Las etnias y la democracia, difícil convivencia

 

Por José Eugenio Nsue

Uno de los dilemas existenciales que me corroe y se desborda es la cuadratura del círculo entre las etnias, las tribus y la democracia. Desde siempre me he preguntado si sería posible vivir en la democracia o practicarla en una sociedad dividida por etnias, tribus y clanes.

Si bien las etnias (una etnia, del griego ‘ethnos’ = pueblo o nación, es un conjunto de personas que tienen rasgos culturales en común tales como idioma, religión o creencia, alimentación, festividades, arte o vestimenta, que comparten nexos históricos o territoriales; costumbres y características que se conservan a través de los años como símbolo de identidad), han existido desde la creación de la humanidad en todos los continentes pero en cambio, África es el continente que se ha quedado prácticamente con estas estructuras sociales en el seno de sus territorios; y a parte de las etnias, también nos identificamos los africanos con las tribus (dícese de una agrupación o asociación social y política propia de pueblos primitivos e integrada por un conjunto de personas que comparten un origen, una lengua, unas costumbres y unas creencias y que obedecen a un mismo jefe; también se define la tribu como un conjunto de familias que tienen un antecesor común), y con los clanes (en su acepción de ‘grupo social’ formado por un número de familias que descienden de un antepasado común, real o mitológico, y que reconocen la autoridad de un jefe; tiene su origen en sociedades primitivas o rivales).

Todos estos conceptos: etnia, tribu, clan, linaje… evocan un pasado muy lejano (primitivismo) que tuvo su importancia y su razón de ser en un contexto histórico, cultural y social concretos cuyas realidades nada tienen que ver con la actualidad. En primer lugar, en el caso de África, y creo que en otros continentes, no había ciudades ni cosmopolitas ni industriales; la gente era nómada e iba quedándose donde las condiciones de vida le era favorables y así, fueron construyendo asentamientos que luego se convirtieron en aldeas y después en pueblos. Cada una de esas aldeas era habitada por una sola tribu, etnia o por un solo clan. Este hecho puede explicar las continuas luchas que se llevaban a cabo las diferentes etnias para buscar la hegemonía de la zona, a parte de que muchas de ellas eran beligerantes y agresivas que otras y también por razones de supervivencia, había que ir a atacar a los vecinos ya sea para quedarse con su ganado, ya para quedarse con las tierras y los cultivos de las otras tribus o para someter a la otra etnia (los antropólogos, historiadores y sociólogos pueden explicarlo mejor). Desde el punto de vista literario encontramos un sinfín de refranes y dichos étnicos y tribales en la literatura oral africana que demuestran la falta de entendimiento y afinidad entre etnias, la supremacía de cada una de las tribus frente a las demás…; por ejemplo, en fang, una de las cinco etnias de Guinea Ecuatorial, se dice:

AYONG YA AYONG BĚ ZĚ MBÄ ANÈ NKIÉ OVÓN (literalmente: cada tribu tiene su manera de fabricar el mango del hacha); lo que viene a significar, en mi opinión, que cada etnia o cada tribu hacen las cosas a su manera que hay que respetar sí o sí y es la mejor.

NDÀ ENE DJÂ, BINONG BINÊ ÉTÉ BIBAIÑ (la casa es una pero con dos camas); se puede ser de una misma etnia pero de clanes diferentes; o sea, que no hay que inmiscuirse en cuestiones o asuntos de otras familias.

N’GUÉ WA AYOG NÉ DJIGUÌ AKING, OYEM’NÉ ÑUÁ EÑE AYAM (si te quemas al comer, es porque tu madre es la que ha preparado la comida); viene a decir que hay que soportar y aceptarlo todo aunque esté mal cuando lo hacen los tuyos.

NTÖ OZÉ ANGAM, ¿DZÁ YIRÍ EMOAN NTÖ? (nadie defiende al primogénito pero, ¿quién le ha agredido sin que le defiendan?; lo que viene a decir que la tribu o clan ha de defender siempre a sus mayores.

Esta forma primitiva de organización social según las etnias, tribus o clanes empezó a cambiar con la llegada de los colonos que introdujeron los asentamientos en los cuales se concentraban familias de etnias y tribus diferentes; asentamientos que se convertirían en unas especies de ciudades porque se habían construido en los mismos edificios para albergar cuarteles militares, iglesia, centros de salud o boticarios, escuelas y factorías o comercios que después pasarían a llamarse ciudades; ellos obligaban también a los nativos cuando menos en pueblos concentrados; idea que no fue aceptada con agrado por los oriundos inicialmente porque nadie quería abandonar el lugar donde descansaban los restos de sus ancestros tampoco querían mezclarse unas tribus con otras, unas etnias con otras pero el éxodo rural a causa de la transformación de la economía primaria a secundaria y terciaria, una incipiente industrialización, era inevitable pero, no obstante, hasta hoy la convivencia entre las etnias y entre las tribus en África sigue creando serios problemas ya que nadie quiere dar su brazo a torcer; cada grupo étnico quiere llevar a la ciudad las costumbres y tradiciones que le son propias y no tolera que el vecino que es de la otra etnia le reproche.

Resulta que la democracia tal como se entiende en todo el mundo, es una forma o sistema de gobierno en el que el pueblo interviene directa o indirectamente en el gobierno del Estado; en el que los cargos políticos se votan libremente según la opción política que más convenza sin que se tenga en cuenta la procedencia ni el origen ni mucho menos el color de la piel o sexo. La democracia es dar la voz y el voto al pueblo para que elija a los gobernantes que le representan y estos adquieren la obligación de someterse ante el pueblo soberano; de esta forma, vemos que toda Europa, casi toda América; si exceptuamos la Venezuela actual, Cuba y Nicaragua; Australia y bastantes países asiáticos han elegido como el sistema menos malo y más efectivo la democracia. A nadie le importa en España si el candidato a la presidencia del Gobierno es andaluz o canario; madrileño o guipuzcoano; gallego o manchego; ni tampoco a los norteamericanos les importa que la candidata o candidato es de Whasington o de Wisconsin; de Florida o de Chicago; lo que les importa son las aptitudes y la solvencia moral y económica de sus políticos; si es honesto, cuál es su personalidad; qué formación académica así como el programa con el que se presenta para poder ser elegido; de la misma forma, también es inconcebible ver en el mundo civilizado un Gobierno formado por regiones, comunidades autónomas o por Estados donde quepan 52 ministros según las 50+2 provincias españolas o 50 ministros de los 50 Estsdos que conforma los Estados Unidos.

Un país como los Estados Unidos con una población de más de 250 millones de habitantes y formado por 50 Estados, a penas llega a una decena de personas (Secretarios de Estado) los que lo gobiernan cuando un minúsculo país como Guinea Ecuatorial con un millón de habitantes mal contados tiene un Gobierno formado por más de 47 ministros.

En resumen, siempre he pensado que hasta que no resolvamos la cuestión étnica, tribal o clánica en nuestras sociedades; hasta que no abandonemos el sentido excluyente que engloba nuestra afirmación identitaria y hasta que no seamos capaces de discurrir, discernir, razonar con la inteligencia y no con los sentimientos y el corazón, los africanos podemos ir olvidando la idea de la democracia en nuestras sociedades.

El africano es más visceral que reflexivo, más tradicional que moderno y más conservador que innovador o progresista. Nos vemos quedado anclados en un pasado paleolítico desde el punto de vista existencial y social que hace imposible encajarnos en Las nuevas estructuras sociales y sistemas de gobiernos. Tan mucho que nos vistamos de Pedro del Hierro o de Emilio Tucci; tan mucho que conduzcamos Mercedes-Benz, BMW, Audis, Toyota Prado o Lexus; tan mucho que tengamos Boeing 777, Yates y construyamos chalets y palacetes, mientras que no modernicemos nuestra cosmovisión y mientras que no democraticemos nuestra manera de cohabitar; es decir, si no prioricemos la inteligencia y la razón en lugar de la fuerza bruta y reacciones primarias y sentimentales, africanos seguiremos siendo en su connotación peyorativa.

Pienso que Booker Tollaferro Washington (líder estadounidense, 1856 – 1950) tenía razón cuando afirmaba que: “En las cosas que son puramente sociales podemos ser tan diferentes y separados como los dedos, pero hemos de ser uno solo como la mano en todas las cosas esenciales para el progreso mutuo”. Si los países africanos queremos progresar como Naciones, tenemos que ser uno como la mano en cosas esenciales. El tribalismo y las etnias nos matan como Estado y como personas porque nos dividen.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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Comentarios

    papa wemba

    (septiembre 10, 2018 - 8:08 am)

    Gracias hermano Jose por este articulo, ojala pudiesemos todos tener acceso a internet y dedicar tiempo a la lectura…la verdad MUCHAS GRACIAS

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