“Vivir en un entorno seguro y próspero para mis niños me hace sentir que ha merecido la pena”

Ada Ngomo Meñina sabe que los puntos de partida pueden marcar el camino de una persona, pero no por ello han de ser determinantes ni decisivos. “Nacer en un sitio no significa que debas estar allí toda la vida”, dice esta ciudadana de Guinea Ecuatorial que emigró de su país hace seis años. “En Guinea hay dictadura. ¿Qué clase de vida y de oportunidades puedes tener en un lugar donde hay un régimen autoritario? Yo quería hablar libremente, formarme, conocer otras personas. Y, sobre todo, quería que mi hija tuviera algo mejor de lo que tuve yo”.

Su hija, que ahora tiene doce años, no tendrá que renunciar a los estudios o al trabajo para asumir una maternidad temprana ni dedicar todo su tiempo a las labores del hogar. “Siempre quise algo distinto para ella, que tuviera otras opciones. Realmente, ser madre de una niña fue lo que me impulsó a venir aquí. Mi hija fue mi maleta”, dice ella, y reconoce que el camino no fue fácil. “Nos pasó de todo, como a todo el mundo, pero no me arrepiento de la experiencia. A pesar de las dificultades, lo volvería a repetir. Mi hijo pequeño fue un regalo del viaje. Vivir en un entorno seguro y próspero para mis niños me hace sentir que ha merecido la pena“.

Ada llegó en 2010. Tras pasar unos meses en Madrid en casa de su padre, se trasladó a Durango, donde también tenía familia. “Tenía una prima que, al cabo de un tiempo, se marchó. Yo, en cambio, me quedé. Me gustó mucho el País Vasco y decidí iniciar aquí mi nueva vida. Estuve varios años en Durango, hasta el verano pasado, que me mudé a Balmaseda. La verdad es que desde entonces me siento feliz. Siento que he encontrado mi lugar. En Balmaseda me siento en casa“, asegura con entusiasmo.

Una de las razones que explican ese sentimiento es la existencia de una asociación que se fundó hace algo más de un año, que tiene su sede en el pueblo y que trabaja activamente para promover la integración social, el empoderamiento femenino y –no menos importante– combatir la soledad. “La asociación se llama “Nos Unimos” y creo que el nombre en sí mismo ya te cuenta muchas cosas. Esta ONG lucha contra la pobreza y la desigualdad sociocultural, pero también fomenta el encuentro. La idea es que la gente que está sola se pueda reunir con otras personas, tanto de aquí como de otras partes del mundo”, incide Ada.

Tejer redes, estrechar lazos

“Una de las cosas que suceden cuando emigras es que pierdes tu red social, tus afectos. De pronto te encuentras sola y, encima, con prejuicios. Porque, aunque seamos de fuera, también tenemos prejuicios acerca de otros países. La televisión nos vende estereotipos a todos. Entonces, puedes quedarte con eso o animarte a conocer personas distintas, de diversos lugares, y formarte tú misma una opinión. A mí me ha pasado, incluso con gente de África, de países como Ghana o Nigeria, de los que no tenía ni idea”.

“En ese sentido –prosigue–, la asociación es una puerta abierta al mundo. Allí hay gente de muchos sitios: del Sáhara, de Cuba, de Camerún, de Euskadi… La presidenta, Clementine, es congoleña; es una mujer increíble que se preocupa mucho de la gente del pueblo, de los mayores que están solos y de la gente que está intentando salir adelante. También es voluntaria en otras asociaciones y trabaja para mejorar las condiciones de vida en países menos afortunados que este. Ella es un ejemplo para muchos de nosotros y consigue que nos respetemos como personas, como seres humanos, más allá de la procedencia o la religión de cada uno”.

Ada pone de relevancia la labor de esta ONG porque participa activamente de las distintas iniciativas y siente que el encuentro le ha aportado calidez. “Los inmigrantes, en general, somos gente que lucha y que busca una oportunidad.

Uno no arriesga la vida para venir a robar a nadie. El tema es que, si estás solo, es muy difícil afianzarte y progresar.

Para salir adelante siempre necesitas el apoyo de los demás, y esto es igual para todos. Cuando te reúnes te vas dando cuenta de eso, de lo importante que es crear comunidad”. Por eso, los talleres sirven como excusa para «hablar con otras personas y darte cuenta de que no estás sola. Pero también sirven para adquirir nuevas habilidades. Tenemos una profesora de costura muy buena. Estamos contentos. La asociación está cambiando muchas vidas y no solo la de los inmigrantes”.

Fuente : El correo

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