Bye bye , 2017; welcome , 2018.

 

Por José Eugenio Nsue , filólogo

No viene mal en estas fechas entrañables en todo el mundo civilizado donde las familias se juntan para cenar copiosamente y beber en exceso ya sea para celebrar el nacimiento del Niño-Dios, la Natividad; ya para celebrar el fin del año en curso y la alegría y la esperanza de recibir el nuevo año; o donde los niños, ansiosos e ilusionados, esperan recibir los regalos que el papá Noel y los Reyes magos les están trayendo; un poco de snobismo, de ahí el presente título de las reflexiones de este último domingo de mes y del año.

Los paisanos guineoecuatorianos, como de costumbre, están terminando el año 2017 tal y como lo empezaron: muertes por aquí, enfermedades por ahí; miseria por aquí, hambre por ahí; violencia y torturas por aquí, detenciones arbitrarias y encarcelamientos por ahí. El sindicato del crimen organizado que controla férreamente a todo un pueblo y lo manipula a su antojo con sus afamados e inhumanos sindicalistas durante casi 40 años no se ha cansado de inventar argucias y maquinaciones para seguir aniquilando y masacrando al sufrido pueblo. 2017 ha terminado igual que los casi 50 años de las dos dictaduras: golpes de Estado simulados y abortados; excusa perfecta para la captura, tortura y eliminación física (una verdadera purga en toda regla), de los incómodos del régimen.

La víctima, esta vez, ha sido LABÁN ABESO; uno de los valientes militares allá donde los haya que, tras colaborar y participar activamente en el derrocamiento de la anterior dictadura en el 3 de agosto de 1979, tuvo que huir de las fauces de los sindicalistas del crimen organizado y exiliarse en los EEUU desde donde ha creído que podía realizar un gesto humano como es visitar las tumbas tus seres queridos e intentar buscar remedios alternativos a las dolencias que dicen sufrir en la espalda; o sea, ha estado en el lugar inadecuado y en un momento inapropiado. Si Dios no lo remedia, hasta cualquiera puede escribir el final de esta tragedia. En el mismo sentido están padeciendo tanto los simpatizantes, colaboradores así como el mismo Gabriel NZE OBIANG, quienes están siendo acosados, asediados, intimidados y violentados simplemente porque no quieren que algunos puedan pasar las Navidades y el fin de año como personas si ellos, los sindicalistas encargados de la “purga”, no lo consienten.

Así que, se va el 2017 dejando al pueblo guineano sumido en un mar de lágrimas, lamentos y de desesperación de miles y miles de compatriotas. Y llega el 2018 y con él podemos hacer dos cosas:

– Seguir creyendo que también va a ser igual que el anterior y el anterior y que, por lo tanto, resignarnos y prepararnos para la hoguera cuando llegue nuestro turno;

– O estar esperanzados de que sí que este año va el definitivo para que las cosas se hagan de otra forma y que los guineanos empecemos a vivir en un mundo justo donde cada uno puede y debe encontrar y conseguir sus objetivos; en un mundo donde los guineanos pueden y deben vivir en paz, dignos, respetados, ilusionados, alegres y ordenados.

Como creyente, no puedo creer un mundo en el que una parte de la población es la que entierra a sus muertos; mientras que en la otra parte todos los suyos viven como ha sido los últimos 50 años en Guinea Ecuatorial; en un mundo en el que una parte es donde hay gente llorando, padeciendo, enfermando y donde sufren torturas, humillaciones y miseria; mientras que la otra parte tiene a los suyos festejando, acumulando bienes, y gozando de una salud de hierro y son los que torturan.

Venimos de celebrar la natalidad del Dios-hecho-hombre; la misión de Este es y ha sido el traer al mundo el Reino de Dios que se traduce como el lugar donde reina la paz, el amor, la justicia, la alegría, el perdón, etc; seguro que al nacer esta vez, su Padre, Dios, le ha dicho que ha de pasar por Guinea Ecuatorial para consolar a los afligidos y humillados, hacer justicia a los maltratados y agraviados y, sobre todo, a traernos un “Mesías” que sepa devolver al pueblo de Guinea lo que le han arrebatado durante 50 años; y así podemos cantar como la Virgen María en el Magnificat: “El Señor ha hecho en mi maravillas: Santo es su Nombre”, Lc 1,49. ¿El principio de la fe no es la esperanza y la confianza en el Creador?

Yo tengo la fe de que pronto, muy pronto, estaremos todas las familias que la barbarie y el sinsentido que los sindicatos del crimen organizado habían separado, de nuevo juntas y, alegres y jubilosos, celebraremos las próximas fiestas navideñas en nuestras ciudades y en nuestras aldeas. ¿Vosotros no os lo creéis?

El saber popular dice que lo que tiene principio, siempre tiene final; todo lo que empieza, acaba; todo el mal tiene sus límites y también dice que “no hay imperio que dure 100 años…; ¿Guinea Ecuatorial va a ser la excepción? Alberguemos la esperanza y tengamos fe: ¡Dios existe y merece la pena confiar en Él!

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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