Cruzar el río

 

Por Francisco Ela Abeme

En la mitología fang-beti se les prohibía a los niños matar o dar caza a las arañas, “porque no sabes cuál te va a cruzar el río”. Es decir, se creía que las almas de los muertos, a lomo de las arañas, remontaba y cruzaban el gran río, para ir al otro lado del límite.

Esto y el culto a los ancestros revelan nuestro paso por Egipto.

Más adelante, a medida que las variables contingencias climáticas fueron sucediéndose, los tabús se fueron diversificándo, hasta el extremo de que hoy conocemos los particulares de cada tribu.

Así se sabe que los esandón -estirpe de Nsue Ondó- no comen “degue”, una especie de anguila. Que los esabok no comen antílope, que los okas no comen gallina, etc.

Son estas prohibiciones, que constituyen el sello de cada tribu, que no hay que creer o dejar de creer en ellas, sino dejar la mente abierta para ello, las que han ido forjando el alma fang-beti.

En Asia Menor ya éramos un pueblo, en Egipto ya fuimos la nación conquistadora que se consolidó en Nubia. Sólo así se puede concebir Djamboga y todo lo que vino después: la conquista de África central y la ocupación del extenso territorio en que se asientan hoy: desde Sanaga, al Norte, hasta Ogüé, ale sur.

En el momento de las independencias, éste era y es el estado que querían construir el Pueblo fabg-beti, para dejar consolidado su sueño como nación.

Guinea era la base, la que serviría de ejemplo para arrastrar al resto. Pero se le cruzaron los Ngema, y ya tenemos que alcanzar un punto para reescribir nuestra historia.

Nuestros próceres, habiendo iniciado el viaje, no han podido cruzar ni remontar el Nilo, porque los Nguema han cazado muchas arañas.

Los tiranos ven cercano el fin, pero como, por tontos, han cazado sus propias arañas, ya veremos cómo cruzan el gran río. No será que no se les advirtió.

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