Atropellos con fugas en el reino de Obiang Nguema I

Por José Eugenio Nsue.

Tan mucho que queremos convencernos con que Guinea Ecuatorial no es un país homologable con el resto de los países tampoco es un Estado tal como se entiende este concepto universalmente; más bien, es un Estado fallido a tenor de lo que ocurre ahí un día sí y otro también y en cambio, caemos en la tentación de querer comentar su actualidad diaria, nos sigue sobresaltando muchas historias, realidades y muchos comportamientos de sus pobladores. Cuando pensamos o creemos que ya lo hemos visto, oído y leído absolutamente todo sobre este país, no pasa día sin ninguna noticia estrambótica si no espeluznante o dramática.

Esta semana ha sido terrorífica en lo que a los atropellos se trata; no sé si porque las victimas, esta vez, han sido parientes de conocidos y amigos virtuales, he leído esos días con mucho pesar y muy consternado testimonios de familiares que narraban cómo los coches llevaban por delante las vidas de jóvenes y mayores con todo el futuro por delante y en la flor de sus vidas matándoles en el acto y cómo los conductores de esos vehículos se daban a la fuga pasando por alto el deber de socorro, principio elemental de todo conductor y de toda persona medianamente humana. A ojos de buen cubero y a falta de estadísticas y estudios sociológicos que pueden arrojarlonos unos datos objetivos, se calcula que de cada diez atropellos que se producen en el reino de Akoakam, ocho conductores se dan a la fuga y lo que es peor, no los cogen; los servicios y cuerpos de la (in)seguridad del Estado hacen caso omiso a pesar de que los familiares de las víctimas suelen presentar las correspondientes denuncias previo pago a los funcionarios que están para registrar las mismas.

Esta es la enésima vez que el suscribiente reflexiona sobre este tema porque nos da para mucho, al igual que los que lloran esta semana por sus seres queridos arrebatados por unos imprudentes, inhumanos y absurdos conductores que van borrachos, drogados o simplemente porque carecen de la pericia y la experiencia en la conducción ya que el 90% de los que llevan coches en ese infierno de país jamás han pisado una autoescuela para sacar el carné de conducir; los carnés de conducir se compran como se compra cualquier otro documento “oficial” del Estado guineano, desde los pasaportes, Documento de Identidad Personal, DIP, boletines o certificados de notas, Actas matrimoniales así como Certificados de nacimiento por otra parte, él perdió el año pasado a un compañero, hermano y amigo, Francisco Javier Angüe y uno de su distrito, Of City, Jesús Molongua (Chus) que, igualmente, fueron atropellados por otros brutos en Bata; el último en la víspera de la Fiesta patronal de Niefang, María Reina; los dos conductores también se dieron a la fuga y, que se sepa, hasta hoy no han dado con ellos.

Guinea Ecuatorial está llena de huérfanos, viudas y viudos, familias destrozadas por muertes por atropellos sin que detengan a los autores de dichas muertes, sin que el Estado indemnice cuando menos a los parientes de las víctimas como responsable subsidiario; sobre todo, dichas muertes se quedan impunes porque el llamado Gobierno nunca toma la carta en el asunto para investigar, perseguir, castigar e instruir a los infractores. A pesar de que el país está prácticamente militarizado; no hay un solo rincón donde ir en la República de Guinea Ecuatorial sin que te topes con un zombi uniformado y fuertemente armado llamado militar, gendarme o policía; han hecho saber a la población que el país está controlado por cámaras de seguridad que graban todos los movimientos de todos los moradores de ese país; en un país donde se detecta cualquier encuentro, reunión o contacto entre dos o más personas ‘sospechosas’ por el régimen; en un país en el que hay agentes ‘eficaces’ capaces de secuestrar a paisanos en el extranjero, introducirlos en los maleteros de coches o en las bodegas de los aviones y llevarlos a las mazmorras y cloacas del régimen dictatorial en el país y hasta son capaces de descubrir que todo un Secretario general de un partido pacifista como CPDS haya ido a Chad, no para asistir al congreso de un partido amigo sino, para comprar armas y a reclutar a mercenarios para venir a dar un golpe de estado al rey Obiang antes de que las mismas autoridades chadianas hayan emitido un comunicado ni formulado una acusación formal contra Andrés Esono, y en un país donde todo el mundo sabe de quiénes son los coches que circulan por las carreteras, ¿cómo es posible que se esté muriendo tantísima gente atropellada, infractores se den a la fuga y no son detenidos?

¿Cómo es que a nadie de los responsables de la seguridad vial, ciudadana, nacional le haya importado ese y otros crímenes contra la población indefensa?

¿Qué les importa a los mandamases, a la casa real de Akoakam y del régimen que la sostiene?

No dejan de sorprenderme ciertas circunstancias de mi país de nacimiento a pesar de ser reiterativas, hasta crónicas:

  1. Me asombra enormemente la indiferencia, la insensibilidad, la inhumanidad y la inoperancia de todo el régimen sanguinario del rey Obiang Nguema I. Las muertes de inocentes se producen a diario de todas las formas pero, para ellos, como si nada; no les conmueve nada en absoluto, no reparan ningún daño causado a la pobre gente, no consuela a nadie que no sea de los suyos y no buscan ninguna solución de los problemas que causan estas situaciones. 40 años con los mismos vicios, con las mismas desgracias y con los mismos resultados mientras ellos, como un disco rallado, no paran de repetir: ‘la paz reinante’, ‘la paz reinante’, ‘paz reinante’; ¿se puede vivir en paz en una familia que ha perdido a su padre, su madre, a un hijo, tía, sobrino o amigo y no sabe quién ha sido el culpable y nadie se responsabiliza ni hace caso?
  2. Me consterna la falta de empatía y de atrevimiento de nuestra iglesia, su cúpula sobre todo, que ve y oye cómo el pueblo llora, padece y sufre de tanto dolor por esos actos de terrorismo (atropellar a una persona y no asistirle es un acto criminal y terrorista), además de otras muchas violaciones de los derechos más elementales de todo ser humano y, en vez de condenarlos, denunciarlos y consolarles como hacen todos los obispos de todo el mundo, miran por el otro lado; convoca la Conferencia Episcopal Nacional una asamblea y se limitan a divagaciones, disquisiciones y elucubraciones insustanciales para no ‘herir’ ni cabrear a los bienhechores y mecenas que financian la iglesia; algún que otro prelado, en plena cuaresma, y en un más que evidente estado alterado y eufórico causado por ingesta de alguna sustancia psicotrópica, haciendo el payaso en el altar en plena celebración eucarística diciendo sandeces para entretener al circo.
  3. Me conmueve la claudicación, la cobardía y la apatía del pueblo guineoecuatoriano que asiste impávido su propia aniquilación y exterminio. Si no son atropellados con coches, son balazos a quemarropa y si no, torturas, encarcelamientos, hambre o enfermedades; si no extorsiones o humillaciones, como si no se tratara de ellos; no dicen nada, no hacen nada y no les conmueve nada. Enterrar a un ser querido sin saber de qué ha muerto y sin saber quién le ha atropellado, sin que nadie se responsabilice y sin siquiera una indemnización se ha convertido en la praxis habitual entre los guineanos.

Yo sé que nada de lo dicho aquí es una novedad pero, cada vez que uno ha padecido en propia carne alguna situación de estas o ve cómo les pasa a los que le rodean, le viene en mente otra vez la angustia y la pregunta de ¿hasta cuándo este suplicio y calvario? ya que, ojos que no ven, corazón que no siente.

Así lo pienso y así lo digo; ¿ qué te parece?

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