La pederastia y la homosexualidad en la Iglesia

Por José Eugenio Nsue

Este pasado miércoles 13 de los corrientes nos levantamos con otra historia desgarradora de varios ex alumnos de un Colegio claretiano de Barcelona que denuncian abusos sexuales de un ¡¡sacerdote claretiano!!, un tal Francesc Figueras (La Vanguardia), otra vez. Llevamos en los últimos años unos sobresaltos de noticias parecidas donde salen a la luz los abusos sexuales que muchos miembros de la Iglesia de todo el mundo sin excepción, desde el Vaticano hasta Canadá, los Estados Unidos, Méjico, España…; desde cardenales, arzobispos, obispos hasta sacerdotes de la Iglesia católica se dedicaban y se dedican a abusar de los menores sexualmente sin que los órganos directivos de las jurisdicciones donde ocurrían esos hechos depravados sexuales tomaran las cartas en los asuntos para afear y castigar esas atrocidades y los que lo intentaban, muchas veces, era para cambiarles de destino y mandarles a otros lugares para que siguieran haciendo lo mismo y, muchos otros simplemente miraban por el otro lado.

Cuando empezaba a salir a la luz todos esos escándalos hasta uno pensaba que se trataba de la habitual campaña de descrédito, difamación y erosión de amplios sectores izquierdistas así como los marginados por la misma Iglesia, los despechados y rencorosos que nos tienen acostumbrados para acabar con ella; pero cuando se van confirmando los extremos denunciados y comprobados los mismos hechos entonces, ya no son solo los ataques anticlericales.

Si bien la condición humana nos hace falibles y tendemos instintivamente hacia la perversión, es incomprensible e inadmisible que aquellos que ¿habían sido llamados por Dios? (vocación), se habían formado durante más de siete años académica y espiritualmente (formación sacerdotal) para llevar a Cristo-Jesús hasta los confines de la tierra; habían sido unidos por el Santo Crisma y recibido el Espíritu Santo para hacer la voluntad del Señor y que el plan de Dios reine sobre la tierra cual es hacer el bien, combatir las injusticias y alentar a los afligidos y oprimidos y, sobre todo, dejar que los niños se acerquen a ÉL; es decir, acogerlos, protegerlos y hacer que sus espíritus nobles donde no cabe ni rencor ni maldad ni venganza, sean la característica de todo cristiano; en vez de eso, son los que se dedican a abusar de ellos.

Es una lástima que la obra excelente que un humilde carpintero de Nazaret comenzó allá en Jerusalén a principios del siglo I y muchísimos hombres y mujeres se han comprometido, el Evangelio, dando hasta sus vidas (un recuerdo muy especial para el Padre César; el salesiano asesinado por Boko Haram en Burkina Faso ayer; un misionero de los de verdad según los testimonio de los que le conocieron como mi primo Carlos con quien coincidieron en Togo habiendo dejado en aquel país una huella imborrable como fue la construcción de un Colegio Mayor para los Salesianos de África Central amén de muchas escuelas rurales y una espiritualidad única; que descanse en la paz del Señor), para ayudar a que el mundo sea un poco mejor, la estén estropeando algunos pocos camuflados como gente de bien en connivencia con el resto de los miembros de sus comunidades. Con estos hechos y con gente como los pederastas, homosexuales, adúlteros, etc en las cúpulas de la Iglesia, es imposible convencer ni a la juventud ni al resto de la población que han dado la espalda a la Iglesia; y los que formamos parte de ella y creemos firmemente en Jesús nos estamos quedando sin argumentos y muy avergonzados; ¿cómo explicar a la gente lo que está ocurriendo en el seno de la Iglesia? ¿Cómo justificar el que aquellos que deberían de guiarnos moral y espiritualmente por la senda correcta para alcanzar la salvación y vivir según los preceptos del Señor, corrompen y abusan de los menores y fornican sabiendo que los menores son vulnerables, no pueden defenderse?

Por lo menos en Europa, América y Asia ya empiezan a tomar en serio esos casos de abusos y empiezan a luchar contra ellos tanto a nivel interno de la Iglesia, Congregaciones y Órdenes religiosas como y sobre todo a nivel judicial para apartar a los delincuentes, llevarlos ante la justicia para que paguen por los crímenes cometidos aunque los daños causados en las víctimas son irreversibles. Otra cosa es África donde el clero es considerado sagrado, impecable e intocable; el sexo es tabú por lo que no se puede hablar ni en público ni en familia; en muchos países africanos no hay órganos judiciales que puedan investigar y tener en cuenta esos hechos y lo que es aún peor, la pederastia y los abusos sexuales a menores no se consideran delitos porque están en el orden del día; está mal visto que un octogenario se case con una menos de trece, catorce años… Resulta que el modus operandi de muchas congregaciones religiosas en cuanto a los casos de la pederastia, homosexualidad o adulterio consiste en mandar a África a aquellos religiosos infractores europeos o americanos so pretexto de ir a la misión como misioneros y de África a América Latina; claro, es como si mandaran en los caladeros vírgenes a los pescadores profesionales; en vez de corregirse de sus depravaciones, se hinchan a complacer sus apetencias subliminales impunemente.

El caso de los claretianos en Guinea Ecuatorial que yo viví muy de cerca es el paradigma de lo que son capaces de hacer algunos depravados y desalmados vestidos de misioneros. A finales de los 80 llegó al país un grupo de claretianos españoles, algunos de ellos con claro perfil de pedófilos (abusones sexuales a menores) además de homosexuales; para el colmo les mandan en aquellas comunidades con colegios e internados; fue como mandar a un lobo ir a cuidar de los corderos. Entre que la población es ingenua y muchos padres por desconocimiento (hasta hoy en día muchos pueblerinos siguen sin saber qué es la homosexualidad y qué es la pederastia, además creen que los misioneros son unos ángeles de la guarda, enviados de Dios y, por lo tanto santos), quieren que sus hijos e hijas vayan con los religiosos, curas y monjas porque así van a recibir buena formación y estarán en loor de santidad por el Espíritu Santo. Lo que esos hicieron en el internado con los chavales sólo Dios lo sabe. No conforme con aquello, a algún que otro llegó a lo más alto de la Provincia claretiana y desde ese puesto, además de seguir saciando sus apetencias sexuales con lo que creía que era su harén pero, en vez de hembras, de impúberes, se dedicó a perseguir y a echar del seminario e internado a los que no se dejaban tocar o no accedían a sus pretensiones macabras, o a aquellos que tenían amigas. Ver para creer; o sea, era pecado tener amistades femeninas y no lo era si las amistades eran masculinas. ¡Cuántas víctimas de aquellos tiempos están calladitos porque no saben a quién contárselo y para qué rememorar aquel infierno! Si se mirasen algunos archivos fotográficos de muchos ‘misioneros’, no me extrañaría que encontrasen con muchas sorpresas desagradables de pornografía infantil. Otra tanda de sinvergüenzas llegó en los 90 con las mismas intenciones de venir a pescar en el fértil caldero.

Todos esos abusos ocurrían, seguro que siguen ocurriendo en muchas congregaciones del país a la vista de los superiores con su complicidad, tampoco se puede denunciar ante las supuestas autoridades del país porque, como se ha dicho, la pederastia no es delito tampoco en Guinea Ecuatorial; acostarse con una menor no es problema; los mismos mandatarios son los primeros que violan y van con menores y no pasa nada; muchos de esas autoridades no se acuerdan que también tienen menores en sus familias. Cuando tenía que ser la Iglesia la que denunciara esos crímenes e inmoralidades y está con bozales y cerumen en los oídos, nada que hacer. Está claro que estas prácticas de pederastia y la homosexualidad no son tradicionales sino ideas importadas que habrían que combatir y cercenar cuando las víctimas son los menores.

El papa Francisco tiene una misión imposible porque parece ser que la podredumbre está en unas cotas altas en el seno de la Iglesia. Lo que ha pasado en un Colegio claretiano en Barcelona, tierra del Santo Padre Fundador nada más y nada menos, desgraciadamente pasa en muchaños otros sitios; si no denunciamos ni combatirnos contra esas prácticas execrables, somos cómplices y como cristianos es inadmisible; mejor que no sigan llamándonos cristianos. Todos somos imperfectos y pecadores pero, abusar de un o una menor, no tiene perdón de Dios.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

Radio Macuto Facebook

Radio Macuto Autor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *