La solidaridad, es la esencia de la Humanidad

Por José Eugenio Nsue

Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos diciéndoles: gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido…” (Lucas 15, 4-6).

Yo que soy crítico de como se está comportando la gente de esta nuestra sociedad occidental moderna en general, y sobre todo la española en concreto, de cómo a falta de valores y principios éticos tradicionales, las personas ‘modernas’ se han vuelto libérrimas, superficiales, arribistas, ateas o agnósticas y, exageradamente materialistas, de ahí todo lo que vemos y vivimos a diario: violencia por doquier, asesinatos de mujeres por hombres enajenados, ingesta descontrolada de alcohol, tabaco y estupefacientes por adolescentes y mayores, el fracaso escolar, la falta de respeto hacia los padres, los profesores y hacia la autoridad; la anarquía, la insubordinación y la indisciplina; da la impresión de que la sociedad se está convirtiendo en una Aldea sin ley.

De la misma forma, me impresiona, me ha impresionado y admiro desde que llegué a este país el nivel de solidaridad, de humanidad y de la profesionalidad de los cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado español, de los sanitarios y todo un sector amplísimo de la población que muestran cuando haya ocurrido una desgracia, una catástrofe natural nacional o internacional. Cualquier problema que puede tener cualquier persona nacional o extranjera, legal o ilegal que se encuentra en el territorio español, accidentes, enfermedades, secuestros o desapariciones; o cualquier español que se encuentra en cualquier parte del mundo que esté en peligro o haya tenido una desgracia, etc, se activa el protocolo habilitado correspondiente, se mivilizan todos los dispositivos y efectivos preparados y destinados a tales efectos; no importa quien sea, no importan las razones o motivos, no importa donde haya y no tienen que pedir ni autorización, ni permisos; la policía, los militares, la Guardia Civil, los servicios de emergencia, la protección civil, la Cruz roja, etc están al tanto las 24h y dispuestos a auxiliar, rescatar, socorrer y aliviar en lo posible los sufrimientos de las personas, que para eso están y po eso juraron la bandera, los que lo hicieron, para servir a España que son todos y cada uno de sus habitantes y todos los que residen en ella desde la Casa Real hasta el último inmigrante que acaba de entrar en las aguas territoriales; ‘todo por la patria’. Los ministerios no escatiman gastos, desde barcos, aviones, helicópteros…, todo cuanto tiene el país en materia de la defensa y seguridad, está al servicio de los ciudadanos y sus bienes sin la más mínima excepción; hasta se mivilizan todos para salvar a un perro perdido, una vaca o gato en peligro; muchos agentes y efectivos de la seguridad del Estado pierden sus vidas en el acto de servicio intentando salvar vidas humanas. No se rinden hasta que hayan resuelto la situación.

El resto de la población en su conjunto no se queda atrás en la disposición de querer ayudar siempre; ¿que se haya desaparecido una persona?, siempre se presentan muchos voluntarios dispuestos a colaborar en la búsqueda de la desaparecida, otros se ofrecen para llevar comida, mantas o lo que haga falta; ¿que haya habido una catástrofe o un accidente allá donde sea?, se ve cómo surgen oleadas de gente solidaria dispuesta a ayudar. El cuerpo de bomberos así como los sanitarios son otros grupos humanos que siempre dan la talla en cualquier circunstancia con tal de salvar vidas. En España, la vida de la persona sí que importa, cuenta y es tenido en cuenta por parte de los profesionales, de la administración, de los políticos en su gran mayoría y por parte de un buen número de ciudadanos.

No hace mucho vimos cómo se movilizó la gente para encontrar a la profesora Laura Luelmo desaparecida en El Campillo, Huelva; luego se supo que fue violada y asesinada, presuntamente, y había que encontrar y detener al malnacido y desgraciado asesino. No hubo tregua ni por parte de los vecinos ni por parte de la Guardia Civil ni de la policía local y cómo estuvieron pendientes las autoridades locales, provinciales y nacionales; los alcaldes, delegada del Gobierno en Andalucía así como los portavoces de las fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado estuvieron día y noche en el lugar del crimen y dando explicaciones tanto al público en general como a los familiares en particular mientras que los psicólogos asistían a los familiares. Desde hace seis días en Málaga, Tutalán, estamos asistiendo consternados y con el corazón en un puño la operación de rescate del niño Julen que se había ‘caído’ en un pozo. Hasta ahí se han desplazado todos los expertos en la materia de rescates, los ingenieros y geólogos más cualificados así como los especialistas de todos los cuerpos de la seguridad del Estado, además de las empresas nacionales e internacionales, todos trabajan a destajo para obrar el milagro de encontrar con vida al pequeño Julen y si no, recuperar su cuerpecito para que pueda descansar en paz y sus padres y familiares poder velar a su hijo y darle una santa sepultura como se merece. Los medios de comunicación absolutamente se han volcado con el tema y están informando minuto a minuto todo lo que ocurre al igual que en todos los demás casos donde la vida humana está en peligro en este país.

Nada que ver con lo que ocurre en nuestro continente africano donde prácticamente ningún gobierno invierte lo suficiente en la protección, cuidado y bienestar de los ciudadanos; todos los gobiernos africanos llenan sus países con bombas de destrucción masiva, sofisticadas armas bélicas, carros de combate, cazas bombarderas, corbetas de guerra, municiones y pistolas automáticas nada provechoso para las poblaciones ni para su cuidado, ni para su protección.

El caso de Guinea Ecuatorial es el no va más; a pesar de las ingentes cantidades de dinero que el país ha producido en los últimos veinte años con el hallazgo y producción del petróleo, sus mandatarios no han sido capaces de dotar el país con herramientas e instrumentos que sirvan para salvar vidas de los ciudadanos. Hemos visto caer aviones en Malabo y Annobón sin que hubiera ningún sólo equipo de rescate ni si quiera para recuperar los cuerpos sin vida ya no digamos expertos para analizar las cajas negras y dar explicaciones de las causas del siniestro; hemos visto zozobrar barcos en las aguas nacionales procedente de Douala llenos de guineanos con todas las mercancías de primera necesidad, mas nadie se ha sabido nada de ellos ni se había recuperado ni un solo cuerpo sin vida de los paisanos ya no hablamos de rescatar algún cuerpo con vida; para eso, no hay ni barco, ni patrullera, ni helicóptero de rescate: no estaba ningún miembro de la familia real de Akoakam y por lo tanto no había personas que rescatar. A diario hay decenas de accidentes, algunos gravísimos con varias pérdidas humanas como el camión militar lleno de reclutas que se había accidentado misteriosamente en la carretera Bata – Niefang no hace mucho, u otros coches que caen en los puentes mal señalizados de la isla de Bioko, en ninguno de esos accidentes se ha visto ni servicios de emergencia, ni de rescate, ni sanitarios ni mucho menos los ‘expertos’ en el ministerio del interior o de seguridad para investigar y tomar nuestras para esclarecer el porqué de tantos accidentes; no importa porque no había ningún miembro de la familia real de Akoakam. Se está circulando por las redes sociales una lista larga de más de treinta personas desaparecidas en el último año en Guinea que nadie reclama ni reivindica y para el colmo, ni el Ministerio del interior ni el de la Seguridad nacional ni mucho menos el encargado por su padre de todos esos ministerios les importa un bledo; aquellos ciudadanos que van a las Comisarías para denunciar la desaparición de los familiares o algún robo, tras cobrarles por interponer la denuncia, ver para creer, los llamados ‘policías del orden público’ se quedan como si nada y, en vez de tomar la carta en el asunto e investigan, se les ven en los bares emborrachándose con el dinero recibido de las denuncias. El caso de la chavala que una riada llevó en New Bulding (Ñú Bili), Malabo, el año pasado sigue desaparecido; ni el Ayuntamiento de Malabo, ni El ejército, ni ninguna autoridad se interesó por él.

La población guineana también es cómplice de la indiferencia característica nuestra.

Guinea Ecuatorial es probablemente el único donde la indiferencia, la falta de solidaridad han llegado a cotas insospechadas. Se ve cómo un orangután vestido de militar le revienta la cabeza la cabeza a un chaval del barrio y sale caminando sin que nadie le increpare; el otro psicópata le vuela la cabeza a un señor dentro de su coche, todo el mundo lo ve y no pasa nada; cada uno va a lo suyo en Guinea.

Una sociedad insolidaria no puede ser humana ni se puede considerar una sociedad; tan mucho que hablemos de Dios, nos digamos ser creyentes, nos sentemos en los primeros asientos en la misas y nos atrevamos a comulgar, si no hacemos caso a las sabios Consejos de Cristo, no somos humanos. La solidaridad y la empatía son son la esencia de la humanidad.

Europa lo ha entendido y por eso son humanos, a pesar de sus muchos defectos. Da gusto vivir en Europa, entre los humanos.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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