La brujería como expresión cultural

Por José Eugenio Nsue

Seguro que este fin de semana me haya metido en camisa de once varas al tratar de reflexionar sobre una cuestión a la vez escabrosa pero recurrente en nuestras sociedades africanas que aviso que no tengo ni p. idea como en tantas  otras expresiones ¿culturales? africanas y manifestaciones tradicionales y ancestrales por lo que, adelanto mis disculpas a todos los entendidos de la materia; al maestro, licenciado Francisco ELA ABEME, a don Donato NDONGO-BIYOGO,  etc; eminencias en el saber FANG-BETI, por mi metedura de pata.

He entendido desde siempre que hablar de “cultura” es hablar de todas aquellas manifestaciones, rituales, expresiones, gestos y símbolos que le caracterizan una sociedad y la dotan de una identidad única con la que uno se puede sentir orgulloso y, sobre todo, la cultura, conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico o conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social (RAE); es siempre positiva porque demuestra el desarrollo humano.

Las prácticas brujeriles están  en el orden de día del quehacer africano y del guineoecuatoriano de Guinea Ecuatorial en particular. La brujería, conjunto de prácticas mágicas o supersticiosas que ejercen los brujos y las brujas, está en el ADN del guineano; lamentablemente el casi 100% de los guineanos se han convencido de que todo en esta vida se consigue a base de prácticas oscurantistas, satánicas, mágicas y supersticiosas; conceptos todos derivados de la brujería. Todo aquel que quiere triunfar en los negocios, en política, en los estudios, en el amor; el que quiere tener fama, ascenso profesional,  tiene que pasar por los brujos o marabúes. Cualquiera que sufre una enfermedad o que tenga a un miembro enfermo, lejos de ir donde los facultativos para ser tratado, todos van a ver a los brujos y a las brujas. Y todos los brujos tienen la misma praxis: actúan con nocturnidad, destruyen a las familias con sus ‘diagnósticos’ absurdos; que si tu padre, madre que te parieron, te criaron, te alimentaron… son los culpables de tus desgracias; son los que comen a tus hijos y son los que te hacen no progresar; que si tu tía, primo, hermano son los culpables de tu enfermedad; que si eres el que mata a tu prole; que si tu primera esposa ha secuestrado tu órgano viril para que no vuelvas acostarte con otra mujer; que si tal, que si cual y así toda la vida.  Los remedios que proponen son igual de nocivos como sus diagnósticos; para que curen o remedien  los males diagnosticados, hace falta sangre humana, sacrificar a uno de los seres queridos (madre, padre, hermano, hermana, hijo o simplemente cualquier vida humana). A diario hay velorios, entierros y funerales en todos los rincones del país por causas de prácticas brujeriles. Todas las familias guineanas absolutamente están rotas, divididas por temas brujeriles; todos los días se ven cadáveres mutilados con signos de prácticas satánicas. Cuentan que desde el mismo rey de Akoakam que viaja desnudo desde Malabo hasta  su pueblo por recomendaciones de sus brujos si quiere perpetuar en el poder, hasta el último  alguacil de Mbalangun, todos acuden a los brujos para pedir suertes, poderes o beneficios especiales para ser nombrados ministros, obispos, directivos  o ganar mucho dinero; hasta los hay que visitan los brujos para ligar más. En esta locura nadie se queda atrás, ahora bien, ¿logran sus objetivos? Lo que sí es incuestionable es que a nivel nacional esto es un desastre y una calamidad.

Que toda una nación, desde los intelectuales hasta los analfabetos, desde los ricos hasta los pobres y desde los políticos hasta los curas, se mueva, actúe y sea dirigida al son de unos insignificantes, incultos y unos cantamañanas, no es más que la demostración de lo absurdos que somos algunos.

Muy pocos brujos aceptan que lo son; muy pocos brujos aceptan serlo y muy pocos brujos viven dignamente en sus poblados, llevan una vida digna y  ordenada pero; aun así, el imaginario colectivo les atribuye unos poderes sobrenaturales y unas capacidades propias de seres divinos que pueden hacer prosperar a uno y también hundirlo hasta su eliminación física; o maldecir a toda una familia…, a no ser que dicha familia vaya a ver a otros brujos de igual o superior rango para que le quiten el mal de ojo o el maleficio impuestos. Esa fuerza y esos poderes sobrenaturales que se les presupone a los brujos, chamanes, marabúes o curanderos no los usan para mejorar la calidad de vida ni suyas, ni sus familiares, ni sus pueblos; no son capaces de utilizarlas para que los pueblos y sus vecinos prosperen, nazcan niños sanos; para que los casamenteros encuentren buenas parejas, para que la gente encuentre trabajos, ni para que las familias se lleven bien y sean felices; nada de eso, sólo les sirven para sembrar cizaña, discordia, muertes, enfermedades y destrucciones… Todo el país está abandonado a su suerte; por todas partes, hay muertes, lamentos y sufrimientos; los pueblos se están desapareciendo por falta de habitantes; los padres están enfrentados contra sus hijos, estos contra sus madres; los hermanos se matan entre ellos; la miseria, pobreza y la mala vida se palpa por doquier y, a pesar de ello, todo el mundo sigue acudiendo a los brujos para pedir Dios sabe qué. ¿Qué tiene que pasar para que el africano se dé cuenta de que el progreso y desarrollo  humanos en todos sus aspectos sólo y únicamente se consiguen a través de la ciencia, tecnología y la razón?

Los tradicionalistas hablan maravillas de los poderes que tenían algunos objetos y amuletos (cráneos y huesos humanos, cuernos, colas, pezuñas Y patas de animales; anillos, pulseras y colgantes, etc MIKUG/BÈRÉ, en fang); objetos que servirían para la protección del clan, tribu o a la familia y eran protegidos por personas, abuelos, padres, madres, hijos o nietos preparados para ello que tenían que buscar el bien común. No tengo idea de la efectividad de tales creencias primero, porque mi padre nunca tuvo nada de eso y nos decía que no creyéramos ni se nos ocurriera aceptar nada por el estilo; que la vida se ganaba a base del esfuerzo, trabajo y constancia.

Mi pregunta es: si tanto importaban esos objetos y tanto poder tenían, ¿por qué muchos que contaban con ellos seguían siendo pobres solemnes y sus hijos, unos desgraciados? ¿Y por qué a día de hoy no resultan eficaces entre aquellos que siguen con esas prácticas cuyas familias y ellos mismos siguen teniendo desgracias, angustias y fatalidades?

Personalmente, no creo que la muerte, las divisiones y rupturas familiares, el sufrimiento humano sean valores culturales por lo que no encuentro nada positivo, constructivo ni beneficioso en estás prácticas y creencias brujeriles que se han adueñado desde siempre al continente africano y, de manera muy especial, la República de Guinea Ecuatorial; de las que nadie quiere desprenderse. En Guinea no hay otro tema del que se habla en la calle, en las familias, en los lugares de trabajo, entre amigos y, si me apuro, en los inútiles consejos de ministros del inexistente gobierno guineano y en la mismísima casa real de Akoakam, más que la brujería. Uno que se enferma, ¿la causa?: la brujería; a los que los negocios no van muy bien, ¿los motivos?: la brujería; que no han sido ascendidos o nombrados obispos, ministros; a los que sus mujeres les ponen cuernos con sus jefes, los que no encuentran con quién casarse o no aprueban en los exámenes…, ¿las razones?: la brujería. O sea, el argumentario intelectual del guineano con el que lo explica todo es la brujería; en ella cree, con ella actúa y obra y a ella recurre y acude para solucionar los problemas; y así nos va.

Sigo pensando que en nuestra cultura, si es que se puede llamar cultura africana, o nuestras culturas, debe haber elementos por los que sentirse uno orgullosísimo de ser africano pero, la brujería, la hechicería, la curandería, etc, desde luego que no, al revés; son la principal causa de nuestro subdesarrollo, nuestra involución y de la atrofia mental crónica que padecemos muchos africanos.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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