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El caracoleo

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Por Francisco Javier Elá Abeme

Yo pediría, si decidimos entre todos afrontar el debate nacional, que este debate no fuera sometido al caracoleo de discutir sobre la legitimidad de los Nguema.

Si Mesié ganó legitimamente las elecciones o no, no es el problema.

Reconocer una cosa u otra, según la información de que se disponga, no es lo que hace bueno o malo a Macías. Es más, la victoria electoral de Mesié es un hecho histórico incontrovertible. No es lo que nos ocupa, a la hora de proyectar nuestro futuro como nación y estado.

Lo mismo pasa con Nguema II. Lo que le hace bueno o malo a Obiang no es si accedió o no legítimamente al poder. No es si ha ganado o no limpiamente «sus elecciones». Lo importante de los Nguema es analizar su gestión política, porque es la que nos ha marcado a fuego, y es la que ha comprometido nuestro futuro.

El debate nacional, en consecuencia, no se ocupará, como digo, de la legitimidad de los Ngema, sino de la funesta herencia política que nos dejan, cargado de tantos problemas esenciales, que no hay forma de establecer el orden de prioridades.

¿Por dónde empezar? Veamos:

1. Hay que conciliar al estado guineano con su sociedad. Al convertir la tiranía al estado en un coto privado, en el que sólo caza el tirano y sus secuaces, la sociedad se quedó al margen del estado, y empezó a mirar a éste como algo hostil, como enemigo.

Para esta conciliación, propongo, como primer paso, el que el estado reconozca y asuma la responsabilidad que se desprende​ de los mismos, sobre todo la responsabilidad civil, los crímenes y las tropelías cometidos en su nombre, por los que actuaban en su nombre. Esto implica, necesariamente, que el estado recupere, por el sistema que se habilite al efecto, la maniobra del tirano y sus palmeros. Los que jaleaban el sistema. Hay que limar el odio y las ansias de venganza acumulados durante medio siglo.

2. Los distintos Pueblos de Guinea Ecuatorial deben sentarse, no para establecer parcelas étnicas, sino para diseñar su convivencia, basada en el respeto mutuo y en diálogo permanente. De este encuentro de Pueblos libres, titulares de la soberanía guineana, nacerá la nación guineana, cimiento de nuestro estado de ciudadanos.

3. Hay que redactar una constitución, como consecuencia de este nuevo estado diseñado. Ley marco que, una vez explicado ampliamente al Pueblo, por expertos y líderes, será sometido al refrendo popular, para dar paso a unas elecciones libres y transparentes, después de medio siglo de oscurantismo.

4. A partir de aquí, una vez que surja de las urnas el pertinente gobierno, que éste se dedique a construir todo el entramado de un estado democrático contemporáneo.
Es decir:

a) Hay que reformar la administración guineana, para lo que se creará la escuela nacional de administración, para la específica formación del funcionario público. La nueva administración ha de ser sobria, eficaz y eficiente. No se permitirá el lujo de decirle al ciudadano lo de «vuelva usted mañana».

b) Hay que construir la economía, para hacerla productiva, sólida y sostenible.

c) Hay que consolidar las políticas sociales. La sanidad: el plan ha de ser nacional.

Una estructuración nacional, para que la asistencia alcance todo el territorio nacional. Hospitales y ambulatorios.

d) Y así continuar con la educación o formación. Vivienda. Defensa, seguridad, trabajo, abastecimiento e infraestructuras.

Según todo esto, no hay tiempo para discutir sobre la legitimidad de los Nguema y su tiranía, sino sobre su pesada herencia​ política, para que el país no se hunda, después de los Nguema.

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