Huelgas de Hambre y Guerra de Falacias en Cuba

Por Omar López Montenegro (director de Derechos Humanos de la Fundación Nacional Cubano Americana)

 

El activista prodemocrático cubano Jorge Cervantes languidece en una cama del hospital Ernesto Guevara de ciudad de Las Tunas. Jorge está en huelga de hambre en protesta por su injusto encarcelamiento por denunciar, entre otras cosas, el involucramiento de oficiales del Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas en diferentes casos de corrupción. Su esposa, Gretchen Alfonso, denuncia que Cervantes se encuentra aislado, en un cuarto donde no se acerca ningún guardia, a quienes además se les prohíbe hablar con él. El activista, miembro de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), fue arrestado el pasado 23 de mayo, un día después de que acusara a un alto oficial del Ministerio del Interior, teniente coronel Reinaldo Jiménez, por el robo de sus propiedades a manos de agentes de ese cuerpo represivo durante registros arbitrarios practicados en su vivienda.

Otros activistas, las gemelas Ada Iris y Ana Iris y su hermano Fidel Leyva Batista, también se encuentran en huelga de hambre en la provincia Holguín, en su caso por la eliminación de los falsos cargos presentados en su contra por el régimen. Los tres hermanos comenzaron su protesta el pasado 8 de junio, y tanto la Dra. Eva Morales, directora municipal de Salud Pública, como el Dr. Luís Arley González, director provincial de dicho ministerio, se niegan a ingresarlos en un hospital siguiendo órdenes de la Policía Política.

Ninguno de estos nombres se menciona por casualidad. Ni Jorge Cervantes ni los hermanos Leyva conocen mucho de los vericuetos de la geopolítica mundial expresados en las medidas de Donald Trump con relación a Cuba. Tampoco saben demasiado del altisonante “Acuerdo de Colaboración” entre la Unión Europea y Cuba. Ellos tienen que lidiar con realidades más crudas con nombres y apellidos y circunstancias concretas que amenazan su vida.

Por regla general, se habla de las dictaduras como si éstas existiesen en un vacío, donde las historias reales y el sufrimiento de sus víctimas pueden ser obviados o sacrificados en el altar de lo que en los últimos tiempos ha dado en llamarse realpolitik, esta política de compromisos que relega a un segundo plano la política de principios. Bajo esta presunción, lo importante es conseguir un arreglo a toda costa, con el fin de poner aunque sea un pie en la puerta.

Esta abstracción es la que permite creer que estos sistemas de opresión puedan ser cambiados en base a medidas externas. Aunque estas medidas tengan resultados de tipo accesorio, estimulan la falacia de que el problema puede ser resuelto desde el extranjero. La realidad interna de Cuba desmiente esta presunción con un notable incremento de la represión, grandes carencias y la proliferación de la cultura de la marginalidad.

Asimismo, la experiencia histórica de la segunda mitad del Siglo XX y los comienzos del Siglo XXI desmienten esta falsa premisa. El Muro de Berlín no cayó por obra y gracia de una conspiración internacional, como curiosamente argumentan los nostálgicos del comunismo y algunos de los más acérrimos anticomunistas cuando intentan resaltar el rol de las potencias occidentales. La Primavera Árabe tampoco fue orquestada en laboratorios de inteligencia de Occidente, como malintencionadamente afirman los ideólogos del fundamentalismo musulmán. Ambos hechos históricos fueron fruto del empoderamiento de grandes masas de ciudadanos a través de la transferencia de conocimientos y el intercambio de experiencias con otras realidades donde se tuvo éxito en derrocar dictaduras de cualquier signo.

La solidaridad internacional puede favorecer o censurar a una dictadura, pero le toca a los ciudadanos oprimidos por la misma tomar las riendas de su destino, desplegando lo que Mahatma Gandhi describió como “el arma más poderosa” a disposición de la Humanidad: la acción no violenta. Eso es precisamente lo que está demostrando ahora mismo el pueblo de Venezuela. Todos los sistemas de opresión se basan en someter a los gobernados a la obediencia por medio de sanciones o por el miedo a las sanciones. Resulta una falacia creer o promover la creencia de que este común denominador puede ser alterado por una acción externa.

La batalla real consiste en alterar esta ecuación desde adentro. Cuando esto sucede, las lealtades y los patrones de conducta cambian; y ejemplos de desobediencia como los de Jorge Cervantes, Ana Iris Leyva, Ada Iris Leyva y Fidel Leyva, dejan de ser la excepción para convertirse en la norma.

 

Mi Denuncia Semanal a la Dictadura Castrista 19 de septiembre de 2016 Por José Daniel Ferrer.

Este artículo se publica como parte de la campaña “Mi Denuncia Semanal a la Dictadura Castrista”, promovida por la UNPACU (Santiago de Cuba) y el Foro América Unida (Santiago de Chile) con el fin de crear consciencia sobre la situación del pueblo cubano en todo el mundo.

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