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Teresa Dik Sialo, espíritu de lucha por prosperar

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Sólo hay que conocerla un poco para darse cuenta del espíritu de lucha que hay detrás de ese rostro calmado. Inspira tranquilidad a la vez que se trasluce esa energía que ha ido moviendo su vida; desde su Malabo natal, esta joven guineana que un día vino a España siendo niña y ahora, tras una infancia y adolescencia movida muy a su pesar y alejada de los suyos, se muestra orgullosa de ser capaz de salir adelante con un negocio y tener contratada a dos personas

Por David Mateos

Una infancia y adolescencia sin lazos familiares cercanos. Teresa Dik Sialo salió de Guinea Ecuatorial con apenas 10 años, dejando a su madre, a su padre y a sus tres hermanos. “Vine sola en el avión, desde Malabo, la capital del país, con una pancarta con mi nombre y el de la persona que iba a ir a recogerme”, asegura aún sorprendida.

Algo rondaba la cabecita de Teresa, con sus siete años, cuando observaba cómo bastantes de sus amigas guineanas venían a España a estudiar los primeros cursos de la EGB gracias a la colaboración de familias españolas de acogida.

Recuerdo que se lo comenté a mi padre”, afirma Teresa, que recibió un “no” rotundo pues era la única hija que tenía. Lo cierto es que para estas niñas era una posibilidad para estudiar si venían a España y, por eso, “mi padre se lo pensó y dijo que lo iban a intentar”, comenta. “Para mi familia suponía mucho dinero a pagar entre la gestión del pasaporte y los gastos del pasaje”, expone con seriedad.

Recuerda cómo estuvo sus tres primeros días, en Madrid, con una señora que gestionaba los acogimientos provenientes de Guinea, aunque Teresa ya sabía que tenía que venir a Salamanca, no coincidiendo con los destinos de ninguna de sus amigas. Teresa comenta con satisfacción cómo luego sí ha podido visitar y coincidir con algunas de ellas a los largo de los 23 años que lleva ya en España.

Una Guinea Ecuatorial de nacimiento

Guinea Ecuatorial es un pequeño país equivalente en extensión a las provincias de Salamanca y de León juntas, en el que viven algo más de un millón de personas. Se trata de un país, antigua colonia española, con recursos petroleros y forestales, formado por bosques tropicales, en los que destaca su biodiversidad. Y es que Teresa recuerda lo verde de su entorno, “Malabo es muy grande pues las hay muchas zonas con casas bajas distantes entre sí”, explica.

Teresa manifiesta que tuvo una educación propia de padres muy católicos y muestra con orgullo que ella es católica. En todo el tiempo que ha estado en España comenta que ha ido a Guinea de visita en varias ocasiones. “Si no voy es por trabajo o por economía”, mantiene. “Mi familia de Guinea no conoce a mi hija de 10 años”, afirma con cierta tristeza.

Entre sus sueños de niña seguro que no podía imaginar que estaría mantener el negocio que ha montado en Salamanca y que sus hermanos, desde Guinea se han encargado de apoyar económicamente.

Una infancia con idas y venidas de Salamanca

La primera familia con la que estuve en Salamanca se desentendió de mí antes de un año de estar aquí”, afirma Teresa. “Mis padres querían que volviera a Guinea” pero esta joven niña tenía claro su objetivo de estudiar. Mientras le encontraban a una familia sustituta, enviaron a Teresa, durante un mes a un campamento en Arévalo que aún recuerda.

A la vuelta de la actividad estival, “me enviaron con 11 años con una señora a Vitoria. Esta ciudad me recordaba el lugar donde yo vivía en Guinea, por lo verde de sus paisajes”, explica con nostalgia. En la capital vasca, Teresa estuvo 4 años. “El primer año fue muy bien pero luego la señora cayó enferma y su carácter cambió. Yo permanecí al cuidado de sus familiares”, manifiesta.

Ya con 14 años me llevaron a Santander a una especie de internado donde recuerdo estudiar, estudiar y estudiar”, asevera, “no tenía vida”. Continuaron decidiendo por ella, otra vez en Santander y, finalmente, en Salamanca, pero con 16 años, Teresa se dijo a sí misma: “si nadie se hace responsable de mí, si nadie me va a ayudar, tengo que hacer mi vida”. Comenta que habló con una trabajadora social y vio claro que si ella obtenía medios de vida, podía emanciparse. Y lo consiguió con su lucha incansable.

Trabajando, trabajando, trabajando

Estuve de aprendiz en una panadería hasta la mayoría de edad”, asegura orgullosa. “Madrugaba muchísimo”, afirma con rotundidad. Y así entre masas y hornos se forjó durante 5 años, al mismo tiempo que Teresa se labraba su futuro ampliando su horizonte estudiando un módulo de peluquería que terminó con 18 años. “Me hubiera gustado seguir con mis estudios más allá de la E.S.O. pero necesitaba trabajar porque dependía de mí misma y nadie me mantenía”.

Con 22 años conocí al padre de mi hija”. “Era un tiempo en el que no salía trabajo”, pero lejos de frenarse, Teresa explica con orgullo, “abrí una peluquería cuando estaba embarazada de 5 meses”. “Iba con mi hija a trabajar y no hubo descanso”, comenta Teresa mostrando valentía. Reconoce que una familia amiga le ayudaba muchos días a cuidar de la niña, especialmente los viernes y sábados, los días de más jaleo en la peluquería. “También desde Cruz Roja me apoyaron en su puesta en marcha”, afirma. Tuvo su negocio propio en el Centro Comercial Los Cipreses hasta 2009, cuando el precio del alquiler había crecido más del doble y resultaba inasumible.

“Me buscaba la vida”, como tú y como yo

Las clientas seguían contando conmigo y querían que fuera a sus casas”, reconoce la joven, “me buscaba la vida”.

Con la crisis económica en plena ebullición, Teresa iba consiguiendo a duras penas que la fueran llamando de distintas peluquerías, en muchas ocasiones, trabajando sin contrato, pues ya sabemos que esta es la realidad.

Segundo intento para “Caoba Salón de Belleza”

En febrero de 2016 me decidí a abrir de nuevo una Peluquería con la ayuda económica de mis hermanos que están en Guinea”, explica Teresa. Comenta que sus hermanos se han volcado en su proyecto; ellos no han venido ni quieren venir a España pero confían a ojos cerrados en su hermana. Y con apoyos pero con mucho esfuerzo de

Teresa, en octubre consiguió abrir el “Salón de Belleza Caoba” en la calle Los Ovalle, 2 de la capital salmantina.

Tengo contratadas a dos personas”, pues atiende diferentes servicios estéticos para mujeres y hombres. “Subimos a Facebook los trabajos que hacemos”, afirma. Esta intrépida madre y luchadora reconoce que la acogida de la clientela ha sido muy buena para ser un comienzo de negocio. Se muestra satisfecha por su esfuerzo pues sabe que ha invertido horas y capital, esperando salir adelante.

Un cúmulo de satisfacciones personales

Mi hija es superresponsable”, afirma. “Este año no he podido ayudarle con los deberes pero ella ha venido con mejores notas. Mi cambio le ha cambiado también a ella”, asegura Teresa.

“Estoy muy orgullosa de volver a intentar poner en marcha mi negocio”, asevera. “Tengo unos hermanos y una clientela en Salamanca que apuestan por mí”.

Fuente :Salamanca24horas.com

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