya, que cobre por antelación por los pocos barriles de petróleo que quedan en el subsuelo. Ya lo hizo en los años 1990s y puede volver a hacerlo. Hay que estar con los ojos abiertos porque puede volver a hacerlo, en su obsesión por terminar sus “elefantes blancos” y obras faraónicas.

Y para terminar, volvamos otra vez a la “Orden de la Superioridad” que me dio Justo Bolekia, a saber: “Fernando, di a todos los guineoecuatorianos cómo nos va a afectar (y nos afecta ya) esta situación…” Resumiendo: a) crisis económica muy profunda, con graves desequilibrios internos y externos; b) pobreza aguda, c) endeudamiento, d) decadencia y desolación, e) tristeza.

O sea, Guinea Ecuatorial habría alcanzado una renta per cápita alta, solo para regresar donde estaba antes del petróleo – un País Menos Avanzado (PMA) – en unos 30 años y la mayor parte de la población ni se habrá enterado. Traigamos también a colación el maltrato que hemos dispensado a los demás africanos. Sería el momento de la venganza, cuando el arrogante guineano tenga ya los bolsillos vacíos y se habría convertido en el hazmerreír de los vecinos. El Fundador, causante de esta situación, habría dejado el mundo de los vivos.

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