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Guinea Ecuatorial, partidos políticos y elecciones fantasmas

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Por Juan Tomás Ávila Laurel, escritor

A punto de empezar a hablar seriamente sobre lo que supusieron las elecciones multi institucionales en Guinea Ecuatorial, país que francamente no es república, conviene hacer algunas reflexiones sobre el lamentable presente del país y del comportamiento de sus ciudadanos.

Si algún actor foráneo se sumara hoy al conocimiento de la realidad guineoecuatorial y se prestara a recibir informaciones sobre su presente, a buen seguro que se sorprendería de la cantidad de formaciones políticas existentes, al menos si se juzga por las denominaciones, si previamente se le dijera que los guineanos sólo votaron una sola vez, habiendo muerto casi el 80% de los que hicieron, en la década de los 60 del siglo XX. Todavía se sorprendería más si los mismos guineanos insistieran, como suelen hacer sin complejo alguno, que en toda la vida independiente el país no había conocido la libertad, sojuzgados bajo el terror irracional de dos dictaduras consecutivas. Si la lógica es que la unidad de acción y de esfuerzo prometen el éxito en la lucha, ¿cómo se explica que sea precisamente en Guinea donde los que dicen que luchan contra la dictadura están cada uno por su bando, estorbándose o acusándose mutuamente de beligerancia? ¿En qué contienda electoral se han enfrentado los numerosos partidos para que se consagre esta división? ¿Qué esperan que sea el resultado de tantas denominaciones políticas enfrentadas entre sí, al tiempo que reconocen que jamás tomaron parte en unas elecciones democráticas?

A las reflexiones anteriores, en las que se pueden mencionar a todos los partidos y a sus líderes, y también “líderes”, habría que sumar la muy interesante cuestión del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial y de su Gobierno en el Exilio. Y la cuestión fundamental es que un grupo de guineanos diga que están constituidos en Gobierno no es cualquier cosa. ¿Están constituidos para asumir el poder nada más producirse una circunstancia favorable? ¿Esta asunción de poder se producirá con la anuencia de las demás formaciones políticas o llegarán a un acuerdo? ¿Cuándo se producirá este acuerdo? ¿Es creíble que este acuerdo se vaya a producir, habida cuenta de la animadversión existente entre ellos? La mención de la verdadera intención que anida en el seno de los miembros del Partido del Progreso y de su Gobierno en el Exilio no es baladí, porque si no hubiera ninguna convicción de la seriedad de sus intenciones, deberían manifestarlo, disolverse y sumar su acción al resto de partidos. Y no es baladí porque por acciones similares dentro del ámbito de la ostentación del poder, un oscuro capitán de la metrópoli francesa se proclamó nada menos que emperador de Centroáfrica, sin haber pensado siquiera que si su república se merecía la categoría de imperio, a santo de qué fue colonizada por Francia. La realidad de que suele ser en el ámbito de la política donde abundan los ejemplos de desvaríos que la ciudadanía no suele saber abortar nos induce a pensar que es urgente abordar la cuestión de un Gobierno en el Exilio con el conjunto de los partidos, o políticos guineanos. Creemos, además, que Guinea es un país pródigo en líderes mesiánicos, aun sin incidencia alguna en la erradicación de la dictadura. Y esto no es, otra vez, cuestión baladí, pues si se asume esta situación estando desprovistos de poder, no creemos que dejarán este mesianismo una vez alcanzado el mismo.

El observador o actor ajeno que se acercara a la realidad de los guineanos se daría cuenta que en el entorno de dos partidos guineanos, precisamente el PPGE y CPDS, merodean diversos intereses españoles, personalizados en partidos o en individuos. Ya quedó demostrado que este merodeo, que muchas veces concurre con provisión de fondos, contribuye a la atomización de la oposición, debilitándola,  a lo sumo. Curiosamente, los individuos o partidos que apoyan al bando de su elección suelen considerar enemigo a los del banco contrario, un sinsentido que nos hace recordar que estos partidos a los que apoyan no han tomado parte nunca en ningún proceso democrático, y que la dictadura guineana que precisamente ha impedido esta circunstancia no se circunscribe en un determinado color político. De hecho, y por más que insistan los teóricos, ninguna dictadura se circunscribe, pues la violación de los derechos humanos es su tónica general. La recurrencia de los guineanos en la busca de estos apoyos de españoles es sintomático, y dicho ahora, de sus intenciones reales. Y es que la democracia española no debería seguir siendo fuente de inspiración de los guineanos.

            (Ramón Esono sigue encarcelado, y es llamativo que este tema no haya estado presente en la campaña. Es decir, ¿los contendientes esperaban liberarlo una vez ganadas las elecciones?)

Los guineanos suelen mostrar cierto optimismo cuando en su entorno geográfico se producen unos hechos por los que alguna dictadura puede ver menguada su poder, y sin pensar que dichos hechos no suelen producirse por mero azar, incluso por la divina providencia, siendo tan ingenuamente cristianos. El poco interés que están mostrando por los temas aquí expuestos avala precisamente su actitud. Es hora de que sometan a severa crítica esta forma de instalarse en la Historia y se hagan dueños de la suya. Es curioso que los guineanos que se constituyen en partidos sean unánimes en la defensa de la unidad nacional, una cuestión que puede ser aludida con todas las reservas, pero sean incapaces, incluso reacios, a unirse para hacer frente común contra la dictadura que prevalece en sus vidas. Esta actitud es sintomática, y no hemos mencionado los desvaríos en vano. Si acabamos esta reflexión diciendo que no se conseguirá nada sería lo más ajustado a la realidad. Sería la primera vez que no estaríamos siendo pesimistas, sino dando al ajo su verdadero olor, como se diría a semejanza de lo que se hace con el pan y el vino.

Barcelona, 15 de setiembre de 2017

Fuente : FronteraD

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