Se nos fue el Padre Rufo, se ha ido una bellísima persona

Por José Eugenio Nsue

Salimos de la misa de Domingo de Ramos de esta semana con la dolorosa noticia del fallecimiento del padre Rufo. No tengo ni idea de dónde procede esa cultura de reconocer la valía de la persona cuando ya no se encuentra entre los vivos y cuando físicamente ya no puede ni oír ni ver lo que se dice de él; puede que sea una tradición sacada de la cultura grecolatina, judía o de nuestros ancestros afros.

El cantautor guineoecuatoriano, Efa Mba, tiene toda la razón cuando canta: ‘MBOT ASÉ MBURA MBOT EYONG ATÀ, MBOT ANE MBURA MBOT EYONG ANTÒ ÓYÖ; ÓYÖ ONE EKEKÉ, AÚ’ (la valía de una persona no se reconoce mientras vive sino cuando ya duerme eternamente, cuando ya está muerto). Todo lo que podemos decir ahora sobre el padre Rufo no sé si llega tarde, a quién se lo decimos y para qué sirve ahora que ya no está con nosotros, si ya no puede saber que no era cualquiera ni entre sus ex alumnos, sus discípulos músicos, sus postulantes, entre muchos de sus compañeros ni entre los feligreses de las parroquias por donde había pasado pero, como es costumbre nuestra de homenajear a los idos, el padre Rufo se merece todos los homenajes del mundo porque ha sido un ser especial, único; ha sido profeta pero no en su pueblo ni entre los suyos.

El padre Rufo fue un verdadero Hijo del Inmaculado Corazón de María, Cordis Mariae Filius (CMF); mamó desde pequeño el espíritu y el carisma del santo padre, San Antonio María Claret por eso su vida en toda su existencia ha sido un claro ejemplo de las palabras de Jesús en Lucas 10: 58 – 62 : “Los zorros tienen cuevas y los pájaros nidos, pero este Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. A otro le dijo: sígueme. Él respondió: permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre. Jesús le replicó: deja que los muertos entierren a sus muertos; tú, vete a anunciar por ahí el reino de Dios. Otro le dijo: te seguiré, Señor, pero déjame primero despedirme de mi familia. Jesús le contestó: el que echa mano al arado y sigue mirando hacia atrás, no vale para el Reino de Dios”. Esta forma de entender y vivir el Evangelio del padre Rufo hizo que fuera un incomprendido tanto por su familia biológica que no entendía cómo es que no les ayudara a tener casonas, abrirles negocios y promocionar a sus sobrinos, hermanos para que ocuparan puestos relevantes e hicieran grandes estudios y tampoco se ocupara de sus viejos y paupérrimos progenitores al igual que los demás; tampoco fue comprendido por sus hermanos de profesión que no entendían cómo es que el padre Rufo no tuviera apego ni al dinero, no se le conociera negocios, posesiones, ahorros ni vehículos lujosos ningunos; ni al poder, nunca se postuló a dirigir nada ni siquiera una comunidad, nunca se postuló a ser superior, no le gustaban los cargos; ni al esnobismo, el padre Rufo se le achacaba por su aspecto un tanto desarreglado; parecía como si no tuviera ni la ropa para cambiar. La moda, la vestimenta no le decía nada. El padre Rufo quiso vivir plenamente los votos perpetuos que en su día profesó como religioso: voto de obediencia, jamás se quejó públicamente por los destinos que sus superiores le fueron enviando aunque fueran absurdos e incomprensibles ya que él era uno de los activos con los que contaban los claretianos tanto por sus dotes musicales que hacían que la parroquia donde estuviera fuera concurrida, activa, dinámica y alegre, como su preparación académica; él sabía aceptablemente las lenguas clásicas, el latín y el griego, por lo que hacía necesario que se quedara permanentemente o en Bata o en Malabo donde habría elevado el nivel intelectual de los claretianos asimismo contribuir a la formación de la juventud; el voto de pobreza, sus propios sobrinos durante la misa funeral del martes 16/04 en la catedral de Bata lo dejaron claro, su familia biológica se quejaba mucho de él porque no les ayudaba económica y materialmente como los otros religiosos y sacerdotes hacen con sus familias. Al padre Rufo nunca le había importado la ostentación y el afán de poseer más bien, se reía de todo; fue un hombre sencillo, natural, honest; y en cuanto al voto de castidad si bien no se debe poner la mano en el fuego por los demás en una cuestión tan personal; no obstante, él ha sido un sacerdote de la ‘vieja escuela’; el padre Rufo se ha caracterizado por su discreción y su saber estar; no se le ha conocido escándalo alguno en el aspecto sexual o sentimental.

En definitiva, padre Rufo se había entregado en cuerpo y alma a llevar a Cristo allá donde estuviera y lo había hecho como mejor sabía hacerlo: con la música. Sobran palabras para comentar los muchos coros que había fundado o ayudado a fundar; cómo había hecho que muchos jóvenes se acercaran a los cultos y celebraciones eucarísticas principalmente para escuchar cantar los coros del padre Rufo; de la misma forma también llevaba a Jesús en su apostolado como docente. Él ha sido y era amigo de los jóvenes de verdad; siempre encontraba palabras alentadoras para todo aquel o aquella que le planteaba cualquier duda.

Su filosofía de vida alucinaba a propios y extraños; en un país en el que quien no corre, vuela; donde todo el mundo anda enfadado, ensimismado y tramando como ser el primer en todo, padre Rufo lo tomaba todo absolutamente con calma, se ponía de lado para que pasaran aquellos que tenían prisa; se parecía un monje de clausura por su parsimonia y calma con que tomaba las cosas; fue un compañero ideal en todas las comunidades donde estuvo destinado.

Todo ser humano tiene etapas que pasar: nace, crece, se desarrolla, se envejece y muere; en algunos casos suele haber contratiempos en algunas fases de esas etapas vitales. Los hay que sufren enfermedades, otros que la memoria, otros que ven frustradas sus espectativas, pero lo justo sería juzgar a las personas por lo que fueron e hicieron.

Quedémonos con lo que el padre Rufo aportó en vida a su congregación, la claretiana, a la juventud guineoecuatoriana, a la música sacra y popular y a la iglesia local en general. Ojalá yo hubiera tenido la ocasión de decirle en persona al padre Rufo que era un admirador suyo y darle las gracias por sus consejos, su forma de tomar la vida y por su contribución por una juventud guineana cualificada, por su música que nos hizo a muchos aumentar la fe en Dios.

Me parece una premonición que el padre Rufo se muera en el pórtico mismo de la Semana más Grande para todos los cristianos, en un Domingo de Ramos lo que indica que ese hombre no era cualquiera; muere como un bebé sin ruido y sin molestar a nadie. No sé qué pensáis vosotros; desde luego, yo pienso que el padre Rufo un hombre santo que posiblemente nació, vivió y ejerció en una sociedad que no está preparada para leer e interpretar signos y señales divinos; el padre Rufo y al igual que otros héroes y heroínas guineanos que viven en el anonimato han nacido en Sodoma y Gomorra. Los padres Rufos son seres transparentes e invisibles a los ojos de la población guineana, sólo hablan de ellos cuando ya no están. Descanse en paz, padre. Hasta siempre, GRANDE.

Así lo pienso y así lo digo; ¿ qué os parece?

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