Nadie es profeta en su tierra

 

Por José Eugenio Nsue

En África, lamentablemente, se cumple literalmente la sentencia de Jesús de que ‘nadie era profeta en su tierra’, Jn4:44. Esta semana estamos llorando la muerte de KOFI ANNAN (Kumasi, Ghana; 8/04/1938 – Berna, Suiza; 18/08/2018); político, diplomático y economista prestigioso (estudió en Kumasi, Ghana; EEUU y Suiza); casado primero con la nigeriana Titi Alakija hasta 1983 y con la sueca Nane María Wallenberg desde 1984; ha sido padre de tres hijos: Kojo Adeyemo Annan, Ama Annan y Nina Cronstedt de Groot. Antes de ser nombrado Secretario General de la ONU entre 1997 y 2006 pasando a ser el primer negroafricano en dirigir ese organismo internacional, KOFI ANNAN fue Subsecretario General de Operaciones de Movimiento de la Paz, luego Secretario Gral Adjunto de las Naciones Unidas; en 1993 fue elegido máximo responsable de la operaciones de paz durante la guerra civil en Bosnia – Herzegovina. Ha sido considerado defensor de la Paz (estuvo en contra de la invasión de Irak), defensor de los DDHH y un luchador contra el Sida.

Ha tenido muchos reconocimientos por su labor de impulsor y defensor de la Paz por ello, le dieron en el año 2001 el Premio Nobel de la paz; también ha sido distinguido con: Collar de la Orden de Estrella de Rumania, Caballero de la Gran Cruz de la Orden de San Miguel y San Jorge, Cruz Federal de la Republica de Alemania al mérito, Freedom Award, Gottlieb Duttweiler Prize, Gran Cruz de la Orden El Sol de Perú, Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, Gran Cruz de la Orden del mérito de la República de Polonia, Gran Collar Of the Order Of Good Hope, Knight Grand Cross in the Order Of the Netherlands Lion, Medalla Conmemorativa del 850 aniversario de Moscú, Medalla de la Libertad de Filadelfia, Orden al mérito de la República de Austria, Premio Confucio de la Paz 2012, Gran oficial de la Legión de Honor 2013, etc, etc.

Ahora lloramos por la muerte de un ilustre hijo africano, de África negra; el 5 de diciembre de 2013 lloramos igualmente la del otro ilustre y prestigioso africano, Nelson Mandela (murió en Houghton Estate, Johannesburgo, Sudáfrica); un abogado luchador pacifista por los derechos de los negros sudafricanos y contra el ‘apartheid’ (segregación racial) lo que le costaron 27 años de cárcel hasta el año 1990. En 1994 fue elegido presidente de Sudáfrica donde estuvo cinco años renunciando a su segundo mandato. Tras tanto sufrimiento, tantas torturas y tantas muertes de su gente, MADIBA que así le llamaban con afecto su tribu, salió de la prisión sin rencor y sin odio (os recomiendo que veáis ‘Invictus’), se puso al frente de su partido, el ANC, y del Gobierno para predicar el perdón, la compasión, la no violencia y la unidad de todos los sudafricanos sean del color que sean y profesen la religión que profesen lo que le valió el reconocimiento mundial y la comparación con Mahatma Gandhi o Martin Luther King como padres de la lucha por los derechos humanos sin otras armas que las palabras, la no violencia.

Esa acritud pacifista suya le hizo ganar también a Nelson Mandela el Premio Nobel de la paz que compartió con Frederik De Klerk en 1993, entre otros muchísimos premios y reconocimientos como: Bharat Ratna (condecoración y honor supremos de la India); Medalla Presidencial de la Libertad 2002 (que otorga el presidente norteamericano), Persona del año 1993 de la revista Time, Orden de Canadá y Ciudadano honorífico de Canadá 2001, Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 1992, Premio de la Paz de Mahatma Gandhi, Premio Lenin de la Paz, Premio Internacional Simón Bolívar 1983, etc.

A pesar de que Nelson Mandela como Jesucristo; no sólo predicó lo que él entendió que debía consistir el comportamiento de la persona, las relaciones humanas para que reinase la concordia, la armonía y la buena vecindad así como los principios fundamentales y los valores humanos; también dio ejemplo de cómo administrar y gestionar la ‘res pública’; cómo un país africano podía vivir en democracia sin tener que envidiar a los de otros continentes. Su lección magistral de dejar el poder, la presidencia del país y la del partido cuando estaba en lo más alto de la fama, reconocimiento y popularidad en favor de Thabo Mbeki, cosa impensable en esta África donde los presidentes se momifican en el poder y las presidencias pasan a ser cargos hereditarios que pasan de padres a hijos per secula seculorum; su ejemplo no ha sido secundado por nadie ni en su país natal ni en el resto del continente. A partir de ahí se ha dilapidado todo lo que construyó MADIBA. Tanto Thabo Mbeki como Jacob Zuma han demostrado que el africano sigue estando muy lejos de entender de qué va eso de la democracia, la buena gobernanza y la gestión de los bienes del Estado.

Es curioso que los africanos que son laureados fuera de su continente; son ejemplares, eficientes y pragmáticos en el ejercicio de sus funciones y profesiones; son admirados, valorados y reconocidos cuando menos allí donde ejercen en los organismos internacionales, en las empresas multinacionales, en las instituciones educativas (universidades, institutos, escuelas profesionales y públicas…), religiosas; en las administraciones públicas y en los sectores privados; en cambio, en el continente de procedencia haya tanto caos, una inoperancia supina y un desorden que dan mucha pena.

A diferencia de Nelson Mandela, Kofi Annan es ‘reprochado’ por muchos africanos porque dejó durante su mandato al frente de las Naciones Unidas a África de lado, igual o peor de como la encontró; no usó ni utilizó toda su experiencia, su sapiencia y su influencia o ‘poder’ para obligar a los gobernantes africanos a democratizar el continente. Como Secretario General de la ONU, una Organización que reúne a todos los países africanos cuyos mandatarios son casi todos dictadores y corruptos; pudo haber hecho algo para llamarles o invitarles bien con dotes diplomáticos que le sobraban, bien con presión a ser humanos con sus ciudadanos y para que respetasen los derechos humanos. En el 97 cuando accedió al cargo de Secretario General de las Naciones Unidas, Obiang Nguema de Guinea Ecuatorial, Paul Biya de Camerún, Omar Bongo de Gabón (ahora le ha sucedido su hijo Alí Bongo), Denis Sassou-Nguesso del Congo Brazaville, Idriss Déby de Chad, José Eduardo Dos Santos de Angola (Hasta 2017), Hage Geingob de Namibia, Mahamadou Issoufu de Níger, Paul Kagame de Ruanda, Omar Hassan Ahmed al – Bashir del Sudán del norte, Robert Mugabe de Zimbabue (hasta 2017), etc, etc eran presidentes y los dejó siendo presidentes y lo único que hizo con ellos fue hacer fotos con ellos y estrecharse las manos.

El mal de África ha consistido precisamente en que sus eminentes e ilustres hijos, aquellos africanos cualificados, rectos en sus conductas, altruistas, comprometidos con la naturaleza y con la sociedad y eficientes se han quedado fuera de sus países principalmente en Europa y América del Norte y ahí es donde están demostrando lo que son capaces, y su valía está siendo reconocida y valorada; un hecho que hace que el propio continente no sé beneficie de sus recursos humanos y como consecuencia de ello, África se llena en sus instituciones de mediocres, intrusos, arribistas, golfos, latrocinios, embrutecidos e insensibles; aquellos que no les importa nada más que sus estómagos, sus familias y, a lo sumo, a sus amigos; esos que utilizan las instituciones del Estado en beneficio propio y son incapaces de velar por el interés general.

Guinea Ecuatorial es el claro ejemplo de lo que aquí afirmamos; ¿cuántos guineo ecuatorianos son economistas reconocidos, profesores, catedráticos universitarios respetados en sus lugares de trsbajo; médicos solventes, letrados competentes y militares y policías cabales y eficaces; periodistas e informadores profesionales y de acreditada solvencia; sacerdotes y religiosos ejemplares…; mientras que el país carece de lo mínimo para enderezarse?

Hasta que los africanos de bien que pululan por el mundo vuelvan a sus países y apliquen ahí la misma disciplina que emplean en sus respectivos lugares de trabajo, el mismo rigor que les caracteriza y la misma profesionalidad y saber hacer con los que están actuando; y hasta que África no se dé cuenta de que es posible que los hijos e hijas de un continente pueden y han fe ser ‘profetas’ en sus tierras, seguiremos siendo el continente de hazmerreír del planeta tierra.

Como dijo el mismo Mandela: “La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad “.

No creo que exageraría si afirmara que esta frase les va tanto al mismísimo Nelson Mandela como al hoy llorado Kofi Annan; estos dos ‘geants’ (grandes) son el orgullo de África negra y merecen dormir plácidamente por toda la eternidad. Vuestro legado nos tiene que orientar y vuestros nombres permanecerán para siempre en nuestra memoria; RIP, KOFI ANNAN y NELSON MANDELA.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

 

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