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Mi testimonio

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Hola, amigas y amigos, compañeros y compañeras.

Después de mi percance en el aeropuerto de Malabo a mi regreso de un largo viaje por Europa y Colombia, estoy en casa, gracias a la reacción mediática, diplomática y política promovida por todos vosotros.

¿En qué consistió el “percance”?

Pues os cuento. Llega el vuelo de Iberia en el que regreso a Malabo, bajamos todos los pasajeros y, como uno más, me pongo en la larga cola para las formalidades de la policía. Atienden a muchos y, cuando llega mi turno, veo que el joven policía tiene problemas con su máquina, o eso parece. Mientras mueve nerviosamente el ratón de su ordenador, me mira de reojo. Pasa más tiempo del normal, y le pregunto si hay algún problema. Me dice que sí, que su máquina tiene problemas para “identificar” mi pasaporte, por lo que me invita a probar en otra ventanilla a cargo de una agente. Esta intenta registrar mi entrada y dice lo mismo, que mi pasaporte tiene problemas, por lo que, según ella, me tienen que llevar a la “Secretaría”. “Secretaría” no es otra cosa que el despacho del Comisario de Fronteras, donde encontramos al adjunto a este. El hombre me saluda, sale a hacer una llamada (supongo que a sus jefes), y le oigo decir: “Ya lo tengo aquí. Se lo llevo, jefe”? A continuación, vuelve a entrar y me dice que, puesto que mi pasaporte ha hecho saltar la alarma, me tiene que conducir a la “Comisaría central”. Le pregunto si estoy detenido, y me contesta: “Sí, está usted detenido”. Me meten en un coche de la Policía que ya estaba con el chófer al volante y con los motores encendidos. Me acompaña mi compañero Ángel Obama, que ha venido a esperarme con un nutrido grupo de dirigentes y militantes de CPDS.

Llegamos a la Comisaría central, conocida como “Guantánamo” (instalaciones, al mismo tiempo, del Ministerio de Seguridad Nacional). Es la 01:00h., y el Director Nacional de Seguridad, encargado de la Lucha contra la Delincuencia y el Terrorismo, me espera en su despacho, en pantalón corto. Me saluda y me pide entregarle mi teléfono móvil y se interesa por mi equipaje. Le respondo que el teléfono y el equipaje ya están en poder de mis compañeros. A continuación, me dice que la Policía se encarga de la “Seguridad Nacional, de todos, y no de una sola persona”; asegura que estoy ahí porque mi pasaporte ha hecho saltar la alarma de la policía aeroportuaria y que, por este motivo, me tienen que encerrar mientras averiguan las causas de la alarma. Me explica que “puede deberse a una orden de Interpol para que te detengamos, por un problema de la empresa Securityport, encargada de las máquinas, o por una orden de otra índole”. Le pregunto si la Interpol pone una orden de detención contra mí, cómo es posible que haya viajado a Colombia, Alemania y abandonado el territorio español con rumbo a Guinea sin que haya sido detenido. No me responde. A continuación, llama a un agente y le ordena que me conduzca a un lugar donde pase la noche. “No le pongas con los delincuentes comunes, sino en un despacho anexo a la Inspección de Guardia”. Dicho y hecho. Así paso la noche, sentado y despierto. Mi falta de sueño no se debe solo a la preocupación por el “percance”, sino también a la ayuda de los mosquitos, que toda la noche sobrevuelan mi cabeza emitiendo sus incómodas sirenas.

A las 07:30h., llega mi mujer con el desayuno y me cuenta que ha estado media hora en la puerta de acceso a la sala de visitas a presos, pero los agentes le decían que no tienen instrucciones de dejar pasar a la mujer de Andrés Esono Ondo. Pero gracias a un inspector que pasaba por el lugar, este entró con ella hasta donde estoy. A las 09:30 de la mañana, aparece un agente que me invita a acompañarlo hasta el despacho del Director, el mismo de la noche anterior. Me informa de que han averiguando el porqué de la alarma provocado por mi pasaporte, y el resultado es que pertenezco a un grupo que ha adquirido armas en Bélgica para venir a usarlas en Guinea. “Interpol nos dice que se trata de Andrés Esono, sin más apellidos, y por eso seguiremos investigando, y es posible que hoy mismo tengamos la identidad completa del sujeto”. Le pregunto si lo dice  en serio o está bromeando. Me responde que sí, que va en serio, a lo que le respondo que es absolutamente falso, “como falso fue el caso del ébola”. Le aseguro que CPDS es un partido cuyo objetivo es la democratización de Guinea Ecuatorial mediante el diálogo y la concertación, y que por mucho que el régimen intente vincularnos a temas de violencia armada, jamás encontrarán nada, y que tampoco con esas maniobras van a frenar nuestra actividad. Hace venir al comisario de la Policía Judicial, apellidado Belope, quien me lleva a su despacho, situado en los subterráneos del edificio. El interrogatorio (sin violencia física ni verbal), dura unas tres horas aproximadamente. Dicho comisario, un tipo correcto y educado, diferente de otros muchos que me han interrogado, me llevó de nuevo al despacho del Director. Curiosamente, este ya estaba acompañado de uno de los lugartenientes del Vicepresidente de la República; ignoro su nombre, pero siempre acompaña a Nguema Obiang y su cara es muy conocida: un tipo algo bajito, rechoncho y con piel clara. Estaba vestido con la indumentaria de ASHO, y su mirada hacia mi persona denotaba odio, mucho odio.

Después, el Director y el adjunto de Nguema Obiang se fueron a ver “mis superiores”, en palabras del director. Dos horas y media tardó en regresar. Todos los movimientos, el ambiente, las circunstancias, etc., me hicieron y me hacen sospechar que quien estaba detrás de todo no era otro que el mismísimo Vicepresidente de la República, el mismo que instigó el “caso ébola” y lo ha estado sacando a colación en sus constantes ataques hacia mi persona por radio y televisión. [Que conste aquí, y donde convenga, que HAGO RESPONSABLE DE TODO CUANTO PUEDA OCURRIR CONTRA MI INTEGRIDAD FÍSICA, A TEODORO NGUEMA OBIANG MANGUE].

El Director, siempre en su tono correcto y amable, me comunica que han hecho más averiguaciones, y se han dado cuenta de que se trataba de un error, que la persona investigada no es Andrés Esono Ondo, sino “Andrés Esono Eate Mba” (Eate sin “h” intercalada). Me pide disculpas por el daño causado a mi persona al hacerme pasar tan amargo trago. Termina diciendo que la Policía “es para todos”, y “no para una persona”, por lo que “usted y todos los ciudadanos tienen abiertas las puertas de mi despacho para lo que sea”. Yo le agradezco el trato dispensado, entre otras razones porque, por su propia iniciativa, no detendría a un dirigente político, sin órdenes de la “superioridad”, y que en Guinea sabemos el significado de la palabra “superioridad”. Me devuelve el pasaporte, nos estrechamos la mano y abandono las instalaciones del Ministerio de Seguridad Nacional.

Punto y seguido. Ahora a esperar otro bulo más. Ayer fue la acusación por un surrealista y supuesto caso de compra e importación de un enfermo de ébola, implicando a las autoridades de Guinea Conakry, Sierra Leona y Liberia; hoy es una supuesta operación de adquisición de armas en Bélgica, e implican a la Interpol como fuente de la información. ¿Cuál será el próximo montaje?

La verdad es que nunca dejarán de sorprendernos. Este régimen está como un caballo desbocado. Puede arrollar a todo cuanto encuentre a su paso en su desenfrenada huida hacia ninguna parte. Tratan de intimidarnos, de frenar nuestra labor política, de desviar la atención de lo que pasa en el país. Cada 30 minutos, aproximadamente, llegan a Guantánamo cuatro o cinco jóvenes o adolescentes detenidos por atracos y robos con violencia y violación, y eso ocurre las 24 horas del día. A medida que entran, salen otros tras pagar al inspector de turno lo que les pida. Lo he visto con mis propios ojos. Esos jóvenes son el futuro de Guinea Ecuatorial, pero no parecen formar parte de las preocupaciones del Gobierno del PDGE. Su única preocupación es la Oposición, cómo acabar con esta y eternizarse en el poder para acabar con un país que, de por sí, ya está en absoluta ruina moral y humana.

Ahora ya estoy en casa, no en libertad, porque Guinea Ecuatorial es, en sí, una enorme cárcel, y tanto Black Beach, como el resto de cárceles y comisarías del país, son solo unas celdas de esa gran prisión en que se ha convertido nuestro país.

Agradezco profunda y sinceramente a todos los compatriotas, amigas y amigos, compañeros y compañeras, camaradas socialistas del mundo, desde España hasta Chile, pasando por Alemania y Níger; a los Gobiernos extranjeros y misiones diplomáticas acreditadas en Guinea Ecuatorial, por el apoyo mostrado a mí, no solo como persona humana, sino también como dirigente de CPDS y luchador por la democracia en mi país. Los agradecimientos se extienden también a mis compañeros de la Comisión Ejecutiva Nacional de CPDS, y a todos los militantes de las Agrupaciones distritales y regionales, así como a los compañeros del FOD (Frente de Oposición Democrática) que, de una manera o de otra, han hecho posible mi vuelta a casa.

 

Fuente : Comunicaciones CPDS

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