Los buenos y malos guineoecuatorianos

Por José Eugenio Nsue

Me temo que el daño que los regímenes de los NGUEMA, el tío Mesie Nguema y el sobrino Obiang Nguema, han hecho en Guinea Ecuatorial es irreparable casi; va a costar sudor, sangre y mucha, muchísima lágrima reconstruir una sociedad decente, tolerante y justa porque por todos lados en el país se respira odio, rencor y las ganas de venganza se palpa por doquier. Admiro a aquellos ilusos paisanos que afirman que muerto el perro, se acabará la rabia; que la partida del rey de Akoakam será el fin de las angustias y desgracias del pueblo guineoecuatoriano cuando es evidente que Obiang no es una persona desgraciadamente, es un sistema implantado en el país y secundado lamentablemente por más de tres generaciones y se caracteriza por la desconfianza, la confrontación, el rencor, el odio, la traición, los envenenamientos y los asesinatos. Hasta ha calado entre los guineanos el lenguaje propio de ese régimen abominable que divide a los guineanos en buenos si son de los suyos y siguen sin rechistar las sabias orientaciones del monarca y malos si se oponen al régimen y piensan por sí mismos.

Entre los guineanos está habiendo un debate peligrosísimo: según donde residas eres un buen o mal guineano; si estás en el país, eres buen guineano porque estás aguantando las embestidas y atrocidades que acometen los humanoides del régimen del monarca de Akoakam contra la población; para los que piensan así, vivir en Guinea es un acto heroico, de valentía al alcance de muy pocos porque, según los mismos, quedarse fuera, vivir en Europa, América o en Asia es pan comido, es un privilegio porque por el simple hecho de estar fuera de Guinea, la vivienda, la comida, el transporte, los medicamentos, etc los tienes gratis. Es más, si no estás en Guinea, no sientes por tu país, no haces nada en beneficio del país y eres un cobarde y un proscrito; en definitiva, los que están o viven en Guinea son los valientes, los verdaderos hijos de Guinea que aman de verdad su país…

Los partidos políticos de la oposición interna se colocan las medallas y méritos en la lucha contra la dictadura no porque han conseguido algún logro ni porque se ven los resultados de su lucha por ningún lado sino porque reciben en propia carne el escarnio y las humillaciones del régimen; aquellos, bastantes, que estudiaron alguna carrera y otros que no pero que han regresado al país creen que es un Máster volver al país y es la demostración de amor a la patria, y no por conveniencia ni por unas espectativas profesionales de cada uno y empiezan a mirar con desdén a los que optaron por quedarse en el exilio que muchas veces tildan de cobardes, cómodos y privilegiados hasta llegan a negarles la legitimidad de hablar, opinar sobre los asuntos del país porque, para hacerlo había que estar in situ.

Resulta que, como dice el refrán fang: ‘BAÁ ŽUALE ŽAIÑ MÏMBÈN MIKOROG‘ (no se puede negar/ocultar el hambre cuando te adelgazan hasta las piernas), por un lado todo hace agua en el país, no hay nada que funciona medianamente; los que mandan hacen lo que les da la real gana (hasta se está hablando de un posible traspaso de poder de padre a hijo tal y como lo había planeado la familia real; otros hablan de que el monstruo se ha ido a llorar por la muerte de su hermanísimo en algún país amigo y estará ahí hasta que se consuele; increíble: esa familia es única; como nunca había tenido un luto igual, se permite desatender las prerrogativas que se le suponen por una cuestión personal. ¿Alguien tenía alguna duda de que el país era un coto familiar?); mientras todo eso pasa, los guineanos estamos tirándonos los trastos los unos contra los otros atribuyéndonos ser los buenos y tildando a los demás ser los malos. Por otro lado, el haber nacido en un país o ser hijos de padres y abuelos de un país determinado más que mérito es un derecho natural y, en todo caso, un don divino y nadie puede estar distribuyendo alegremente los carnés de buenos y malos a los nacidos nacionales porque no debe haber patriotas de primera, segunda ni de tercera; todos somos hijos e hijas de una misma nación llamada República Guinea Ecuatorial.

El ser buen o mal guineano no nos lo podemos atribuir los unos a los otros; en todo caso, deberían ser nuestras obras, nuestros comportamientos, nuestros actos y nuestras convicciones los indicadores y las señales del nivel de patriotismo de cada uno, quiénes defienden más y mejor el país y luchan por su desarrollo integral y para ello no debe importar el lugar en el que se está o vive cada uno. El vivir en el país no le convierte a uno automáticamente en un buen patriota, un responsable, ejemplar trabajador, digno y honorable paisano.

Como dijo Jesús: “por sus frutos los conoceréis” (Mt.7:15-20), lo que hace cada uno en la vida es por lo que se conoce; ¿ a caso un guineano que da conferencias por todo el mundo o da clases en alguna universidad, un instituto, un colegio; un médico o enfermero que trabaje en algún hospital; un economista que trabaje en algún organismo mundial; un sacerdote que ejerce fuera de Guinea o una empleada de hogar que da todo lo que puede para sacar adelante a los suyos no contribuyen por su país y no son buenos guineanos?

Da mucha pena oír de boca de los que han vivido o han estado en Europa afirmar cosas como si se regalase vidas fuera de Guinea, como si fuese fácil conseguir un trabajo digno, sacarse una carrera universitaria, criar y sacar adelante una familia y tener un digno hogar. Muchos que estuvieron fuera del país, que lo habían intento fé todos los modos absolutamente y hasta habían estado bordeando la ley, vuelven al país y los primeros en afirmar que es fácil vivir en el exterior.

Lo cierto es que algunos han preferido sacrificar sus carreras que tantos esfuerzos y sacrificios les había supuesto sacar por vivir con dignidad y convicciones antes de vender su honor por dinero o por cargos; otros han preferido luchar por sacar adelante a sus familias aceptando cualquier trabajo donde sea y como sea con tal de ser honorable; otros que entienden que se puede luchar contra la tiranía y la dictadura desde la libertad y no desde las mazmorras… y en todas esas elecciones y decisiones, lo que hay que hacer es respetarlas aunque no se comparta. Todos queremos a nuestro país aunque algunos lo quieren de alguna forma y otros, de otra. Debemos que el pueblo hable cuál quiere que sea su forma de país y para la vida, me quedo con las palabras de mi padre: ‘en la vida, la cuestión no es donde vives, sino como vives’.

Así lo pienso y así lo digo; ¿ qué os parece?

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Comentarios

    apocalipsis

    (mayo 28, 2019 - 2:14 pm)

    Bien dicho amigo…Por lo menos tu puedes desahogarte sin que te cuelguen los HUEVOS y te los revienten con tenazas; nostros vivimos el horror en carne propia; Hasta tal punto en el que la victima acaba enamorandose de su Verdugo. Eso es lo que nos ha tocado. Solo Dios puede librarnos. “hay in tiempo para todas las cosas” ECLESIASTES 3:1

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