Bine caché

Por José Eugenio Nsue

Si os fijáis, los que seguís mi línea de reflexiones, os habréis dado cuenta de que yo me he cansado de hablar tanto de los que dicen que gobiernan, conducen el país que yo llamo ‘humanoides’ porque, para mí, nunca habían utilizado la cabeza para razonar, y para no aburrir a los pocos paisanos que sí están haciendo uso de su ‘cacumen’ como dice mi santa esposa; pero a la vez, me está costando callarme, pasar de lo que pasa en el país en el que yo nací primero porque la sangre tira; como dice Gloria Estefan: “la tierra donde uno nació, no se puede olvidar“; segundo, sigo teniendo familiares, amigos y compañeros de quienes estimo, admiro y quiero con toda mi alma; y en tercer lugar, porque humano y cristiano que soy, no hay manera de hacer oídos sordos, ni mirar hacia el otro lado cuando están padeciendo y pereciendo criaturas divinas de forma cruenta e injusta.

Estoy seguro que en Guinea Ecuatorial debe, a estas alturas, con un puñal de psiquiatras, psicólogos, sociólogos, antropólogos y estadísticos, expertos que pueden y deben decirnos qué es lo que nos está pasando a los guineoecuatorianos. No hay forma de hacer con los nuestros lo que en francés se dice: “éveiller les consciences“: despertar las conciencias a los pocos, poquísimos guineanos que quedan para que hagan algo por lo que está cayendo en el país ya que más vale tarde que nunca. Para los guineanos de la Guinea Ecuatorial tanto los que viven en el país como los que vivimos en el extranjero, nada de lo que en el país significa nada, no nos conmueve ni nos hace inmutarse; ¿ qué le importa al guineano hoy en día para que se despierte de su eterno letargo, se conmueva y actúe? Nos hemos acostumbrado a disparos contra inocentes, de niños que desaparecen en los alcantarillados o engullidos por las riadas, mujeres tiroteadas y asesinadas en sus propios domicilios, taxistas descabellados en sus autos, inundaciones en las ciudades sin que haya nada ni nadie para proteger a los vecinos, ‘delincuentes’ vejados y linchados por la una turba de descerebrados en pleno día y públicamente.

Un primo sacerdote me ha mandado un vídeo en el que un joven paisano treintañero entra en trance como el ‘patrón’, Tontorín, este tras tomar probablemente un barril de cervezas, al no saber ya qué hacer ni cómo seguir ingiriendo el alcohol, se cae al suelo y se rocía con la cerveza por todo el cuerpo mientras los ahí presentes aplauden y graban la escena como si se tratara de una actuación musical o teatral. Esta misma semana estamos viendo en las redes sociales de los guineanos un desgarrador testamento de uno de los matones y sicarios, un tal Pedro Owono (CHICOTE), a sueldo del régimen sanguinario del monarca de Akoakam; en él, arrepentido al parecer, relata cómo se orquestó y se ejecutó el asesinato de un súbdito francés, André BRANGER; quiénes fueron los ideólogos de ese macabro crimen (Manuel Nguema Mba, Armengol Ondo Nguema, entre otros), muchos de ellos siguen paseando impunemente por las alfombras rojas en todo el territorio nacional como si nada, es decir, el círculo más cercano del monarca, los que hacen que el régimen perpetúe in eternum, se dedica no a hacer que el pueblo guineano del que dicen servir (todo por mi país) viva próspero sino que confeccionan listas y ponen en la diana qué guineanos han de eliminar, hasta aquellos que están colaborando con ellos sin motivo alguno y sin causa que lo justifique; lo que significa que este régimen está sentado y se basa en la sangre humana, sangre de los inocentes; y a eso no les dice nada de los guineanos, todo lo contrario, van diciendo que: “BÍNE CACHÉ“, algo así como que: “somos los mejores o molamos”.

En un país donde ocurre todo lo descrito: asesinos vanagloriándose y paseando impunemente por todo el territorio nacional y copando altos cargos del Gobierno; jóvenes y no tan jóvenes borrachos haciendo el ridículo en los bares, calles y restaurantes; personas desnudas, encadenadas siendo lapidadas públicamente, ciudades enteras a oscuras por apagones inexplicables, escasez de agua potable en la puerta del famoso “horizonte 2020”, inundaciones en barrios enteros sin que nadie en la administración muestre un poco de empatía y solidaridad; ya no digamos gente que está sin trabajo, padres de familias que no saben qué dar a sus hijos y esposas; funcionarios que pasan hasta tres meses sin percibir sus menguos salarios; enfermos que mueren por falta por falta de atención y madres que no pueden matricular a sus hijos porque no tienen medios, etc; que vengan algunos vanagloriándose con que están paseando por todo el territorio nacional admirando el paisaje y lo bueno que es vivir en el país donde uno nació y no son capaces de ver lo que está pasando con los vecinos, sus conciudadanos, ni les conmueve tantas desgracias y penalidades, aquello simplemente dice de qué madera estamos hecho y cuál es nuestra catadura moral.

En la película ‘Mi nombre es Khan‘ que os recomiendo encarecidamente para entender ciertas cosas, la madre de Rizvan Khan le dice que en este mundo sólo hay dos tipos de personas: los que hacen el bien y los que hacen el mal, no hay más diferencia. En la República de Guinea Ecuatorial sólo hay dos tipos personas: los que hacen el bien o lo desean y los que hacen el mal o no les importa el sufrimiento ajeno, no hay otra diferencia.

Algunos piensan que los que hablamos, nos quejamos, lamentamos la suerte que están corriendo muchos paisanos dentro y fuera de Guinea es porque somos unos fracasados, resentidos o envidiosos. Nunca más lejos de la realidad, por lo menos para el suscribiente. Ni soy un fracasado, ni resentido ni mucho menos envidioso. Por suerte, gracia divina o por el esfuerzo personal, creo que vivo razonablemente bien: tengo una mujer genial en todos los sentidos, unos hijos además de preciosos, ejemplares; quizás lo que echo de menos es que lo mismo que vivo aquí gracias a mi trabajo desde que terminé de estudiar, pueda vivir igual en mi pueblo haciendo lo mismo, y que mis vástagos puedan visitar y ver donde nacieron sus progenitores; también echo de menos que no he podido ir enterar ni a mi madre, ni a mis hermanos, ni a mis sobrinos y amigos. Lo que me mueve para ser beligerante e inconformista es mi espíritu cristiano, claretiano y mi humanidad. No concibo una felicidad plena cuando mis semejantes, cercanos, lo están pasando canutas; no concibo vivir feliz en un pueblo donde todos comen una vez al día y mal mientras yo y mi familia comemos tres o cuatro veces al día, donde viva en una casona con agua y luz exclusivas mientras todos mis vecinos en chabolas y en condiciones infrahumanas; no puedo vivir en una sociedad donde mis hijos van al colegio instituto o universidad en un cochazo mientras que los demás hijos van andando bajo la lluvia o bajo un sol abrasador, no puedo; ¿quién puede decir lo mismo?

Así lo pienso y así lo digo; ¿ qué os parece?

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