¡Qué les queda por perder!

 

Por Fco ELÁ ABEME

Desde que la tiranía instauró su dinastía, a mi juicio, solo ha tenido una cosa. Y es la que nunca han perdido: el poder.

Y como sabe que es así, por eso lo defienden con uñas y dientes. Por retener el poder, la tiranía ha detenido, torturado y asesinado hasta las moscas.

Declara enemigo a todo ser viviente. Todo lo que podía perturbar el poder de los Nguema era reo de muerte. Por el poder se han matado entre ellos mismos.

Lo demás, no se puede hablar de lo demás. Como nunca han tenido honor, dignidad, vergüenza, inteligencia, pudor, valor y patriotismo, nunca se puede afirmar, en puridad, que los Nguema hayan perdido ninguna de estas cualidades, que sólo adornan a las personas de bien. Y no a los seres depravados.

Para seguir con mi razonamiento, y aunque me hablen de lo odioso que son las generalizaciones, déjenme que diga que todo va mal en Guinea. Y cuando se ha querido hacer algo positivo, como hemos “construido” un país en el que no importa lo que piensa el de enfrente, basta con lo que pienso yo, y yo no piensa, pues, todo va de culo.

Piensen un momento, sin entrar a cuestionar el hecho en sí, que debate político hubo y dónde para construir la megaurbe de Oyala, donde se han enterrado más de la mitad de los petrodólares que le han entrado a Guinea.

¿Qué razones políticas, económicas, sociales, culturales, logísticas, estratégicas, operativas o de la índole que fueran aconsejaron el levantamiento de una obra faraónica en plena selva? Y, si las había, por respeto, ¿por qué no se explicaron al Pueblo?

Les decía el otro día aquí que la grandeza de un país se observa en los detalles. Un gobernante no debe perder de vista que gobernar es servir. Y el servicio ha de ser siempre útil al pueblo.

Una buena red de asistencia sanitaria, escolar y un buen proyecto de vivienda, así como el cimiento de una economía productiva y el abastecimiento de alimentos, agua corriente potable y luz eléctrica al pueblo ¿no era mejor y más imperioso para el pueblo que el insulto de Oyala?

En el futuro, y deseo equivocarme, Oyala no va a servir ni para el reciclaje.

La tiranía, envuelta siempre en su manto de vulgar jactancia, no ha sabido, no ha aprendido a relacionarse. No ha sabido cuidar ni aquello que es útil al País. Si se van las compañías aéreas, a falta de una buena y seria compañía de bandera, el aislamiento del país queda garantizado.

Y como la tiranía nunca ha entendido que gobernar es prever, ahora la verás con los hígados colgados al cuello, tratando de amañar un acuerdo mal hecho. Es que, entre tantos ministros, ninguno pudo prever el malestar o la incomodidad de las compañías.

¿Cómo se puede gobernar un país con el único fin exclusivo de perjudicarlo?

Cuando no es el saqueo, es la incompetencia. Le he contado a Obiang, a partir de la afirmación que hacen los fang sobre la yuca: ésta no puede faltar en casa, en el río y en la finca.

Gobernar siendo ignorante, por carambolas de la vida, no es muy extraño en nuestra África. Ahidjo fue telegrafista del ejército alemán en Camerún. Ahora bien, cuando llegó al poder, por la santa voluntad de De Gaulle, conocedor de su falta de preparación, se rodeó de la flor y nata de la intelectualidad camerunesa.

Perteneciendo a la minoría étnica fulbé del norte, nunca le hizo asco rodearse de nvele, grafía, ewondo, bulu, ntumu, etón y miembros de otros pueblos cameruneses, mejor preparados que él.

Por eso el Camerún de Ahidjo funcionó mejor que el de Biya.

Lo que es imposible es que un ignorante gobierne, y gobierne bien, rodeado de ignorantes y energúmenos.
Fíjate en una cosa, y sé sincero, cuántos de tus ministros llegan con propuestas a la mesa del consejo de ministros.

Así ni se gobierna ni el país puede avanzar. Por eso el juicio del Pueblo contra ti será implacable.

Has desperdiciado las oportunidades del Pueblo. Y ahora, ni a ti te sobra el tiempo, ni al Pueblo la paciencia.

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Comentarios

    Esono Ndog

    (diciembre 21, 2017 - 10:42 am)

    Qué artículo tan excelente, con un contenido tan rico y una exposición tan clara.

    Si tuviera oidos, oiría.

    Gracias, gran intelecto, D. Francisco!!

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