Proceso de reducción

Por Francisco Ela Abeme 

En Guinea Ecuatorial, cuando regresas del exilio y llegas al bosque galería de Obiang, sin ser de la “familia”, y, para el colmo, traes un título –en el reino de la estulticia, esto es una provocación– te someten a un “proceso de reducción”.

¿En qué consiste este proceso? Atiendan:

El proceso tiene su origen en aquella proclama de Macías, fundador de la dinastía Nguema, contra aquel inefable embajador, el primero de España ante la corte de los Ngema, Juan Durán Lóriga: “embajador ese ngúm djóm“. En román paladino: “el embajador no es nada“.

Así, pues, cuando caes entre “ellos”, como una lombriz entre hormigas, saben que llegas con la cabeza llena de conocimientos y los bolsillos vacíos, o sea, llegas con una mano detrás y otra delante, si eres mujer, al tratarse de una falocracia, la cosa se limitará a establecer el turno de las visitas a los excelentísimos tálamos, para ver quién es el primero que te “presta” el sida.

Cuando estés ya hecha una piltrafa humana, ¡hala!, confinada a tu poblado, para que te entierre tu familia con todas las ilusiones que se hicieron con tu formación.

Pero si calzas por los píes, entonces empiezas la peregrinación por los numerosos ministerios, para ir dejando el “curriculum”, perdón, “currículo” –suena mejor en “guineano”–. Como te mueves en la palma de la mano, cuando sales de uno, ya lo saben en el siguiente al que vas a entrar.

Así te tendrán, entre uno y dos años, si tienes suerte, porque les consta que el huésped, como el pescado, a los tres días ya huele; el hermano que te ha albergado, al igual que tú mismo, ya está con la lengua entre los dientes, es cuando te llaman de algún ministerio, para que el mamporrero de turno te endiñe en la cara la catilinaria de rigor y te marque con el “popó” de los “conversos”.

Al termino de esta sesión iniciática, ya sales de ahí sabiendo de quién dependes, para poder comer. De ahora en adelante, como ya sabes que no “eres nada”, que, en el reino de la anomia, en el reino en el que se levantan altares a la ignorancia, nadie es nada, todo va a depender de tu capacidad de embrutecimiento y arrastre.

Es decir, si, como buen converso, en breve tiempo, te conviertes en buen inquisidor, tu ascenso será meteórico.

Ah, no te olvides, “entregar” a alguien de la familia –padre, madre, hermano, hermana, hijo, hija, tío, tía o esposa– ayuda mucho.

Radio Macuto Facebook

Share This:

Deja un comentario