Ziliyang! : Cuentos, relatos y leyendas fang, una obra de Baron ya Buk-Lu

Ya lo sabíamos. Y cuando, como acaba de ocurrir, la UNESCO certifica que han desaparecido se extinguirán pronto el 75% de las lenguas nativas africanas, deben encenderse todas las alarmas. Se acentúa la despersonificación del africano, cada día más reducido a una caricatura de otros. Sin una personalidad propia que lo defina y dé seguridad, sin asideros espirituales, las nuevas generaciones están condenadas a diluirse en el magma informe, constreñidos en apéndice deforme y disfuncional de otros seres humanos. Porque la lengua encierra, además de su básica función comunicadora, magnitudes más profundas: expresión del alma de sus hablantes, es depositaria del acervo cultural de una comunidad determinada. Sin ella, imposible conocer y transmitir con fidelidad la historia, la filosofía y la literatura de un grupo humano, y los matices sutiles de cosmovisiones milenarias. De ahí la tragedia que se cierne sobre el africano del futuro.

El fang, lengua y cultura de un pueblo milenario con más de cinco millones de individuos, repartidos por el colonialismo entre Gabón, Guinea Ecuatorial, Camerún, Congo-Brazzaville, República Democrática de Congo y República Centroafricana, no es ajeno a este fenómeno. En ciertas zonas de su vasta área de influencia, resulta penoso comprobar que sus más jóvenes vástagos ni lo hablan ni apenas lo comprende. Se acentúa el drama en la emigración, al perder la inmensa mayoría todo vínculo con los orígenes. Obligada la pregunta: ¿Qué hacer? ¿Esperar que se obre el milagro imposible de que nuestros políticos -esos autocomplacientes ministros de Cultura, de Educación.

De Juventudes …- despierten de su siesta eterna y acometan las transformaciones necesarias para dotar de mecanismos de pervivencia a nuestras culturas? ¿Soñar pasivamente que nuestros lingüistas, y demás profesionales concernidos, aparquen ambiciones espúreas y se dediquen a construir estructuras que dejen huella de nuestro paso sobre la Tierra?. Siendo utópicas ilusiones, no queda más remedio que los propios ciudadanos realicen como puedan, sin medios ni estímulos, esa tarea imprescindible de legar a nuestros nietos algún fruto del frondoso árbol de la ciencia heredado de nuestros antepasados. Para lo cual, sólo son necesarias voluntad y sensibilidad.

Por eso es importante este trabajo de recreación de nuestras fábulas, realizado por el trovador urbano Barón ya Búk-Lu. Quien nos viene deleitando desde hace tiempo con su música, inspirada en los cantos y bailes tradicionales, convenientemente adaptados a los ritmos de nuestro tiempo. Función que hoy traslada a la literatura -de la oralidad a la escritura-, rescatando, adaptando e interpretando nuestro rico refranero, las sabias máximas y sentencias, y las fábulas morales, heredadas de nuestros ancestros. No se limita a traducir: éste es un trabajo de creación inspirado en la cosmogonía bantú. Su resultado -como verá el lector- es dignísimo, por el objetivo propuesto y alcanzado, y por su significado profundo. Renovar la tradición para que sobreviva; y ofrecer al resto del mundo la esencia del alma de nuestro pueblo. Porque la moraleja contenida en cada uno de estos relatos aportará enseñanzas positivas a otros ámbitos culturales. Se demuestra así una verdad ignorada o silenciada: África también puede dar, en lugar de recibir siempre.

Donato Ndongo Bidyogo

Fuente : logo_mini

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