¿Se puede reconstruir la Guinea Ecuatorial?

Por José Eugenio Nsue

La esperanza puede ser poderosa. Tal vez no haya magia real en ella, pero cuando sabemos lo que deseamos y lo sostenemos como una luz en nuestro interior, podemos hacer que las cosas sucedan, casi como si fuera verdadera magia” (Laini Taylor).

Muchos paisanos, algunos con muy buenas intenciones y otros con el afán de justificar lo injustificable, de defender la barbarie que ha embargado nuestro país y tildar a los que comentamos, criticamos y reflexionamos sobre la realidad y la actualidad del mismo de radicales, negativistas, y enemigos de la patria; preguntan si se puede presentar proyectos, iniciativas, ideas y valores positivos para el país; en otras palabras, se puede y se debe vender el optimismo, la ilusión y la esperanza para los actuales y venideros moradores guineoecuatorianos.

Como se suele decir comúnmente, la esperanza es lo último que se debe perder; claro que hay esperanza para este país y hay motivos para creer que puede haber, tiene que haber, va a haber una Guinea Ecuatorial mejor primero, porque no hay imperio que dure cien años; segundo, porque a pesar del alto índice de mortandad infantil en el país por la nula política en materia sanitaria del régimen, sigue habiendo muchos nacimientos y siempre que haya vida ,habrá esperanza; y tercero, porque algunos guineoecuatorianos de bien hemos apostado, a pesar de todas las vicisitudes, en cultivarnos y sobre todo en mandar a nuestros descendientes a las escuelas, a la Formación Profesional y a las universidades y con ello estamos sembrando en tierra fértil con abonos de los mejores para que pronto, muy pronto, se puede cosechar excelentes frutos que van a levantar aquello.

Otra cosa es pedir o exigir que les demos fórmulas mágicas, ideas innovadoras, lecciones magistrales y propuestas constructivas a los humanoides que están haciendo estragos en las instituciones y en la magistratura del país.

A parte de que muchas eminencias y mentes preclaras nacidas en nuestro suelo patrio como Fernando Abaga Edjang (economista), Donato Ndongo – Biyogo (periodista, escritor e historiador), Francisco Ela Abeme (abogado), Fernando Esono Obiang (doctorando en derecho, constitucionalista y ex magistrado), Celestino Okenve Ndoh (profesor universitario, ingeniero de Telecomunicaciones, piloto civil), Eugenio Nkogo (catedrático de Filosofía), Samuel Mba Mombe (médico), así como algunos paisanos ilustres que se juegan sus vidas en el país y gracias a su saber estar, su presencia y su saber hacer (los abogados Ponciano y Fabián, Alfredo Okenve, Paysa Eló, etc) están dando verdaderas lecciones magistrales y testimonios in situ; han hablado por activa y por pasiva, han escrito en poesía y en prosa explicando cada uno desde su materia de cómo no hay que hacer las cosas y qué es lo que había que hacer para que el país no se vaya de culo (perdón), a la quiebra como va. Desde la década de 2010, por ejemplo, el economista Fernando Abaga Edjang ya estaba vaticinando lo que iba a suceder en Guinea si seguía aplicando las ‘políticas’ inútiles y ruinosas el gobierno del monarca de Akoakam; él predijo desde entonces la crisis del petróleo y sus nefastas consecuencias en el país. No digamos las advertencias de algunas formaciones políticas de la oposición seria en el mismo sentido… Todo eso ha caído en el saco roto en el seno de los mandatarios ecuatoguineanos como les gusta llamarse (afrancesados). Para el régimen Nguemista y todos sus colaboradores, todo lo que no sale de la boca y de los… del rey Obiang Nguema I que, para el país y para todos sus parroquianos y entusiastas, es el omnímodo, el todopoderoso, el sabelotodo, no tiene ninguna validez; ninguno de los que le secundan y colaboran con él sabe nada, son simples capataces que esperan instrucciones, “sabias orientaciones” para luego transmitirlas. Para los componentes del sindicato del crimen organizado del reino de Kalunga de la monarquía de Akoakam, cualquier opinión, toda idea que sale de boca de alguien que no forma parte del régimen no merece la pena tenerla en cuenta; son ideas de unos fracasados y muertos de hambre que están cacareando y vociferando por el mundo, errantes por las calles nacionales y cuando tienen la oportunidad los cogen y les cosen a palos, los torturan, los encarcelan y se mofan de ellos (que se lo pregunten a Alfredo, a Ramón Nsé, Paysa Eló, entre otros).

Esta es la purísima verdad de lo que ha estado y está pasando en el país o lo que queda de él. Lo que más entristece es ver cómo aquellos que uno creía sensatos, preparados intelectual y moralmente y con algunos principios, muchos cleros, profesionales, algunos de la sociedad civil…, hablan del régimen como si ese fuera de humanos, tratan de ser comprensivos y hasta justifican su obrar y nos piden que hagamos lo mismo, que aportemos remedios y fórmulas para salvar aquello.

Si todos los que pueden seguir utilizando sus facultades cognitivas nos diéramos cuenta de una vez que la situación que atraviesa nuestro país es insostenible en manos de los actuales dirigentes, y cada día que pasa a ir a peor por lo tanto,debemos y tenemos que actuar y hacer algo para evitar que el caos sea absoluto y tiene que ser tarea de todos.

Por nuestros comportamientos y actuaciones, los guineoecuatorianos nos hemos subdividido en tres grupos: el grupo de aquellos que tiraron la toalla desde un principio y se niegan a luchar por sus derechos, su único fin es esperar su hora de la muerte y hasta entonces, sobreviven y dicen pedir a Dios saben qué olvidando que Dios les hizo sin ellos, mas no los salvará sin ellos (a Dios rogando y con el mazo dando); otro grupo está formado por arribistas, aprovechadores, los que buscan arrimarse al árbol (régimen) les dé sombra para saciar sus apetencias y cumplir sus sueños como sea, prefieren soportar humillaciones, desprecios y burlas con tal de tener algo que llevarse a la boca y a sus casas; no quieren moverse para que nada cambie, no quieren oír hablar de defender ni luchar por los derechos civiles y humanos, muchos andan camuflados, otros cubiertos con pasamontañas para no ser conocidos y son muy obedientes a la dictadura; luego está el grupo de los ‘sin importa’, aquellos están decididos a morir pero con las botas puestas antes de someterse al régimen; como no pueden enfrentarse de tú a tú con la poderosa maquinaria sanguinaria de la monarquía por carecer de las mismas armas y medios económicos, algunos combaten las injusticias y atrocidades del régimen hablando en los audios o escribiendo o manifestándose sin tapujos en el exilio o en el interior del país para denunciar todas las tropelías que se cometen y para afear a los verdugos si tienen vergüenza. Lo que no puede ser es permanecer impasibles viendo cómo un grupúsculo oligárquico expolia, diezma y extermina a toda la población, de forma directa a todos los que osan disentirles, y de forma indirecta a los más vulnerables que son toda la población, es decir, todos aquellos que no tienen trabajo y los que trabajan pero cobran unos sueldos míseros que no pueden ocuparse de sus familias, aquellos que carecen de la sanidad y educación y no tienen quién mandarles fuera a curarse o a estudiar.

Claro que se puede reconstruir Guinea Ecuatorial; hay personas con capacidad y preparación contrastadas; hijos e hijas de este país muchos en el interior y otros tantos en el exterior listos para revertir esta situación llegado el momento pero, hasta que no se vaya esta banda de desalmados e inoperantes cualquier iniciativa, propuesta I idea constructiva que aportar ahora en este país, es una pérdida de tiempo porque el régimen del rey Obiang Nguema I es incapaz de usar la cabeza además de sembrar muertes, torturar, robar, en hacer algo constructivo y beneficioso para el país.

El horizonte 2020 que fue un eslogan en la década de los 2000 donde prometían a sus seguidores que sería el no va más para ellos porque tendrían todo lo que hace que una persona pueda vivir con dignidad, está a la vuelta de la esquina y los síntomas del desarrollo prometido se están palpando: cortes de agua, la poca que había, interminables; apagones monumentales, escasez de combustible apocalíptica. Todo esto está pasando en nuestro país y con nuestros seres queridos mas, como dice Ami Tan: “soñamos para tener esperanza. Dejar de soñar, bueno, eso es como decir que no se puede cambiar el destino“. No dejemos de soñar y actuar.

¡Bravo a los manifestantes de Londres de esta semana! Este es el camino y no hay vuelta atrás. Siempre adelante, hasta la victoria final.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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