El adiós del Rey Emérito Don Juan Carlos I y la ingratitud española

Por José Eugenio Nsue

Pero así son los hombres. Ingratos y siempre insatisfechos. Cuando los rechazan, odian porque los rechazan, y cuando se cede, odian también por alguna razón. O sin razón alguna” (David Herbert Lawrence).

El pasado domingo 2 de junio del presente año, Su Majestad el Rey emérito Don Juan Carlos I que había abdicado hace cinco años en favor de su hijo, Don Felipe VI, se despidió oficialmente de la vida pública; según los entendidos, significa que a partir de ahora deja de representar a la Corona en los actos oficiales. A mí humilde modo de ver las cosas, pienso que dicha despedida no se hizo como se merece la persona de Don Juan Carlos I; se debió de hacer con honores y reconocimientos y no de perfil bajo como se hizo, en una corrida de toros de San Fernando, Aranjuez, rodeado de su familia y acompañado por unos 9000 aficionados que sí le tributaron un sonoro y prolongado aplauso.

Desde mucho antes de su abdicación, su imagen, su fama y su familia estaban muy deterioradas y la Institución que representaba, la Monarquía, cuestionada, vituperada y vilipendiada. Las críticas hacia la Casa Real se basaban en los sonoros escándalos cometidos tanto por él mismo así como algunos miembros de dicha Casa, también según otros llevan pasta gansa y vivían a costa del erario público pero, resulta que leyendo por aquí, siguiendo los debates y las tertulias radio-televisados, las intervenciones de muchos políticos, escritores, historiadores veteranos y muy considerados de este país, todos afirman que sin la apuesta decidida de Don Juan Carlos I por la democracia, que fue a su vez apuesta personal del dictador el Generalísimo quien vetó al padre Juan Carlos I, Juan de Borbón, que tuvo que exiliarse en Portugal, le trajo a España con 10 años para formarle y prepararle como el futuro rey; y sin la aportación de Adolfo Suárez, el Cardenal Vicente Enrique Tarancón, fundamentalmente, España no habría conocido la Democracia. Los mismos cuentan que en 1975 era impensable que este país iba a conocer el nivel de democracia al que estamos conociendo hoy en día. 40 años después, los españoles hablan como si todos lucharan por la democracia y como si la consiguieran mediante esa lucha. Oyendo hablar a los españoles menores de 50 años, nadie diría que Francisco Franco Bahamonde murió en la cama con todos los honores de Jefe de Estado, como Caudillo tras más de 36 años de dictadura.

La ingratitud característica de muchos españoles me tiene alucinado; a pesar de que todos afirman que en toda la historia de este país milenario nunca había habido el nivel de democracia como el que tenemos ahora, el nivel de progreso y desarrollo económico no tiene parangón; el bienestar alcanzado y el nivel de las libertades es infinitamente incomprensible: España está integrada en todos los grandes Organismos internacionales, la UE, la OTAN, la OCD además de la ONU y es considerada como un Estado importante; es la decimocuarta economía mundial, la esperanza de vida media en España es una de las más altas del mundo 82/83 años…, gracias a los esfuerzos de esos hombres y mujeres que habían apostado por la unidad nacional, por el perdón y el entendimiento de todos los españoles y, sobre todo, gracias a la figura del Rey emérito Don Juan Carlos I, a la Casa Real, que es símbolo de la unidad nacional.

España es un país donde todo el mundo se equivoca menos yo; todos roban menos yo; los otros no han hecho nada sino nosotros. A pesar del aforismo según el cual: ‘un pueblo que no conoce su historia tiende a repetirla’; este país se ha caracterizado en autodestruirse, en menospreciar los unos a los otros, a no reconocer la labor ni la valía del adversario hasta que haya muerto; a no respetar a los mayores, a no tener ‘cuestiones de Estado’, hasta hay políticos nacionales que cuestionan el concepto de nación española. Adolfo Suárez volvió a ser noticia cuando yacía cadáver, en vida desde que abandonó la política nadie volvió a saber de él, un ninguneo total; los padres de la Constitución de 1978: Miguel Herrero, Gabriel Cisneros, Jordi Solé Tura, Misuel Roca, Manuel Fraga, José Pedro Pérez-Lorca y Gregorio Peces-Barba no hicieron nada porque la Constitución hace aguas por todos los lados y hay que cambiarla. Alfredo Pérez Rubalcaba hasta los suyos le negaban su condición de socialista, igual que el Cardenal Tarancón al que ninguneaban pero, una vez muertos se les reconocen su valor y símbolos de la unidad y de diálogo entre los españoles.

Todos los humanos tenemos aspectos positivos y otros, negativos; como personas, todos cometemos errores o pecados (el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra, dice el Señor) pero, reconocer o magnificar sólo los errores que uno haya podido cometer es de gente dañina, gente ingrata. El Rey emérito habrá podido cometer muchos errores como ser humano que es pero, por los servicios prestados por España en su conjunto, pienso que le debemos mucho más que los errores cometidos y deberíamos agradecérselo ahora que sigue con vida y no ante su féretro.

Otra cosa muy distinta es la psicosis que pasa en mi otro país, la República de Guinea Ecuatorial, donde casi toda la población se ha vuelto paranoica en el enardecimiento, exaltación y culto al asesino mayúsculo que Guinea ha conocido nunca según los testimonios de muchos de sus colaboradores, familiares y conocidos tal como el desgarrador ‘informe’ del malogrado Bonifacio Nguema Esono-Nchama (https://www.rafiomacuto.cl/2003/02/22/se-ofrece-bonifacio-nguema-esono-nchama-ex-vicepresidente-de-macias-y-ministro-de-asuntos-exteriores-de-entonces/).

Que todo un pueblo rinda culto a un monstruo que lo único que ha hecho en su larga existencia no ha sido más que sembrar muertes, destrucción, miseria en todos los hogares del país, como se vio el pasado miércoles donde los pobres ciudadanos y pueblerinos deambulaban por las siniestras calles y carreteras arriba y abajo como zombis, enfermizos y hambrientos preguntándose qué es lo que estamos haciendo aquí, adónde nos llevan mientras otros fantasmas, vestidos de gala, rodeando al vetusto monarca demostraban quién era capaz de hacer mayores payasadas.

Tengo una sugerencia para todos esos calzonazos que dicen y reafirman que el monstruo es el único hombre, es el salvador y sin él, no habrá vida; que mes hagan como en tiempos de Faraones: cuando se muera su “único hombre”, que les entierren en una misma fosa junto con sus esposas, hijos, contenedores de dinero, coches, todas sus pertenencias para así en el mundo de Osiris, siguieran idolatrando a su único hombre y vivir como lo están haciendo hasta ahora porque si se quedan, cuando se queden sin su Amo, no sé adónde van a esconderse; con qué caras mirarán a las personas y lo que es más, quién les va a seguir complaciendo para que pierdan la cabeza como uno de sus lameculos del miércoles. Sinvergüenzas.

Así lo pienso y así lo digo; ¿ qué os parece?

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