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Preguntas sobre las elecciones guineanas

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Por Juan Tomás Ávila Laurel, escritor

Mañana, como decir dentro de nada, en unas horas,  habrá elecciones en Guinea, pero por mera pereza todavía no hemos encontrado un nombre adecuado para lo que tiene paralizado al país desde que empezó.  Por ahora pedimos permiso para llamarlo Fraudulenta Fanfarria Política.

Veamos:

¿No es normal que una persona de sentido común exprese rechazo reiterado, incluso denuncie ante quien le pueda escuchar, que personas pretendidamente honestas, constituidas además en partidos que deberían estar sometidos a escrutinio público  unos hechos, la llamada FFP, por los que los que manejan el poder encontrarán mejor ocasión para blanquear y evadir dinero del país, intimidar y extorsionar a ciudadanos y extranjeros, interferir negativamente en la precaria vida escolar, paralizar la administración nacional hasta límites escandalosos, embrutecer a la juventud, poner en peligro la integridad moral de los ciudadanos, poner en peligro la vida de estos ciudadanos, aleccionar a la población y difundir mentiras?

Pese a que ningún guineano sería capaz de rebatir con argumentos la veracidad de las consecuencias aquí enumeradas, que son las comunes en todas las elecciones llevadas a cabo por el general-presidente Obiang, sería pertinente preguntar a los que animan a los guineanos a participar en este fraude si su convicción de que tomar parte en el mismo asienta su primacía entre la clase opositora del país, por aquello del mal llamado “principal partido de la oposición” justifica la aberración. Es decir, ¿es mucho lo que ganan en relación a los daños que ocasionan estas elecciones a la población?

La sensación que nos embarga al hacer la pregunta no nos impide reconocer que la propia dinámica en la que están inmersos justifica su toma de posición, un asunto de cuya comprensión cabal no alcanza a los que adoptan posturas propias de testigos asentados en la periferia, fuera del juego político. Y quizá esté aquí el quid, el juego. Y político. Bien, quién puede esperar excelencia alguna de quienes, sin ganar nada compartible con la ciudadanía, prefieren seguir en un juego a todas luces dañino. Sobre esto todos debemos reflexionar.

Barcelona, 10 de noviembre de 2017

Fuente : FronteraD
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