Cuando el río suena, agua lleva

Por José Eugenio Nsue

Está resultando muy complicado defender a la Iglesia católica de Guinea Ecuatorial de la que formo parte porque en su seno ocurren casos y pasan cosas que  hasta teniendo la paciencia como el santo Job termina estallándose.

Está claro que la Iglesia guineoecuatoriana es una institución gobernada por personas falibles como en todas las instituciones del mundo pero, también está claro que todas las ‘buenas‘ personas, conociendo sus limitaciones y su condición de pecadores, tratan de enmendarse, de rectificar y de intentar cambiar a mejor; en cambio, nuestros gobernantes tanto políticos como eclesiásticos no lo hacen; no reconocen sus errores, hasta ignoran que son falibles como todos los humanos por lo que no están dispuestos al propósito de la enmienda, persisten en las mismas actuaciones y en los mismos comportamientos; lo que hace que muchos guineanos pongan el grito en el cielo, critiquen y se quejen.

Que Jesucristo fundó la Iglesia para que se ocupara de los más vulnerables, abandonados y excluidos; se sabe, se ha dicho por activa y por pasiva; que Cristo mandó  a los apóstoles entre lobos (“Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos”, Lc 10:3) pero, para que hagan prodigios, salven vidas y denuncien las injusticias al igual que Él mismo; los apóstoles y muchos, muchísimos religiosos, religiosas y el clero de muchísimos países lo están llevando a cabo; muchos de ellos han sido mártires precisamente por denunciar las injusticias y defender a los oprimidos, al igual que el mismísimo ‘RABÍ‘, Maestro, Jesucristo.

Todo lo que aquí afirmamos, lo sabe la cúpula de la Iglesia guineana pero hace caso omiso. El actual presidente de la Conferencia Episcopal de  Guinea Ecuatorial, el Arzobispo: Su Eminencia, don Juan NSUE, reconoce públicamente ser obispo por la gracia del PDGE y, especialmente gracias a la suegra del monarca, NSUE OKOMO, cosa inaudita; en todas sus manifestaciones públicas casi, no deja de apoyar al régimen. No ha sido capaz hasta hoy ni de publicar una simple Carta Pastoral, no ha interpelado como la máxima autoridad eclesiástica nacional a la clase política por las múltiples violaciones de derecho que su rebaño, los feligreses vienen sufriendo en 50 años que dura la dictadura en Guinea Ecuatorial; todo lo contrario, interpela, se enfada y arremete contra los cleros que intentan salir o no cumplir con sus “sabías orientaciones” cuales son apoyar al régimen  y reprobar a la oposición; se le ve en todos y cada uno de los actos oficiales y privados que organizan todos los prohombres del sanguinario régimen.

Todo el mundo sabe Su Majestad, el Rey Obiang Nguema I compra voluntades con el dinero que no es de él, y todo el mundo sabe que el que paga, manda en todas las partes del orbe y, sobre todos en los países dictatoriales; y resulta que toda la Iglesia católica guineana está subvencionada por el Rey Obiang Nguema I, los sacerdotes y obispos se han convertido en funcionarios no del Estado guineano porque no existe Estado en Guinea Ecuatorial sino del gubernamental partido PDGE y de su monarca, ya que están en nómina. Esto es irrefutable y sólo ocurre en los países como el nuestro y por eso muchos sacerdotes y obispos actúan como actúan porque se les han despojado de todo atisbo de libertad y dignidad para poder hablar del Dios de Jesús y representarlo en nuestra patria madre. En definitiva, el Arzobispo Juan NSUE, algunos de sus congéneres y bastantantes sacerdotes nuestros están prefiriendo a César antes que a Dios; todo el mundo lo sabe y lo vive en el país.

Que el sátrapa de Akoakam le regale a su guía y defensor espiritual 2 mil millones de francos cefas en nombre de la Iglesia, no deja de ser una verdadera aberración y un sacrilegio a parte de que todo ese dinero sea harto improbable de que se destine íntegramente para el supuesto fin con el que se dice haber ¿donado, regalado, subvencionado? Sabemos el afán de poseer los bienes materiales y posesiones del alto funcionariado guineano a base del dinero del Estado; es una verdadera competencia para ver quién lleva más  para luego hacer ostentación con lo sustraído.

Pedir o exigir a la población que no critique estos hechos, no es muy justo y puede parecer hasta un cierto corporativismo impropio de algunos religiosos y religiosas que sé perfectamente que pueden ser la excepción en esa jungla en la que se va ha convertido el país.

De lo que debemos y podemos preguntarnos, además de lamentar el comportamiento anticristiano de la cúpula y algunos clérigos de nuestra Iglesia, es si nuestra Iglesia volverá a gozar de una independencia que toda la institución eclesiástica ha de tener para el ejercicio de su labor. ¿Cómo le cuesta a la Iglesia guineana buscar mecanismos para disponer de fondos propios, intentar ser autofinanciada para no verse enjaulada, tutelada y controlada por el régimen? ¿Cuándo nuestra Iglesia se va a ocupar de sus feligreses que son todos los ciudadanos que están siendo maltratados por el sistema?

Algunos me dirán que en todas partes incluida España, se subvencionan la Iglesia; claro que la Iglesia en España es subvencionada pero, al igual que las becas de estudios y todas las ayudas sociales, pocas por cierto, que se dan en España no provienen ni de Su Majestad el Rey Don Felipe VI ni del doctor Pedro Sánchez, el actual presidente del Gobierno español; sin subvenciones del Estado para los ciudadanos del Reino de España y están reguladas por ley de tal forma que ningún Gobierno de turno puede eliminarlas sin que antes se vote en el Parlamento donde emana la soberanía nacional; por eso ningún gobierno puede controlar ni a la Conferencia Episcopal española, ni mucho menos a los sacerdotes en el ejercicio de sus funciones. En el periodo de la Declaración de renta, cada cotizante tiene la libertad de marcar una X en el casillero destinado a la Iglesia o a otros fines sociales para que se destine un tanto por ciento de sus impuestos a dichos fines. El dinero de España no es de ningún gobierno, ni mucho menos del presidente de turno; en cambio, en Guinea Ecuatorial, todo cuanto hay en el país pertenece al rey Obiang Nguema I; él es el dueño de todas las riquezas del país, es el dueño de todos los hombres, todas las mujeres y todos los niños, jóvenes y adolescentes del país; es el dueño de los bosques, mares, montañas, minerales, la fauna y la flora del país; los chimpancés, los gorilas, todos los monos, elefantes, antílopes, pájaros y hasta las moscas tsé tsé… son de su propiedad.

El tema es que ese espécimen humano tiene dinero no para modernizar los hospitales (construirlos), no para hacer escuelas ni para dar pensiones no contributivas a miles de guineoecuatorianos que están padeciendo miseria y enfermedades y están muriendo de hambre  pero sí para las fiestas de su familia, para subvencionar a sus ‘amigos’ extranjeros y para dar dádivas a sus incondicionales; aceptar ese tipo de “regalos” es ser un insensible. Claro que los ciudadanos de a pie lo pueden criticar, tienen que criticarlo y lo tienen que condenar. Lo que pasa en Guinea no tiene nombre. Trop c’est trop.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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