El fatídico día 3 de Agosto. Cualquier tiempo pasado fue mejor

Por José Eugenio Nsue.

Cada vez que llega esta fecha del Tres de agosto, me entra una angustia y unas ganas de llorar para no tirarme por un puente de rabia, frustración e impotencia que me embargan. Atrás quedan 40 años desperdiciados, perdidos; atrás quedan las esperanzas truncadas de vivir en una sociedad civilizada, justa y libre en tu tierra y rodeado de los tuyos y con los tuyos tras un rayo como la estrella fugaz que apareció en los cielos de la República de Guinea Ecuatorial tras otros once años de barbarie vividos anteriormente.

Sigo acordándome aquella madrugada del tres o cuatro de agosto, no recuerdo exactamente la fecha, como si fuera ayer; tenía unos 13 años; mi hermana y mis primos se habían ido a Yebecoan a bailar Eboloaza que se habían improvisado por el anuncio del derrocamiento del anterior sanguinario, el tío del actual por este; ellos, mi hermana y mis primos Cosme, Lino, Lorenzo…sí tenían unas edades que les permitían poder salir de noche y, según nos comentaron a la mañana siguiente, de repente se personó un puñal de soldados con semblante serio y cara de muy pocos amigos, pusieron a todos los que estaban en el baile y cantaban contra el sanguinario Macías Nguema en fila, posiblemente, para fusilarlos en el acto (eran los pocos soldados leales al ‘Tigre’ defenestrado que habían venido con él a ocultarse en casa del otro incondicional, el siniestro y tétrico Ndong Mba Owono, entonces alcalde, en Yenvam Be Mba Owono, Niefang); gracias a que el joven teniente leal a Macías salía con una chica de Mabewele Yebecoan y quiso salvar tanto a sus cuñados, suegros como al máximo de los conocidos como mi hermana que ahí se aglomeraron, paró la inminente ejecución y les fue mandando a casa a los ‘suyos’; entonces y por suerte llegó la facción militar de los golpistas disparando en el aire y ocupando el puente Mba de Mabewele; los pocos soldados pro Macías tuvieron que huir del lugar cruzando a nado el río. Aquella noche fue la más terrible y temible junto con el rato que pasamos en Kinshasa durante el pillaje y violaciones de los soldados mobutistas a los misioneros y religiosas en 1991 de mi vida; el cruce de los tiroteos, el estruendo de los cañones de los tanques, los destellos como relámpagos que iluminaban el oscuro cielo presagiaban un verdadero apocalipsis y nos sacaron de las camas y nos metimos debajo de las mismas hasta el amanecer. Y poco a poco algunos valientes iban saliendo de sus escondrijos y se asomaban por la calle queriendo saber lo que estaba pasando. Los primos Cosme y Lino se atrevieron a cruzar el puente y por sorpresa, se encontraron con mi tío Antonio Esiga (Antoine), sargento, ahora mutilado y abandonado en la más absoluta indigencia, les dijo que vinieran a llamarnos para pasar hacia la parte que ya controlaban porque Mabewele Esandón había quedado en medio del fuego cruzado entre el grupo de Macías y el grupo de la ‘liberación’ encabezado por Eulogio Oyó Riquesa (muerto y apartado), Santiago Bee Ayetebe (apartado), Melanio Ebendeng Nsomo, Florencio Maye Ela como oficiales que estuvieron al frente de la asonada. Nos quedamos en Eseng Mabewele durante tres días hasta que ocuparon la ciudad de Niefang no sin algo de resistencia.

¿Quién nos iba a decir que aquello que fue recibido como la salvación de lo que quedaba del pueblo para una vida mejor; aquellos que como mi padre habían estado años y años sin poder ver a sus hijos primogénitos porque se habían huido al extranjero y por ese motivo eran perseguidos, encarcelados y amenazados, iban a dedicarse a enterrarlos porque los iban a asesinar, torturar, etc una vez vueltos al país? ¿Quién podía imaginarse que cuarenta años después Guinea Ecuatorial iba a convertirse en un campo de concentración donde una oligarquía lo controla todo y somete al 90% de la población, la gente muere como moscas; las libertades brillan por su ausencia; más del 80% de la población vive en el umbral de la pobreza y en los barrios donde había vivido toda su vida sin ningunos servicios de saneamiento; Ñubili, Los Ángeles, Ela Nguema, Rebola, Basakato, Ngolo, Comandachina, Lea, Mbangan, Sanghai, Niefang, Mbini, Kogo, Evinayong, Acurenam, Micomiseng, Añisok, Ebebiyín, Mbalangun, etc están peor que hace 40 años y a no ser que algunos hayan tenido que emigrar y mandar remesas a sus familiares para que pudieran vivir con cierta dignidad? ¿Quién nos iba a decir que cuarenta años después cualquier extranjero está más considerado y goza de más privilegios que los nativos; ellos cobran 10 veces el salario de un guineano que tiene la dicha de trabajar. Que a estas alturas miles de guineanos con carreras universitarias van a estar deambulando por las ciudades de Malabo y Bata sin ninguna posibilidad de encontrar trabajo ni digno ni precario? ¿Quién nos iba a decir que a estas alturas no iba haber ni escuelas dignas ni institutos públicos decentes y competitivos a lo largo de los distritos nacionales; que los hospitales iban a ser verdaderos focos de infecciones y contagios de todo tipo de enfermedades por el lamentable estado de abandono en el que están?

Quisiera hacer un homenaje a todos los hijos y las hijas de nuestro país que han muerto durante esos cuarenta años de la segunda dictadura ya sea por asesinato, ya por unas enfermedades sobrevenidas por la mala vida impuesta por el régimen o por la violencia imperante para amedrentar e intimidar a la población; a todos aquellos que volvieron al país con la sana intención de contribuir por el bien y desarrollo del país. Si no fuera por la angustia y la tristeza que provoca la muerte en los familiares que se quedan, os diría que visto lo visto y vivido lo vivido, habéis perdido vuestras vidas pero no habéis perdido nada más, todo lo contrario, habéis evitado seguir aguantando esta miseria y sufriendo todo tipo de humillaciones e injusticias.

¡Cuánta razón tenía Jorge Manrique en la Copla por la muerte de su padre: “vive el seso e despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer; cómo, después de lo acordado, da dolor; cómo, nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”! Esta es la vida del guineano; como no digamos ‘basta ya’, seguiremos contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando. ¿El 3 de agosto? Que lo cargue el diablo.

Así lo digo y así lo pienso; ¿ qué os parece?

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