¿Europa y los EEUU deben ser la policía del Mundo?

Por José Eugenio Nsue

Hay un dicho en nuestro refranero fang que dice: ‘NGUÈ KÚ EVOR ADANG NKOG ÑINÀA DZÀ AVUY NÁNÀ‘, algo así como: si la tortuga se ve incapaz de pasar sobre un tronco enorme de árbol, pone como excusa de que alguien está deshonrando la memoria de su madre.

Estos días estoy leyendo en las redes sociales opiniones a favor y en contra de la “intervención” militar o su intención en Venezuela para echar al demonio de Nicolás Maduro apoyando así a la oposición liderada por Juan Guaidó y Leopoldo López por parte de paisanos guineoecuatorianos y de otros países que padecemos la lacra de la dictadura. Los que están a favor de que EEUU, fundamentalmente, ayude a las oposiciones que luchan contra sus dictadores hasta utilizar la fuerza si fuese necesario, ven en esa ayuda un gesto de solidaridad internacional al igual que cuando ocurre una catástrofe, una epidemia, unas guerras étnicas o cuando el terrorismo asola algunos países; mientras que los que se oponen a las intervenciones occidentales en los conflictos tercermundistas, hablan de un abrazo del oso, de injerencias en los asuntos internos que no son de su incumbencia, de querer neocolonizar las excolonias y, sobre todo, denuncian que el occidente nunca ayuda desinteresadamente; cuando ayuda es para obtener beneficios además, sus últimas intervenciones armadas para echar del poder a dictadores y asesinos han sido un fiasco donde el remedio ha o está resultando peor que la enfermedad; verbigracia: Libia, Egipto, Irak…

Ante esa situación, mi postura es ecléctica. Es verdad que la ayuda en política y en muchas facetas de la vida nunca es desinteresada; cuando los Estados Unidos o la Europa comunitaria se prestan a ayudar a los países en conflicto o los que sufren brutales dictaduras lo hacen pensando primero y sobre todo en sus propios intereses y cuando apoyan a algunos opositores como Juan Guaidó, no siempre lo hacen con objetividad mirando ante todo el interés general del pueblo sino para intentar imponer alguien de su ideología que puede defender mejor los suyos; lo hacen gobiernos de derecha y también de izquierda. Por otra parte, si no lo hicieran, si dejaran de ayudar a la oposición que combate las criminales dictaduras, estas seguirían masacrando a sus pueblos y hundiéndolos cada vez en la más absoluta miseria; se trata de una cuestión humanitaria.

Todo el mundo ve cómo Venezuela, Siria, Guinea Ecuatorial, Malí, República Democrática del Congo, Sudán, Camerún, Gabón… se desangran en todos los aspectos; esperar a que la oposición de esos regímenes, alguna, paupérrima, pobre de solemnidad, se defienda sola y luche hasta la victoria final sin la intervención de Occidente es como rascar el cielo, imposible.

Lo que no podemos hacer es pedir auxilio a Occidente ante los grandes males en el mundo y cuando los sanguinarios y sátrapas de los países dictatoriales esquilman, torturan y avasallan a sus pueblos hasta ese mismo pueblo sale a la calle aclamar justicia, libertad y democracia como los venezolanos, libios, egipcios… y, a cambio son acribillados, masacrados. Nos debería dar vergüenza de tener una clase política incapaz de administrar equitativamente los recursos de sus países, de respetar la vida y derechos de sus ciudadanos y, por el colmo quiere eternizarse en el poder y convertir sus países en una especie de monarquías encubiertas en las cuales, el poder se convierte en una herencia que pasa de padres a hijos y donde una oligarquía de amiguetes, consortes y parientes hipotecan y controlan todas las riquezas y se convierten en poderes fácticos y tengan que venir los europeos y norteamericanos a recordarles que las personas deben vivir con dignidad y respeto.

Puede que haya cabezas pensantes entre la oposición en los países faltos de democracia, gente con ideas y convincentes con capacidad de desarrollar sus países pero qué pueden hacer frente a unas estructuras de hormigón que han construido los dictadores para no perder el poder y no avienen a la lógica sin la ayuda europea y norteamericana. Si hubiera instituciones y organismos internacionales dignos de ese nombre, que funcionaran y cumplieran su cometido, seguramente no se necesitaría ninguna intervención norteamericana en nuestros países pero, todos lamentablemente están podridos y son inservibles. La Unión Europea, la ONU, la Unión Africana, la Organización de los Estados Americanos (OEA), etc. son una entelequia, existen nominalmente; no tienen voz ni pintan nada porque están formados precisamente en parte por los países que no respetan ni los derechos ni la dignidad humanos. A nivel mundial no hay un liderazgo que sea capaz de llevar cordura al mundo; la Unión Europea está hecha añicos por falta de líderes; Estados Unidos igual y el señor Putin desordenándolo todo y aplicando el dicho: cuanto peor, mejor; China con su conquista económica mundial.

Los que padecemos los embistes de las crueles e inhumanas dictaduras no podemos ser como decimos los fang: ‘WÁ OKOT, WÁ ADJID, WÁ FÈ AYEBEGUE” (no se puede ser flaco, pesado y difícil de cargar a la vez. Hablando con unos jóvenes norteamericanos mormones que venían a ‘ colaborar’ con las clases de español cuando yo coordinaba las clases de español para extranjeros en una ONG, surgió ese tema de las intervenciones militares norteamericanas en todos los conflictos del mundo; les pregunté a qué se debía; me dijeron que América no puede ser la policía del mundo, que eran hijos e hijas de norteamericanos quienes morían en todos los conflictos que pasaban en el mundo y era dinero americano que se gastaba para garantizar o intentar garantizar la seguridad mundial y la defensa de los valores humanos desde la 2.ª Guerra mundial; como nadie lo intenta, por el bien, la seguridad y la supremacía de Norteamérica, ellos asumían ese coste porque la mejor defensa es el ataque.

Así que, como Jerry le dijo a la mamá de Trevor en la película ‘Cadena de favores’: “cuando uno ha estado en la calle durmiendo y cubriéndose con cartones y papeles de periódico y viene uno a ofrecerle una ayuda para salir de la mendicidad aunque fuera un niño, la acepto porque si sigo en la calle, me moriré”. Los norteamericanos son responsables de la mayoría de conflictos en el mundo; todos tienen en mente el famoso lema: ‘America first’ (América primero) pero, si vienen a nuestro socorro, aunque tengan segundas intenciones, yo sí lo acepto; la cuestión de que donde hayan ido a ayudar a expulsar a un dictador se quede peor que antes es culpa nuestra ya que no sabemos optimizar las ayudas que nos brindan. Tener que echar de menos a un dictador una vez que le hayan expulsado del poder, es un mal síntoma; quizás seamos todos pequeños dictadores intrínsecamente. Tenemos que hacérnoslo ver.

Así lo pienso y así lo digo; ¿ qué os parece?

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