Obiang et alii, el abismo, el abismo

Por Juan Tomás Á. Laurel

¿Habremos, habré utilizado ya este título para hablar de Guinea Ecuatorial y del abismo en que se encuentra? Si no, pues hoy toca, en unas reflexiones hechas en la ciudad del Boston mientras espero para entrar en escena. Esto lo digo para cuando firme abajo y mencione la ciudad y alguien haga preguntas. Resulta que estos días hemos visto un vídeo en el que se habla de los países con el índice de inteligencia más bajo del mundo y por continentes. No recordamos ni volveremos a ver el vídeo para recordar lo que salió por cada continente, pero para África salió Obiang, perdón, salió Guinea Ecuatorial. Pero es por este hombre que ha jurado morir en el poder, sí, Obiang Nguema.

¿Saben?, las pruebas de inteligencia recogen aspectos subjetivos que muchas veces no pueden ser indicadores de verdadera inteligencia, así que podemos respirar con alivio. Pero muchas veces si sacas notas muy bajas, y suponemos que el muestreo tiene que ser indicativo para poder hablar de todo un país, entonces no hay más remedio que decir que estás perdido,  y que, lamentablemente, estás podridamente reñido con las cosas de saber. Y en Guinea esto es el pan nuestro de cada día. De hecho, empezamos bien al hablar de pan, porque por ello se callan el hecho de que en 39 años de poder Obiang nos ha ido conduciendo por el camino de la ignorancia para acabar haciendo de nosotros unos andrajos andantes, carne con que alimentar con lo que permite que llegue del extranjero. Zombies, gente que no puede hablar ni puede aprender, carne podrida, incluso, de su propio matadero, el régimen entero. El hablar del pan nuestro, hemos querido recordar también a los guineanos que practican tan bella y fanáticamente la religión, ajenos a otros ruidos, salvo los propios. Pues que sigan creyendo en lo que ahora creen y que consigan una habitación allá arriba, detrás de las galaxias.

Como quiere morir en el poder, Obiang ha colocado a Nguema, su hijo el de los coches carísimos, al borde de… Sí, este hijo del que se sabe, pero sólo se dice en voz bajita, o desde el extranjero, que es un discapacitado mental. Ahora ya tenemos el cuerpo preparado para aguantar lo que dure en vida este ser, del que sería ofensivo quizá hablar de su discapacidad, pero no del hecho de que no haya estudiado nada. ¿Qué hacen mientras los que se han constituido en partidos para saltar al poder en cuanto haya alguna oportunidad? Lo que hacen, ayudados por amigos y por otros amigos, es recordar que han estado luchando, por lo que se merecen la vacancia. No, no dicen mucho aquello de cómo nos sacudimos la vergüenza de ser el país más idiota de esta galaxia que todavía está a punto de ser descubierta.

Si al haber aguantado años los abusos de este señor durante años, cerca de cincuenta, así, raiz cuadrada de 49+43, no es motivo suficiente para mandar parar toda la maldad que hemos sabido embeber, el de que salgamos ante el mundo como los verdaderos parias del sentido común  no puede quedar sin respuesta.  Un servidor ha convivido con un señor que fue encarcelado en Blay Beach por…, no hizo nada, o lo vieron con un libro o una carta que alguien enviaba a otro. Bueno, por “subversivo”. Le pegaban en la planta de los pies, aplicándole lo que se llamaba “etiopía”. Un servidor fue vecino de otro que cuando mostraba sus espaldas, todos los presentes arrugaban la cara por cómo se divirtieron los carceleros de aquellos años. Etiopía también. A él lo acusaron de ser hermano de otro que ayudaba a “huir sin motivo” a los que no aguantaban aquella vida de miseria y maldad. Y un servidor conoció a una mujer que sigue viva y que parecía, según lo que contaba con los adultos que le escuchaban, que bajaba a Blay Beach sin bragas porque o no las tenía o daba igual que las tuviera, porque total, quienes mandaban allá abajo tenían todo el poder sobre ella. Esta fue la mujer del hermano del que mostraba sus espaldas. No lo veía nunca, pero creía, así debía ser, que le entregaban la comida que había preparado para él.

Ya lo hemos dicho, y cuando llegamos allá abajo, haremos el juramento de que no vamos ahora a quedarnos con la etiqueta que Obiang ha luchado para que sea la carta de presentación de su país, además de los dolores que causa. Que los políticos que son tan buenos y que aguardan el futuro lleno de prebendas hagan lo que quieran.

Charlestown, Boston, marzo de 2019

FronteraD

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