Del Nsua Bikeiñ (Dote)

 

Es conveniente hablar de las cosas desde el principio. ¡El principio! Cuán difícil es fijar el principio, sobre todo, en estos días en que cualquier pipiolo se cree que el mundo existe desde el momento en que él empezó a darse cuenta de que estaba desnudo y que dejará de existir cuando se muera.

En nuestro caso, vamos a marcar como principio las definiciones: ¿qué es el nsuabikeiñ (dote)?¿En qué consiste?¿Quién lo entrega a quién?¿Qué repercusiones tiene?

El nsuabikeiñ es aquello que simboliza o certifica el matrimonio en la cultura fang. Sin el nsua, el fang no considera que hay matrimonio. Por tanto, toda convivencia (en sexo) entre un hombre y una mujer en la que no medie el nsua se considera una pareja de hecho; que en fang decimos eboan. También solemos decir: betoo (viven juntos).

El nsuabikeiñ consiste, en la actualidad, en una cantidad de dinero determinada a discreción por la familia. En general, esta cifra suele estar entre 300 000 y 1 000 000 FCFA. Es posible que se registren sumas inferiores o superiores a las indicadas, pero serían grandes excepciones. Antes de la colonización y antes de la implantación del dinero, el nsuabikeiñconsistía en un alijo de objetos metálicos (puntas de lanzas o flechas, brazaletes, collares, cuchillos, etc.).

El nsuabikeiñ lo entrega el padre o representante de la familia del novio a su homólogo de la familia de la novia, en un acto solemne en delante de ambas familias al completo y en presencia de los demás invitados.

El nsuabikeiñ simboliza la formalización, legitimación y legalización del matrimonio. Por lo que, a partir del momento de la celebración de ese ritual, la novia pasa a ser una mujer casada; es decir, pasa de ser una ngoanayong a una minaayong. Lo cual supone que sus hijos de ahora en adelante (mientras sus padres estén en posesión del nsua recibido) son del ayong de su marido.

En la cultura fang el matrimonio se concibe como un asunto familiar y de ayong. Porque la vida se desarrolla en el seno de la familia y del ayong; y el matrimonio está destinado a procrear vida. En este sentido, los fangconsideramos que, al casarse una pareja, la familia de la novia “pierde” un miembro, que “gana” la del novio. Y este nuevo miembro que gana la familia del hombre es precisamente el garante de la procreación.

Esta lógica de fondo es la que llevó a configurar el matrimonio fang del modo en que está configurado. Porque el nsua es una forma de reconocimiento y agradecimiento a la familia de la mujer, por parte de la familia del hombre, por cederles un miembro que va a contribuir a su reproducción. Por otra parte, el nsua tiene también el sentido de la reposición; es decir, una especie de depósito para que la familia de la mujer pueda recuperar el miembro que ha cedido. En efecto, el nsua recibido, en el más estricto sentido de la tradición, sólo puede usarse para que un varón de la familia contraiga matrimonio, reponiendo así el miembro perdido.

Continuando con la concepción familiar y de ayong del matrimonio en la cultura fang, huelga señalar que tanto el nsua como los otros gastos inmanentes al casamiento tradicional son sufragados de manera colectiva. Es decir, si bien, el grueso de los gastos le corresponde o es responsabilidad del novio, éstos se pagan con la aportación de los miembros de la familia y del ayong que hubiera por ahí. Dicho de otra forma, el nsua y demás gastos del matrimonio se solventan de manera colectiva entre los miembros de la familia: es así como está pensado y estipulado y como debe ser. De ahí que los fang digamos que la mujer es del ayong: mina ane mina ayong. Y por eso, de entrada, los dos contrayentes del matrimonio no lo pueden deshacer unilateralmente sin el concurso de ambas familias. En cierto modo, hemos ahí una de las principales razones de la estabilidad de nuestros matrimonios.

A partir de aquí se pueden hacer diversas consideraciones sobre los distintos aspectos expuestos.

Como es bien sabido, el matrimonio es una institución universal, en tanto que se registra en todas las sociedades y culturas a lo largo y ancho del mundo y del tiempo. Este formalismo social tiene su escenificación según las distintas culturas que pueblan la Tierra. Y es como debe ser. La pretensión de algunos de homogeneizar este rito a nivel mundial nos parece equivocada por dos razones que se retroalimentan: por una parte, porque supone el prevalecimiento de una opción sobre las demás y, por otra, porque supone acabar con la diversidad existente; que es una riqueza y un patrimonio universal.

En la actualidad, en Guinea Ecuatorial tenemos en vigor, al menos, tres tipos de matrimonios reconocidos por el estado: el consuetudinario (según cada cultura), el civil (por los juzgados o ayuntamientos) y el canónico (por las iglesias).

Los que somos fang y nos consideramos como tales y no detectamos ninguna incompatibilidad entre ser fang y tener formación o ser moderno, le damos mucha más importancia al matrimonio consuetudinario; es decir, al matrimonio simbolizado y encarnado con por el nsuabikeiñ. De hecho, a este matrimonio tradicional lo consideramos el matrimonio de verdad.

Y es que, en este mundo globalizado, más que nunca se hace necesario reforzar la identidad de cada cultura, representada en parámetros vitales como la lengua, los nombres, el matrimonio y los ritos referentes a la muerte y al nacimiento.

 

EYI NGUEMA MAGUE

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Comentarios

    Ndong

    (mayo 22, 2018 - 8:23 am)

    Suscribo por completo el contenido del artículo; como fang, orgulloso de hacerlo como lo hacemos.

    Muchas gracias por el contenido y la brillante exposición.

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