Nuestra primera noche

Fueron las caricias más sinceras y apetecibles que había recibido nunca.

Estaban riquísimas, continuas suaves…

No había sentido tanta magia y complicidad como aquella mañana primaveral.

No pude evitar ese anhelo que, sin querer queriendo, me estaba consumiendo lentamente y con gusto.

En un segundo tan veloz,
nos fundimos en nuestra propia excitación.
Las ansias de querer acabar aquello que era inevitable,
y justificable,
se hizo dueño y señor de nuestro ser.

Nuestros labios fueron acercándose despacio, lento, hasta sentir la calidez, el ardor.

Y los suspiros… (…)
Respuesta.

Los labios, se convirtieron maravillosamente en traductores sin idioma.
Empezamos a hacer infinidad de juegos,
aquello se convirtió en una hermosa batalla benditamente sin fin.

Ahí seguíamos alimentándonos
Devorándonos sin dejarnos nada.

Nuestras hermosas manos, empezaron a hacer una ruta, y gratis,
La anatomía nuestra, tan sabio él, dio una respuesta más agradecida.

El deseo era inminente,
las ansias de querer hacer maravillas era patente,
estábamos malditamente encantados.

Me llevé sus suspiros
él mis gemidos.

Ruth #VocesDeMiAlma

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