Balance

Por Francisco Ela Abeme

 

Hoy, tres de agosto, era un día de balance. Cualquier persona, mínimamente responsable, habría hecho un alto en el camino, hubiera echado una mirada atrás, hubiera mirado el largo trecho recorrido, se repararía​ en el punto donde está, y, lógicamente, otearía todo el camino que le queda a él, pero, sobre todo, a su Pueblo, por recorrer.

Hoy hacía 48 años que Obiang llegó al poder, que detenta « erga omnes», en Guinea. Lo que, sumado a los once años anteriores, en los que fue el edecán de su tío Macías, hacen un total de cincuentinueve años. Todo una eternidad.

El otro día decía que, a partir de este siglo XXI, la historia de los pueblos se contará no por centurias, sino por presupuestos. ¡Cincuentinueve presupuestos! Todo lo que se puede hacer con esto.
Bien, todavía no me consta, digo, si Obiang ha hecho una reflexión, un exhaustivo balance de tan largo período de tiempo en el poder.

Y hablo de aspecto elementales:

1.- Conciliación del estado guineano con su sociedad. Hablamos de un estado que ha secuestrado a su sociedad, la ha aherrojado, la ha engañado, la ha robado, la ha violentado, la ha dividido y la ha sumido en un primitivismo atroz.

2.- Servicios elementales: Es un pequeño estado, que no llega a los treinta mil kilómetros cuadrados, albergando una escasa población que no llega al millón de habitantes, ni censando a los abortados.
Con lo que, si nos atenemos a los recursos, la sociedad guineana debe ser una de las mejor servidas del mundo: vivienda, sanidad, educacion, infraetructuras, seguridad social, seguridad y defensa, abastecimiento en alimentos, agua corriente potable y luz eléctrica.

3.- Economía: Casi sesenta años, ya podrían servir como para que, contando con petróleo, metales preciosos y estratégicos, madera y turismo, sentar las bases de una economía solida, que respalde una moneda propia, que permita reorganizar una economia nacional productiva,
sólida y solvente.

4.- Trabajo: En Guinea no debería de haber paro, empleo precario ni salarios de hambre.

5.- Prestigio: Después del bochorno de los primeros once años, en los que hacer el ridículo era el deporte nacional, estos últimos cuarentinueve años, no han venido a mejorarlo. Los escándalos, los robos, el aseo de capitales, los bienes maladquiridos y los juicios nos han dejado en un estado de ridículo congénito.

Lógicamente, examinado lo hecho, lo normal era hablarle al Pueblo del feliz horizonte « dos mil veinte», que, dada nuestra desidia, la falta de una dirección política firme y que sólo faltan tres años, tampoco promete mucho.

6.- Despedida: Finalmente, para cubrirse de gloria, Obiang debía haber aprovechado el día de hoy para despedirse, pedir perdón al Pueblo, no sólo por lo no hecho, sino por lo que se ha hecho mal. Hubiera entregado el poder, con la obligación de hacer que el Pueblo hable.

Pero no sé porqué me temo que esto no es más que un mal sueño. El Pueblo, nuestro Pueblo, se despertará, pero para hacer sus cosas a su manera.

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