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Político

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Después de la dura experiencia vivida en estos duros años de la tiranía, en el futuro, un guineano o guineana podrá decir no me dedico a la política, pero no soy apolítico. Todo ciudadano tiene el derecho y la obligación de ser político. De preocuparse por la política. Porque, con la política, se resuelven, prácticamente, la mayoría de los problemas que afectan a su vida.

Si un ciudadano se desinteresa por la política, corre el riesgo de llevarse una nada agradable sorpresa de ser un súbdito de una tiranía. Esos regímenes que se apegan al poder como lapas.

La situación que estamos viviendo ahora en Guinea tiene toda su lógica. La lógica de la tiranía. Cuando se ha cometido tantos crímenes gratuitos, no resulta fácil dejar el poder. Cada vez que amaga, le vienen a la cabeza preguntas como:

1) Qué harán conmigo?

2)A dónde voy a ir a vivir?

3) Me juzgarán por mis crímenes’?

4) Me quitaran lo que he ido atesorando?

5) Qué harán con los míos?

6) Respetaran mi vida?

Claro, esto le crea una comedera de coco, que los tiranos terminan desquiciados. No se fían ni de su sombra.

Obiang es consciente de que su régimen se ha agotado, que ya no da más de sí. Si fuera fácil, le gustaría dejar el poder a su hijo, contra vientos y mareas, pero cuando mira al personaje, le asaltan las dudas. El entorno, no es fiable, y hay demasiados mirando con las navajas abiertas.

Si ya son así estando yo todavía vivo, no quiero pensar lo que le puede pasar al chico, cuando deje la cuchara. Esto va a ser como si poner a la lombriz a tomar la siesta en el hormiguero.

Señor, ¿y no puede hablar con la Oposición? Le pregunta un ingenuo, con ganas de coña marinera:

–Demasiado radical, con las ganas que me tiene, contesta.

–Pero, hombre, habrá algún moderado. Gente que quiera trabajar y buscar una salida o solución.

–No. Mejor seguir yo mismo, hasta que me mea en los pantalones. Aquí no puedo fiarme de nadie.

Pero, al rato, ve que jadea, que no puede mas. Que el viejo se puso a bregar, pensando en sus años mozos.

Y, a todo esto, el Pueblo mirando indignado, depuesto a saltar a la yugular del tirano.

Francisco ELA ABEME

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