Annobón

 

Por Fco ELÁ ABEME

Guinea Ecuatorial se juega su prestigio como nación en nuestra querida pequeña isla austral.

A penas alcanza los 20 kilómetros cuadrados, y, como una pequeña cáscara de nuez, ahí se encuentra enclavada, incólume, en medio del mar océano, desafiando el paso del tiempo y sus cosechas históricas.

Es la tierra más alejada de todas las que forman nuestro solar patrio.

Sus increíbles playas, de una extensión y anchura impropia de su cabida, aunque lo parezca, curiosamente, no son de arena blanca, sino de conchas de moluscos, que se han ido desgastándose, por la acción erosiva, hasta alcanzar el tamaño de un grano de arena. Su cueva del ” amor” capaz de alojar a más de cien habitantes…

Un enamorado de esta bella, encantadora y mágica tierra, el coronel don Ángel García Cogollor, casado con la princesa Apesi, nieta de último rey de los benga de Corisco, don Santiago Ujanda, ciñó su tesis doctoral, en la Sorbona, en geofísica, sobre nuestra querida isla de Annobón, lo que le permitió plasmar el mejor mapa geofísico que se conoce de la tierra ambó.

Don Ángel fue el Fundador y director del Observatorio Geofísico de Moka, en nuestra Guinea.

Traigo a colación todo esto, pensando en la infamante visita del inefable fundador el otro día, durante la que, aprovechando que pasaba por aquí, no se limitó a cantar las supuestas excelencias que su omnipresente gobierno ha llevado a Annobón, sino que, en un ambiente de degradación moral, embistió como un marrajo contra un ilustre ciudadano de esta tierra.

La lejanía annobonesa le confiere ese delicado ” status”, que exige de nuestro país un delicado esfuerzo, para sacar a relucir toda la potencialidad de Annobón, en materia de pesca y turismo de descanso, además de su propia situación estratégica en el atlántico sur.

Los ambó son los primeros que se alzaron contra el colonialismo en Guinea Ecuatorial. Aquí es donde el conde de Argelejo y su expedición, venidos desde Montevideo para tomar posesión, en nombre del reino de España, de Guinea, en un intercambio de cromos, entre España y Portugal, encontraron la muerte, cuando los annoboneses los confundieron con cazadores de esclavos.

Aquí no podemos bajar la guardia, hay que cuidarla con la misma delicadeza con que se cuida a un huérfano o a una viuda, para que no recuerden a su padre o su marido, aunque fueran indeseables.

Las demás tierras guineanas las tenemos a mano, Annobón, no. Por eso tenemos la delicada obligación de cuidarla, elevar al máximo el nivel de vida de sus habitantes y hacerles sentir hijos de su tierra, a la quieren tanto.

Hay que trabajar para que los annoboneses se sientan y nos sientan más cercanos. Nos jugamos nuestro prestigio como nación.

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