La tortura no puede ser la regla, la educación sí

Por José Eugenio Nsue

Hay genios sin estudios e idiotas con doctorados. La verdadera sabiduría no la otorga un título, sino lo que has aprendido a lo largo de tu vida y la manera en como tratas a los demás” (Joseph Kapone, José Manuel Delgadillo Gautrín, Méjico, 1989 ).

Me he pasado muchos momentos queriendo saber cuándo, cómo y por qué los guineanos hemos perdido todo el bagaje cultural que nuestros progenitores nos habían inculcado y la iglesia católica nos había adoctrinado; qué ha pasado para que la insensibilidad, el odio, el rencor, la venganza, la agresividad, la maldad o la mentira hayan vuelto la forma de ser, el modo de vida nuestro.

Todos los que tenemos actualmente más de cuarenta y cinco tacos podemos afirmar y afirmamos que nuestros padres, los que tenían abuelos y tíos honestos, trabajadores, dignos y estaban en sus cabales, supieron transmitirnos aquellos valores que para ellos eran sagrados y hacían que la tribu, clan o la etnia de cada cual sintiera orgullosa de sus hijos e hijas; nos a ganarse la vida con nuestro esfuerzo, a ser leales, a no mentir ni apropiarse de lo ajeno, a ir por la vida siempre con la cabeza bien alta y no cabizbajo y procurar no tener nada de que avergonzarse; a respetar a los mayores sean o no parientes, a todas las mujeres como si fueran nuestras madres, abuelas, tías o hermanas; nos enseñaron a respetar siempre lo ajeno y a tener una conducta intachable ya que: CHID ENE AYÉNE DÁ, MOAN MBOT ANE MEYÉNE ME BIAÑ (se tropieza una vez con un animal, pero a la persona se le tropieza dos veces), lo que significaba que según como te comportabas con y entre la gente allá donde fueras, si era errática, te volverán a ver y pasarás vergüenza y avergonzarás a los tuyos por lo tanto, había que procurar ser un buen ejemplo, ser un orgullo de tu familia y hacer valer los apellidos que se lleva; cada uno representaba el buen o mal nombre de sus padres.

Los misioneros igualmente nos trajeron una moral y una ética cristianas cuyas virtudes venían a poner la guinda a la educación en valores que ya habíamos recibido de nuestras familias; nos hablaron de los Mandamientos de la Ley de Dios: no matar, no robar, no dar falsos testimonios ni mentir, no desear ni a las mujeres, ni a los hombres, ni los bienes ajenos, honrar a tus padres, amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo…; nos hablaron de las virtudes teologales (hábitos que Dios infunde en la inteligencia y en la voluntad del hombre para ordenar sus acciones a Dios mismo): la fe, la esperanza y la caridad; nos hablaron de las Obras de misericordia corporales (visitar y cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, readmitir al cautivo y enterrar a los muertos) y espirituales (enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que yerra, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos de los demás y rezar/orar a Dios por vivos y muertos). Nos recordaron los misioneros siempre uno de los mejores aforismos de Jesús en el Evangelio de San Mateo, 7,7-12: ‘tratad a los demás como queréis que ellos os traten’.

Entonces, ¿cómo es que con esos bagajes cultural y espiritual, tradicional y eclesiástico gracias a nuestros padres y a los misioneros, nos hemos vuelto lo que somos hoy los guineanos: criminales, crueles, soberbios, ladrones, insensibles y egoístas? ¿ Qué nos ha pasado para que nos hayamos acostumbrado, participemos y asistamos como un deporte nacional a los linchamientos, torturas, vejaciones, asesinatos públicos de guineanos a otros guineanos sin que a nadie le importase y sin que nadie hiciese nada?

De lo que va de este año nuevo de apenas una decena de días, los vídeos en los que se ve como unos verdugos y matones apalean a las personas atadas de manos en los postes mientras los vecinos (niños, jóvenes y adultos) contemplan impasibles cuan una función teatral o unos juegos olímpicos; antes, en el último mes del año pasado también veíamos cómo unas manadas de niñatas pegaban y cosían a palos a unas niñas en plena luz del día en lugares concurridos y en una callejuela de un barriocucho capitalino a la vista de los vecinos que se asomaban en sus casuchas sin que nadie pudiese intervenir ni para separar, ni para defender a las menores agredidas, ni mucho menos para avisar a la mal llamada policía, se han multiplicado en las redes sociales.

En un país donde hay más iglesias que escuelas; es curioso que algunos prebostes de este régimen que tienen dinero por castigo prefieren construir iglesias particulares en sus pueblos sin permisos apostólicos, seguramente, en vez de construir o reformar las escuelas para que los niños puedan formarse; en un país donde el 98 % de la población se declaran creyentes, católicos, y practicantes; donde las Iglesias se llenan cada domingo de guineanos y guineanas que comulgan, escuchan la Palabra de Dios y las homilías de los predicadores, encargan misas millonarias para ganarse el ¿¿cielo??, ¿cómo se puede llegar a este nivel de inhumanidad? ¿Qué nos ha pasado los guineanos de más de cuarenta y cinco años? ¿Realmente podemos seguir culpando a las dictaduras de los Nguema de nuestra falta de humanidad, de nuestro instinto asesino y de nuestra moral indigna; seguro?

Ya me estoy convenciendo de que lo nuestro, nuestra apatía, nuestra indiferencia ante el sufrimiento ajeno y hasta propio, nuestra insensibilidad y nuestra predisposición a hacer daño, a matar no viene de nadie más que de nosotros mismos porque no podemos, los cincuentones, seguir culpando a los demás por nuestras conductas impropias, ni por no haber educado a nuestros hijos y transmitirles lo que nuestros padres nos transmitieron, y eso que fueron pueblerinos y analfabetos, la inmensa mayoría de ellos.

La dignidad humana debe prevalecer, la cordura y el sentido común han de regresar a nuestro país. La familia real de Akoakam no manda a nadie que vaya a hacer daño a los de su pueblo, a sus prójimos ni a los forasteros, tampoco ha cesado a nadie jamás porque estuviera el bien a la gente; otra cosa es que los que han tomado la licencia para matar, torturar, chivar, traicionar son premiados con ascensos, cargos, etc.

Como decía José Martí, ‘el primer deber de un hombre es pensar por sí mismo‘. En este 2020, es hora de que los guineoecuatorianos pensemos en lo que estamos haciendo para que nuestra sociedad siga como está o tome otro rumbo, otro cariz, el de una sociedad civilizada y humanitaria.

Así lo pienso y así lo digo; ¿ qué os parece?

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