Cuando el cinismo se convierte en el Modus Vivendi

 

Por José Eugenio Nsue.

Todo el mundo conoce la lacra de la inmigración, los motivos que la causan, las consecuencias de la misma  así como la procedencia de los que la padecen en su mayoría. La inmigración junto con el terrorismo y el narcotráfico son las actuales amenazas de la humanidad en este siglo XXI y precisamente, la inmigración es la clara muestra del fracaso de la humanidad, del mundo civilizado y también es la respuesta de los desposeídos y paupérrimos del Tercer mundo frente a los innumerables avatares de sus países de origen: la pobreza extrema, las enfermedades, las guerras tribales o étnicas, religiosas o provocadas por compañías occidentales que acaparan y explotan inmisericorde los recursos naturales de los países africanos (petróleo, diamante, oro, coltán, madera…); las persecuciones por ideologías políticas o por la libertad de expresión, culto o de pensamiento; y también por querer materializar y conseguir los legítimos sueños de toda persona cuales son vivir dignamente y realizarse como persona; otros se escapan de las prácticas ancestrales que denigran al género humano tal como la mutilación genital o ablación femenina…, razones que hacen que miles y miles de personas se vean obligadas a abandonar sus respectivos países, en su mayoría africanos, asiáticos y latinoamericanos en busca de una vida mejor. En es huída, muchos inmigrantes caen en manos de las mafias que se lucran con la miseria y el sufrimiento de los pobres de los que llegan a cobrar cantidades inimaginables para poder ser trasladados a ese Primer mundo de ensueño. Esos hacen verdaderos milagros y sacrificios para poder alcanzar esa ‘tierra prometida’ que es Europa para los africanos, asiáticos y muchos suramericanos, y América del Norte (Canadá y USA) para los latinoamericanos. En ese intento de querer alcanzar las costas de Europa por ejemplo, perecen un número incalculable de inmigrantes tanto es así, que el Mediterráneo y el Atlántico  se han convertido en el cementerio más grande del mundo.

España conoce ese fenómeno de sobra porque es la frontera sur de Europa con el continente africano; cada año entran en España por Canarias (Lanzarote, Fuerteventura, sur de Gran Canaria…), por Andalucía (Algeciras, Cádiz, Málaga…) y por Ceuta y Melilla cientos de miles  de inmigrantes que utilizan cualquier medio para ello: pateras, lanchas rápidas, cayucos o saltando las vallas. Esta misma semana han llegado por Andalucía y Canarias más de 1500 personas y los que se agolpan y merodean las vallas del sur de España se cuentan por miles sin contar aquellos que arriesgándose sus vidas se suben en esas vallas alambradas temibles e intentan saltar, y lo consiguen.

En todas y cada una de las ciudades españolas se puede ver a cientos de miles de esos inmigrantes deambulando por las calles, haciendo el ‘top manta’ o trabajando en algunos campos o internos sin ninguna cobertura legal, sin papeles y sin derecho a nada a parte, los salarios míseros que les pagan. Muchos de esos inmigrantes no pueden alquilar pisos por falta de ‘papeles’ y por falta de nóminas mientras que las instituciones miran por el otro lado, hasta algunos policías locales y nacionales se “entretienen” acosándolos y haciéndoles la vida imposible. En todo ese tiempo no se ha oído ninguna voz de ningún responsable político de primera línea ni de segunda línea ni de la tercera línea quejarse de esta situación ni mucho menos de proponer nada para arreglar esa situación. Cuando llegan pateras en las costas españolas tanto en el archipiélago canario como en Andalucía nunca jamás se ha visto a ningún presidente autonómico, a ningún alcalde; no digamos al presidente o ministro del gobierno español ir a recibirlos o dar algunas instrucciones para que se les acomode como personas que son. Los que hemos vivido de cerca, muy de cerca, ese drama de la inmigración, a los únicos ‘pringados’ que suelen hacer acto de presencia cuando llega una patera o cuando hay una embestida de los miles de africanos que desde Marruecos intentan entrar a fuerza en España, suelen ser la Guardia Civil, la Cruz roja, la Protección Civil además del Salvamento Marítimo.

Ahora ha bastado con que el barco de Médicos sin fronteras, Aquarius, haya sido rechazado por Italia y por Malta adonde tenía previsto arribar con unos 600 inmigrantes a bordo; el resto de Europa en un silencio cómplice; para que el flamante presidente del Gobierno español, el excelentísimo señor don Pedro Sánchez en su bonhomía, altruismo, humanismo y salvador de la patria que le caracteriza, tuviera a bien apiadarse de esa pobre gente que estaba flotando en la intemperie en el alta mar y ordenara que vinieran a España, a Valencia, para que una fiebre solidaria se apoderase de repente a los españoles y se ofrecieran a acoger a esos pobrecitos que estaban a punto de morir en el barco en la tierra de nadie. Ha bastado que el buen hombre de don Pedro Sánchez hablase para que los Ximo Puig (Presidente de la Comunitat Valenciana), Ada Colau (alcaldesa de Barcelona), Manuela Carmena (alcaldesa de Madrid), Iñigo Urkullu (Lehendakari del País Vas), Alberto Núñez Feijóo (Presidente de la Xunta de Galicia), así como numerosos españoles se ofreciesen para acoger a esos inmigrantes del barco Aquarius. Todos los que pudieron, se presentaron en el puerto de Valencia para recibirlos al estilo “Bienvenido, Míster Marshall”.

Es verdad que entre los más de 600 inmigrantes del barco había mujeres embarazadas, al igual que en muchas pateras que llegan a Canarias y Andalucía; había menores que viajaban solos, igual que los que saltan las vallas de Ceuta y Melilla o los que vienen debajo de los camiones procedentes de Marruecos; había gente enferma, al igual que los que intentan los venir a Europa a través de los cayucos… Entonces, ¿qué tienen los inmigrantes del barco Aquarius que no tienen los que vienen en patera, a nado o saltando las vallas de Ceuta y Melilla? ¿Cómo es posible que esos políticos y ciudadanos que ahora se ofrecen en acoger, alojar y cuidar a los 600 de Aquarius, no han sido capaces de hacerlo con los miles de inmigrantes que deambulan por sus ciudades sin que nadie se apiade de ellos? ¿Hay inmigrantes de primera  y otros de segunda o se trata de postureo? Ahora que han sido acogidos los 600 de Aquarius, ¿también les darán viviendas dignas, permisos de trabajo y residencia; les darán unas pagas dignas que les hagan realizarse como personas así como una educación y sanidad de calidad a los niños y niñas del barco…, que para eso se han arriesgado sus vidas para llegar hasta el Primer mundo?

Los inmigrantes sabemos lo que queremos y sabemos lo que nos hace falta para no arriesgarnos nuestras vidas; los políticos del Primer mundo y de la Comunidad Internacional también lo saben.

Salimos de nuestros países porque nuestros gobernantes son todos corruptos, practican la violencia contra sus propias poblaciones y son incapaces de gobernar en favor de todos; esquilman a sus pueblos y saquean los recursos del Estado y vienen a esconderlos a Occidente, esos recursos con los que se podían resolver los problemas de los ciudadanos. Nos escapamos de nuestros países porque hay demasiado violencia, guerras étnicas, tribales o por religiones que hacen que nos matemos los unos a los otros. Huimos de nuestros pueblos por falta de expectativas de una vida mejor, por falta de trabajos, de Sanidad y la educación de calidad. Abandonamos nuestras aldeas por las hambrunas, sequía, hambre, epidemias, excesiva mortandad infantil… causadas por la contaminación medioambiental y el calentamiento de la atmósfera fruto de la codicia de las potencias mundiales y esos mismos líderes y potencias mundiales son los que mantienen tanto a los políticos delincuentes e inoperantes del Tercer mundo como las estructuras injustas de reparto de las riquezas mundiales.

Si los Pedro Sánchez de turno quieren ayudarnos, en vez de darles dádivas a unos cuantos inmigrantes, que se agradece, mejor sería ir a la raíz del porqué de la inmigración e intentar atajar el origen de la misma, seguro que así dejará de haber pateras, cayucos, embestidas o avalanchas en las vallas y barcos negreros. Mientras sigue habiendo los José Bono, los Moratinos, los José Luis Rodríguez Zapatero, los Luis María Ansón y los Reyes eméritos que van a agasajar y a apabullar con medallas y condecoraciones a Obiang, uno de los dictadores más crueles y sanguinario, causante de la inmigración africana; los Nicilas Sarkozy, los Vladimir Putin, los Xi Jinping que lo único que les interesa es hacer negocios y alianzas estratégicas en su favor con los dictadores de todo el, el tema de la inmigración seguirá siendo una demagogia entre muchos occidentales donde dicen una cosa y hacen todo lo contrario como hasta ahora.

Pedro Calderón de la Barca decía: “Cosas hay que aunque se digan, no son para que se entiendan. Tantos años he pasado en España y he oído de los políticos españoles decir tantas cosas que cada vez entiendo menos”; esto de la inmigración es una de ellas.

 

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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