La dignidad es la esencia de la persona

Por José Eugenio Nsué

Mejor morir de pie que vivir una vida arrodillado“(Emilio Zapata, Méjico 1879 – 1919).

He querido empezar estas reflexiones sobre el tema o la cuestión de la dignidad humana con esta frase atribuida al revolucionario mejicano, don Emiliano Zapata, que resume brillantemente la actitud que debería tener cualquier persona que se precie mínimamente cuando se ve amenazada su ‘dignidad’ ya que, una vida indigna es como vivir permanentemente arrodillado, humillado, ultrajado.

En efecto, cuando hablamos de la dignidad humana, estamos hablando como lo define Fernando Guevara-Riera en su artículo en Entre Paréntesis, De la Dignidad Humana: “la dignidad humana es un valor inherente a nuestra condición de seres humanos que supone ser reconocidos como iguales por parte de las instituciones y por parte de todos los integrantes de la sociedad, sean estos allegados o no. Supone ser respetados y valorados íntegramente en sociedad sin distinción de color de piel, género, origen étnico, condición social u orientación sexual. Autonomía, Libertad y Responsabilidad son los valores inalienables que sustentan nuestra dignidad humana y, por ello, ésta no es transferible, ni vendible, ni negociable; constituye nuestro valor más íntimo y nuestro legado más originario para las generaciones presentes y futuras”.

Toda persona de la condición que sea debe gozar de una AUTONOMÍA, es decir, capacidad de los sujetos de derecho para establecer reglas de conducta para sí mismos y en sus relaciones con los demás dentro de los límites que la ley señala sin depender de nadie más que esta. Resulta que el guineano ha sido despojado de esta condición de ser ‘autónomos’ desde la colonización española de más de dos siglos; por eso lucharon por la independencia para poder vivir y gozar de una autonomía, ¿ qué pasó después del acceso a la independencia?, que hemos pasado de la guatemala a guatapeor; de la poca autonomía que nos concedían los colonos, hemos pasado a la nula autonomía; ahora le dice al guineano cómo tiene que ir vestido al trabajo, a qué ideología creer y aceptar, quién tiene que trabajar y quién no, cómo tiene que vivir… y así se han acostumbrado a vivir como borregos sin rechistar, ni siquiera saben que tienen ese derecho inalienable.

Toda persona debe gozar y vivir en LIBERTAD, que es la facultad natural que tiene el hombre, la persona de obrar de una manera u otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. El estado de libertad define la situación, circunstancias o condiciones de quien no es esclavo, ni sujeto, ni impuesto al deseo de otros de forma coercitiva lo que incluye todo tipo de libertades, desde la libertad de expresión, de movimiento, de religión, ideología hasta de la orientación sexual. En cambio, en Guinea Ecuatorial, el 99% de la población vive privado de toda clase de libertad, es cautiva; los guineanos no podemos expresar libremente lo que pensamos, militar o defender abiertamente nuestras ideologías políticas; nos obligan a cantar y a ir a recibir y a aplaudir a quienes ni queremos ni los hemos votado; hasta nos niegan a viajar donde, como, cuando queremos; y nos hemos acostumbrado a vivir como prisioneros en nuestro propio país.

Toda persona tiene el deber de responder por sus actos y de asumir RESPONSABILIDADES voluntaria y libremente; no se puede actuar siempre por encargo, por coacción ni por miedo ya sea para obtener algún beneficio en forma de cargos, ascensos o alguna prebenda como se hace generalmente en el país; de esta manera, muy pocos guineanos se sienten responsables, son conscientes y orgullosos de sus actos; la inmensa mayoría actúa irresponsablemente y de forma indigna a sabiendas.

La dignidad humana a pesar de ser un valor inherente a la condición humana, al igual que todos los derechos humanos, se conquista y, hablar de ‘ conquista’ es hablar de luchar, de pelear…; nunca jamás una sociedad, una nación, un país ha sido liberado sin la lucha; tampoco los colectivos humanos vulnerables han alcanzado sus derechos sin haber luchado. Ya son muchos años en los que los guineoecuatorianos vivimos arrodillados, despojados de todo tipo de dignidad, humillados; ya hemos acomodado nuestras vidas a la indignidad simplemente porque hemos creído que los DERECHOS HUMANOS se conceden, son unos dones que alguien, el gobernante otorga a cada uno a su conveniencia; que son como los víveres que los desalmados dictadores de la monarquía nguemista van repartiendo en algunos pueblos, los suyos y de sus familiares en algunas fiestas; craso error. Los derechos se conquistan y un Estado de derecho los garantiza a través de leyes y políticas que humanizan; cuando nos los quieren cercenar como es el caso de los regímenes diabólicos de la familia diabólica que mal gobierna el país desde hace de diez lustros, no puede caber otra reacción, otra actitud más que la lucha y la exigencia para que nos respeten. Vivir sin dignidad no es vida, es supervivencia y no se puede pasar toda la vida sobreviviendo, es hora que el guineano, los guineanos digamos BASTA YA DE VIVIR HUMILLADOS, BASTA DE VIVIR SOMETIDOS Y BASTA DE TRATOS DEGRADANTES; somos personas que sentimos, nos queremos y queremos a nuestros hijos y a todos los seres queridos y exigimos que se nos traten con dignidad.

No se trata de coger armas, ni de usar la violencia gratuita. Una desobediencia civil es más que suficiente, una manifestación pacífica y pasiva cambia hasta regímenes; por ejemplo, si todos los profesores y maestros, o la mayoría de estos se nieguen llevar un uniforme impuesto como los judíos en los centros de concentración nazis y prefieran quedarse en sus casas antes de que les paguen una miseria; o que los sanitarios se nieguen a dejar morir a los pacientes si estos no pagan antes, los militares y policías… desobescan a las órdenes inconstitucionales e inhumanas; si los aldeanos, padres de familia y el pueblo en general se nieguen a ir a esperar y a escuchar las tonterías y bobadas que el monarca de Akoakam y sus lacayos exhalan con un sol abrasador y bajo unas lluvias torrenciales hambrientos, negar igualmente que sus hijas, mujeres o hermanas sean violadas y prostituidas; si los pocos guineanos que trabajan sin cobrar regularmente o son pagados con sueldos míseros se nieguen a seguir trabajando en estas condiciones y se quedan en sus casas, sería imposible que el régimen matase o metiera en la cárcel a todos esos colectivos.

Como se dice popularmente, quien calla, otorga; lo que nos pasa a los guineanos, el desprecio y ninguneo que el régimen sanguinario del rey Obiang Nguema I nos muestra y trata es culpa nuestra porque no estamos haciendo nada para que se nos respete. Un ejemplo es lo que estamos viendo estos días; no hace dos años que murieron ocho niños de una misma familia en un desgraciado encendido evitable en un barriocucho de Malabo (Campo Yaunde o Ñubili); entonces no se vio ni muestra de solidaridad, ni consternación hacia la familia afligida ni por parte del Gobierno, el Sindicato del Crimen Organizado (PDGE), ni por parte de la banca ni de la población en general; se ha incendiado misteriosamente la Catedral de Malabo como su supuesta reforma misteriosa que aducen que querían acometer, inmediatamente se ha puesto en marcha la máquina propagandística del régimen para pedir aportaciones y donaciones para la reconstrucción de la Catedral, como si les importase un pimiento. Para este régimen, la dignidad humana no vale nada pero sí la ostentación y el materialismo. Como decía José Saramago, “la dignidad no tiene precio. Cuando alguien comienza a dar pequeñas concesiones, al final, la vida pierde sentido“, las vidas de los guineoecuatorianos perdieron su sentido desde hace más de cincuenta años, y depende de nosotros hacer que vuelva a tener sentido; que este sea nuestro objetivo para este 2020.

Así lo pienso y así lo digo; ¿ qué os parece?

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