Hablemos de política

Por José Eugenio Nsue

Cuando Aristóteles definió al hombre, persona, como ‘zoon politikón’, es decir, animal político fue porque entendía que los seres humanos éramos animales cívicos con capacidad para relacionarse, crear sociedades y organizar la vida en las ciudades (polis); no como erróneamente se entiende y se interpreta este término “político” en la República de Guinea Ecuatorial. Como gente civilizada y viviendo en sociedades igualmente civilizadas, todo ciudadano está llamado a interesarse por todo lo que ocurre a su alrededor y con sus semejantes, a opinar, proponer soluciones, y a participar en los asuntos de su ciudad; a poder elegir a sus representantes comunitarios y a ser elegido cuando se cree con capacidad de liderazgo, preparación intelectual y una conducta intachable moralmente. Por lo tanto, no solo hay que hablar de la política (asuntos que conciernen a todos los ciudadanos), sino también hay que participar en la política aunque en los países dictatoriales como el nuestro, Guinea Ecuatorial, ‘hacer política’ o ‘hablar de política’, se ha convertido en un delito gravísimo cuya condena puede llevar hasta la pena capital.

El saber popular suele sentenciar con absoluto acierto que no hay peor ciego, que el que no quiere ver mas, yo añado: el fanatismo, el dogmatismo y el partidismo empequeñecen y dejan obcecados a los que los abrazan.

No hace mucho, allá por el mes de julio, a raíz de una de mis reflexiones titulada: ‘Pedro Sánchez, un ganador ganado’, muchos me llamaron antisanchista, derechista, seguidor de VOX, etc sólo porque me había limitado a exponer lo que todo el mundo veía aunque muchos habían declinado hacer comentarios interesada o desinteresadamente. Me acuerdo que terminé aquellas reflexiones diciendo que no sabía si el doctor Sánchez iba a intentarlo de nuevo o no a ser investido presidente porque conociendo su grado de ambición desmesurado y su desfachatez, no me extrañaría que lo intentase una vez más. A juzgar por lo visto el martes 17 de los continentes tras el encuentro de los líderes y portavoces de las formaciones políticas con Su Majestad el Rey Felipe VI, me quedé corto en mi apreciación; resulta que al doctor Pedro Sánchez que es el que tenía más diputados, 123, aunque insuficientes para ser elegido Presidente del Gobierno, no le han importado los intereses generales de España, tampoco ha tenido en cuenta los intereses de su partido, el PSOE, ni el clamor popular de casi todos los españoles, agentes sociales, mercados financieros que le exigían que negociara un gobierno estable bien con sus socios naturales (Unidas Podemos y todos los nacionalistas y extremistas) que le hicieron llegar a la Moncloa a través de una moción de censura, o en su defecto y en beneficio de España, con Ciudadanos; en cambio, ha preferido llevarnos a otras elecciones en noviembre con tal de no compartir el poder y para seguir viviendo como hasta ahora, a cuerpo de rey en Moncloa sin hacer absolutamente nada (él mismo dice que, al estar en funciones, no puede hacer nada).

Nos lleva a unas nuevas elecciones porque su amigo el señor Redondo, director del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) le ha asegurado que con unas nuevas elecciones, él rozaría una mayoría absoluta. De esta forma, el doctor Sánchez tiene asegurado permanecer en el palacio de la Moncloa al menos hasta el año nuevo. Para conseguir su objetivo, no ha dudado en utilizar todos los recursos que su cargo, en funciones, le otorga: ruedas de prensa en el palacio presidencial, paseítos en aviones del Estado si no en helicópteros, gastarse el dinero de todos los españoles en medidas propagandísticas en forma de Reales Decretos para aprobar lo que su gobierno llama ‘medidas sociales’ y, a la vez, asfixia a las CCAA bloqueando los fondos que les corresponden; tampoco se le ha olvidado en ponerse su chaqueta camaleónica para torear con todos hasta salirse con la suya. Por un lado pacta con los nacionalistas independentistas ahí donde puede (Cataluña, Navarra, etc), pacta con Unidas Podemos (Aragón, Islas Canarias, Baleares…) pero, a nivel nacional se niega a coaligar con ellos llegando a afirmar que de haberlo hecho, o sea, formar un gobierno de coalición con sus socios de la moción de censura, no dormiría por las noches, tendría pesadillas al igual que el 95% de los españoles; ¿no habíamos quedado en que el PSOE y Unidas Podemos eran primos hermanos y tenían que ir de la mano? Ahora dice ser implacable frente a los independentistas catalanes y vascos cuando gracias a ellos hoy en día duerme plácidamente en la Moncloa; seguro que Iglesias, Rufián, Baldoví, Alberto Garzón… están arrepentidos por haber encumbrado a un ingrato que les está vacilando y mirando desde el balcón de su palacio presidencial diciéndoles lo que mi añorado padre nos decía en plan broma: “YE ONGÁ BO NVULU M’BENG NÈ NVULU AYE WA DJIMI; KÉ ONGÁ BO NVULU M’BENG NÈ NVULU ANE MOAN M’MANG”; traducido al cristiano sería algo así como: ¿a caso ayudaste a NVULU para que te devolviera el favor?; le ayudaste porque es playero (por ser superior, de la capital).

En definitiva, los políticos españoles y guineanos debían aplicar y leer al filósofo británico Jhon Langsaw Austin: ‘Quand dire, c’est faire‘; literalmente: cuando decir es hacer (Como hacer cosas con palabras). Estamos acostumbrados a escuchar de los políticos promesas, bellas palabras, proyectos ilusionantes de boca de esos pero, a la hora de la verdad (realidad), nada de nada: vamos a luchar contra la violencia machista mientras las mujeres siguen siendo asesinadas vergonzosamente; vamos a acabar con el empleo precario y con el paro juvenil; el paro aumenta y el empleo precario crece como siempre; vamos a terminar con los salarios miserables, y la gente sigue cobrando la misma miseria; vamos a regularizar los inmigrantes, esos no son una amenaza; ahora nadie quiere recibirlos, muchos son devueltos en caliente y no se dan permisos de residencia fuera de la ley de extranjería que no ha sido modificada desde hace mucho.

La clase política nuestra de la República de Guinea Ecuatorial es la leche. Cada cierto tiempo se presenta unos aventureros con la vitola de tener la fórmula mágica para acabar con el régimen e implantar la ansiada democracia en el país; hacen ruidos por las redes sociales, desprecian, insultan y descalifican a los anteriores y, al rato, se diluyen como azucarillos; hablan y hablan y hablan como en el régimen que lleva más de 40 años hablando sin resultados; todo va a peor. En la oposición, lo mismo; hablan y hablan y hablan pero, muy pocos lo hacen con criterio, con contenido y con consistencia. Esta semana se ha presentado una tal Genoveva Nchama despotricando a todo lo que se mueve; amenaza aquí, intimida allá h se presenta como la única impoluta, seria y capacitada para liderar la oposición pero nadie sabe cuál es su partido político, cuál es su currículum, dónde está su sede y con cuántos afiliados y seguidores cuenta ya ni digamos si tiene alguna ideología, cuál sería; ¿es de izquierdas o de derechas?, ¿ qué idea de Guinea tiene, qué propone a los guineanos? Resulta que viaja a España, se mete en todas las agrupaciones de la oposición guineana en el exilio y luego sale para decir al pueblo guineano que en España no hay oposición, nadie es serio, todos los opositores son unos cantamañanas y que el rey Obiang es el único que es único y muchos miembros del Sindicato del Crimen Organizado son más humanos y mejores que los opositores…; entonces, ¿qué nos recomienda la opositora Genoveva Nchama que nos adheriéramos al régimen o a ella? Si el rey Obiang es el que tiene que arbitrar y es el único, ¿por qué no va a militar en su partido y colaborar con su bagaje político y su saber hacer por una Guinea mejor; a qué se opone al régimen? Increíble.

Mientras todo eso pasa en la oposición guineana, aparece otro personaje, señor Luquito, en España para celebrar, dicen, su cumpleaños; parece que Guinea le ha quedado pequeño y no le dejan igualarse a su Amo. Ataviado con lino blanco de cabeza a pies y flanqueado por sus dos ‘midjua‘ igualmente vestidas de blanco, hay que ver el sentido de ridículo de algunos, exportar la poligamia y hacer ostentación de ello en Europa; escucha contoneándose como le atribuyen los mismos apelativos que los del monarca de Akoakam: ‘único hombre‘, ‘mejor hombre‘, ‘el gran hombre‘, ¿no habíamos quedado con que solo había un único hombre, un único gran hombre, un único mejor hombre en el reino de Kalunga? Esperemos que la osadía del mulatoide como le llama alguien no le acarree represalias a su vuelta al reino. Ay, cómo todos quieren parecerse al Amo y se mueren por ser como él.

Así lo pienso y así lo digo; ¿ qué os parece?

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