Acerca de las prioridades diplomáticas del dictador

Tras revelarse las facetas menos glamurosas de la escritora putativa Guillermina MOKUY OBONO, la designación para suceder a ANGUE ONDO habría recaído en Miguel EDJANG ANGUE, portavoz del PDGE en la cámara de los diputados, y allegado a la facción de la primera dama.

El relevo de la Sra. ANGUE ONDO, fiel entre los fieles al dictador, por una persona allegada a la primera dama, confirma la retirada progresiva del dictador a favor de su esposa y de su hijo NGUEMA OBIANG. Confirma por otra parte el presentido acuerdo político tejido por Constancia MANGUE con el clan de Mongomeyen (al que está afiliado el nuevo embajador) y el partido de Akonibe CI (la primera fulana justifica su odio a los de Mongomo y alega que su padre era oriundo de Akonibe). Lo cual constituía un secreto a voces desde que se barajara la implicación de la primera en todo en la tentativa de golpe de estado organizada por los de Mongomeyen en diciembre de 2017 (en la que están implicadas numerosas personalidades como la presidenta del senado, Teresa EFUA). Recordemos a tal efecto que la cooptación de los de Mongomeyen, para la asunción de los cargos más importantes de la administración, y del sector público en general, fue iniciada por el dictador en detrimento y para dividir al distrito de Mongomo. La alianza con dicho grupo (liderado por el defensor del pueblo Marcelino NGUEMA ONGUENE), y con el partido de Akonibe CI, constituye ahora la principal baza de la primera prostituta nacional para deshacerse de su marido.  

La designación del nuevo embajador (cuñado de Armengol ONDO NGUEMA y primo de Heriberto MEKO alias el murciélago) se integra por tanto en la iniciada campaña de afianzamiento diplomático de Teodoro NGUEMA OBIANG, sucesor designado del dictador, y de endurecimiento de la persecución de los opositores residentes en España.

Sin embargo, dichas designaciones no supondrán innovación alguna en la política de la dictadura en materia de relaciones internacionales, ejecutada esencialmente por elementos de la policía política (el mejor espécimen es sin duda EDU FORE) y cuyas prioridades se enmarcan en una línea de actuación claramente definida al margen de los lineamientos oficiales de la conferencia diplomática.

En pleno auge de la bonanza económica, la diplomacia del régimen dictatorial se asienta en un extravagante programa de visitas oficiales del dictador (que le ha llevado a veces a lugares insólitos de cuyo nombre no se acuerda), y se proyecta a través de una diseminación tentacular de legaciones diplomáticas y consulares por todo el mundo (Gabón, Camerún, Nigeria, Sao Tome, Centroáfrica, Chad, Benín, Ghana, Togo, Níger, Guinea Conakry, Costa de Marfil, Ruanda, Suráfrica, Mozambique, Zimbabue, Suazilandia, Marruecos, Túnez, Egipto, Israel, España, Portugal, Francia, Italia, Vaticano, Suiza, Bélgica, Alemania, Rusia, Turquía, India, China, Corea del Norte, Venezuela, Brasil, Cuba, Estados Unidos de América, etc).

La hiperactividad diplomática del dictador se proyecta igualmente a través de la participación o la organización de un sinfín de cumbres entre los países africanos y sus socios al desarrollo (Africa-ACP, Africa-países árabes, Africa-Turquía, Africa-China, Africa-India y recientemente Africa-Rusia), un protagonismo meramente protocolario al frente de organizaciones internacionales (presidencia de la Union Africana, presidencia del Comité de la Paz de la misma organización panafricana, membresía en el Consejo de Seguridad de la ONU, financiación del premio UNESCO OBIANG NGUEMA, etc), y la organización de numerosos eventos con relevancia mediática planetaria (dos veces el torneo de futbol panafricano CAN, partido amistoso de futbol entre el Nzalang nacional y la selección española LA ROJA, celebración de las reuniones de la ONG americana SULLIVAN en Malabo, financiación del carnaval de Río de Janeiro, celebración de un concierto de JULIO IGLESIAS en Sipopo, etc).

La referida hiperactividad diplomática del dictador no solo se antoja muy gravoso para el erario público, sino que persigue una finalidad preestablecida, cual es legitimar y dar una aparente respetabilidad a una de las más crueles y longevas dictaduras del planeta, permitiendo así la perpetuación de la represión política y del exterminio de los recursos de nuestro país.

Una diplomacia al servicio de la legitimación de la dictadura.

La irrupción de la visibilidad diplomática del régimen tiene por finalidad transmitir a la opinión nacional la sensación de legitimidad del dictador a nivel internacional (versus su balkanización real). Recíprocamente, su objeto es afianzar la imagen de un régimen democrático y estable. A resultas de lo cual se consigue que la comunidad internacional tienda a equipar amablemente el sometimiento de los guineanos a la represión dictatorial a una paz consensuada entre la dictadura y las fuerzas políticas de la oposición. Al deducirlo de la existencia formal de un marco de concertación entre el gobierno y la oposición, el llamado diálogo nacional entre el ex partido único PDGE y la miríada de partidos coaligados.

La comunidad internacional contribuye así, de manera involuntaria y por inducción del dictador, a contrarrestar el efecto de descrédito de los informes alarmantes emitidos regularmente por prestigiosos organismos internacionales de derechos humanos, como Amnistía Internacional y Human RightsWatch, y por el Comité de los derechos Humanos de las Naciones Unidas, sobre los efectos nefastos de un régimen dictatorial asentado sobre un constitucionalismo de apariencia.

Una diplomacia al servicio de la captación de inversores.

Desde el repentino empobrecimiento sobrevenido a consecuencia de su desastrosa gestión al frente del estado, y al objeto de captación de la inversión extranjera, la acción diplomática de legitimación implementada a favor del dictador se centra igualmente en la desinformación y ocultación de la realidad socio-económica y la extrema inseguridad jurídica que prevalece en el país. La cual merece a nuestro país las peores calificaciones en el ranking mundial de fiabilidad del entorno de los negocios (Doing Business).Una realidad caracterizada por la corrupción endémica y un sostenido endeudamiento, y por la incapacidad del estado de acometer las reformas necesarias para restablecer la confianza del FMI y de los operadores económicos.

Sin embargo, la comunidad internacional ha venido satisfaciéndose con la presentación macroeconómica ficticia elaborada por la llamada conferencia económica nacional, cuya tercera edición tuvo lugar recientemente, y cuyas conclusiones fueron invariablemente elogiosas hacía la gestión económica realizada por la dictadura. Es en realidad su único mérito, el de revelar la preocupación de la dictadura acerca de la percepción de la desastrosa política económica que acomete. Por cuanto en dicho ámbito la pretensión demagógica se enfrenta a la realidad documentada (en el precitado informe del FMI) y a la de la desafectación de la inversión extranjera en el país, patente en el sector petrolero, muy a pesar de la pantomímica campaña mediática que orquestra Gabriel OBIANG LIMA en foros internacionales.

El deber de redefinición de un nuevo paradigma en las relaciones diplomáticas con la dictadura.

No obstante lo expuesto, la perpetuación de la dictadura no es tan tributaria de la acción legitimadora de su diplomacia como de la propia naturaleza mercantilista de las relaciones entre los países occidentales y los estados africanos en general. Las empresas de los países occidentales requieren en efecto estabilidad (a cualquier precio) para extraer las materias primas y para preservar sus intereses económicos en África. No pueden por tanto condicionar sus relaciones comerciales con las dictaduras al respeto de los derechos humanos. Por esa poderosa razón y en aras de la propia prosperidad de sus países, los gobiernos occidentales tampoco pueden condicionar sus relaciones políticas con dictaduras al respeto de los derechos humanos o a las reglas de buena gobernanza. Antes bien seguirán adoptando una posición de ambigüedad en la denuncia de la vulneración de los derechos humanos, que tratarán de compensar con programas de cooperación al desarrollo, mediante asignación deinsignificantes fondos a proyectos con plusvalía social.

La reciente cumbre de la paz albergada en París, sobre el tema focal del multilateralismo diplomático constituye el marco de reafirmación del descrito repliegue diplomático europeo, que se afirma por oposición al espiritú de la Conferencia de La Baule liderada por François MITTERAND. Las nuevas élites europeas asumen sin complejos que lo que les importa es su propio bienestar y no el de los africanos, y que su relación con África depende únicamente  de la plusvalía que la misma pueda aportar a la calidad de vida de los europeos. Europa, encabezada por Francia, se propone a tal efecto dinamizar únicamente su diplomacia económica en África, ante el reforzamiento de la presencia china. En aplicación de ese axioma, el despliegue militar francés en África no responde a la necesidad afirmada de combatir el terrorismo o preservar la soberanía de los estados afectados, sino a la de proteger sus intereses económicos y geoestratégicos (las fuerzas conjuntas G5 SAHEL, las operaciones exteriores SERVAL y BARKHANE, no solo combaten el terrorismo yihadista sino que ante todo garantizan la explotación del uranio en Níger y del oro en Malí). 

Como ya afirmara el mismo presidente Emmanuel MACRON (líder de la juventud desacomplejada europea) durante una rueda de prensa concedida con ocasión de la cumbre G20 en Hamburgo, “los problemas de África son de orden civilizacional (entiéndase cultural) y no pueden resolverse mediante concesión de ayuda financiera o con la construcción de infraestructuras sanitarias o educacionales. Sus estados son fallidos, sus transiciones democráticas son extremadamente dificultosas, al igual que sus transiciones demográficas. Lo cual puede atajarse mediante una rigurosa gobernabilidad, la lucha contra la corrupción y una transición demográfica planificada”. Acciones que el líder de “La République en marche” encomienda a los mismos dictadores para asegurarse de que nunca se lleven a cabo. Como dicen los galos, à bon entendeur salut !

En conclusión, y ante el inmovilismo político de los mismos africanos, es triste constatar que la convergencia entre los intereses económicos de los países occidentales y el afán de perpetuación de las dictaduras conllevan la lenta deriva humanitaria de nuestro continente. En nuestro caso concreto, auguremos que la grave crisis económica y social que atraviesa nuestro país (insoluble sin reforma de las reglas de gobernanza) acabe alertando a los países occidentales y a la comunidad internacional en general, sobre la necesidad de un cambio de paradigma en las relaciones diplomáticas con los regímenes autocráticos como el que impera en nuestro país desde hace más de cuarenta años.

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